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SOBRE LA CIUDAD

Pekín se ha embarcado en un vertiginoso viaje hacia el nuevo milenio, que deja atrás la típica imagen de revolucionarios maoístas envueltos en túnicas abotonadas y grupos de trabajadores practicando tai-chi en la plaza de Tiananmen. En la actualidad, los jóvenes pequineses están más pendientes del canal musical de televisión MTV que de Mao; los retóricos eslóganes de la Revolución Cultural han dado paso a frases en inglés, estampadas en modelos de camisetas copiadas de Occidente; y, en la ciudad, invadida por los teléfonos móviles, los burócratas se mezclan con expatriados, turistas e inversionistas extranjeros.

Los edificios antiguos y hutongs se demuelen a diario y se construyen otros nuevos en su lugar; lo pequeño deja paso a lo grande, y lo grande a lo gigantesco. Pero este estilo de vida acelerado y frenético no gusta a todos: los viejos camaradas se quejan de la arrogancia de la juventud y de la pérdida de valores. Sin embargo, nada parece indicar que por ahora la capital de la República Popular China vaya a frenar su ritmo.

¿CUÁNDO IR?

En Pekín, el verano (de junio a agosto) es temporada alta, una época en la que normalmente los hoteles incrementan sus tarifas y la Gran Muralla corre el peligro de derrumbarse bajo el peso de los miles de turistas que la visitan. El clima más agradable se disfruta durante el otoño, entre septiembre y noviembre, estación en la que, además, el flujo de visitantes es menor. La primavera no es una buena época para visitar la ciudad, ya que, aunque hay pocos turistas, hace mucho viento y se levanta mucho polvo; durante el invierno, la ciudad prácticamente no recibe visitantes y los hoteles ofrecen grandes descuentos, pero no hay que olvidar las frías temperaturas que se registran. Durante la celebración del Año Nuevo chino, en enero o febrero, la ciudad se llena de turistas.

FIESTAS Y CELEBRACIONES


El Año Nuevo Chino o Festival de Primavera, comienza el primer día de la primera luna, según el calendario lunar tradicional. Oficialmente dura tan sólo tres días, pero muchos ciudadanos se toman una semana libre. Probablemente la fecha en la que Pekín luce en todo su esplendor es el día 1 de mayo, cuando se celebra el Día del trabajo, en el que toda la ciudad se decora con flores, especialmente la plaza de Tiananmen.

La celebración del Festival de los faroles, el decimoquinto día de la primera luna, es también un buen momento para visitar Pekín y admirar a los transeúntes que pasean de noche por las calles portando faroles de papel de colores. El Día del barrido de tumbas se rinde culto a los antepasados; se visitan y limpian las tumbas de los más seres más queridos y se quema "dinero fantasma" para que el fallecido lo utilice en el otro mundo. La mayoría de los años esta fecha cae el día 5 de abril del calendario gregoriano, 4 de abril en los años bisiestos. El Festival de mediados de otoño, también conocido como Festival de la Luna, se celebra el decimoquinto día del mes octavo, y es la época para degustar los exquisitos pasteles de luna.

¿QUÉ VER?

Ciudad Prohibida
La Ciudad Prohibida, cuyo acceso estuvo restringido a la mayor parte del mundo durante quinientos años, es uno de los conjuntos de edificios antiguos más grandes y mejor conservados del país. Aunque en la actualidad les tienen permitido el acceso a todos los ciudadanos o hoi polloi (literalmente, "cientos de apellidos"), sus dueños originales, los emperadores de las dinastías Ming y Qing, se aislaron en ella manteniendo con el pueblo una estricta comunicación unilateral. Así, eran los eunucos y otros poderosos oficiales de la Corte los que entregaban a los campesinos del otro lado del muro las autorizaciones reales procedentes del centro neurálgico del país.

El mundo de bellas concubinas y emperadores priapitos, de eunucos y riqueza ostentosa todavía ronda en los exuberantes jardines, patios, pabellones y amplias salas del palacio. La mayoría de los edificios, posteriores al siglo XVIII, han ido sufriendo un deterioro reiterado debido a la celebración de festivales de faroles y a los vientos del Gobi, a la invasión de los Manchúes y, más recientemente, al pillaje y saqueo tanto de las fuerzas japonesas como del partido Kuomintang. Un equipo permanente de restauración tardaría diez años en renovar sus 720.000 m2, 800 edificios y 9,000 salas.

Palacio de verano
El Palacio de verano, con sus fuentes, jardines y colinas, fue el lugar elegido por los emperadores y emperatrices viudas para pasar sus vacaciones. Durante la segunda Guerra del Opio (1860), sufrió grandes daños a mano de las tropas anglo-francesas, y su restauración se convirtió en el proyecto principal de la emperatriz viuda Cixi, la última de los gobernantes de la dinastía Qing. Los fondos destinados a la construcción de una moderna flota fueron desviados hacia este proyecto, pero irónicamente lo único que se finalizó de la restauración fue un barco de mármol que, en la actualidad, yace a orillas del lago en su inmóvil gloria no militar. La desintegración de la dinastía Qing y la rebelión de la sociedad secreta de los boxeadores impidieron que se completara la restauración del palacio.

Durante el verano, el lugar se llena de visitantes procedentes de Pekín que quieren disfrutar al máximo del lago Kunming, que ocupa tres cuartas partes del parque. El edificio principal del palacio es el conocido con el lírico nombre de Sala de la benevolencia y la longevidad; en la costa norte se extiende el Corredor largo, llamado así por sus 700 m de longitud, decorados con pinturas y escenas míticas. Muchas de ellas presentan un aspecto reciente debido a que fueron realizadas durante la Revolución Cultural.

Plaza de Tiananmen
Emplazada en el corazón de Pekín y marcada para siempre por el recuerdo de los acontecimientos, la plaza de Tiananmen es un extenso desierto empedrado, con cabinas fotográficas. Aunque ya en los días del imperio constituía un lugar de encuentro y albergaba las oficinas gubernamentales, la plaza es una creación de Mao Tse-Tung, al igual que la calle que conduce a ella, Chang'an Jie. Durante la Revolución Cultural, se celebraron en ella los mítines más importantes, en los que Mao, con un brazalete de la Guardia Roja, supervisaba los desfiles, formados a veces por un millón de personas. En 1976, se produjo otra concentración multitudinaria en la plaza con motivo de la muerte de Mao, a la que los ciudadanos acudieron para presentarle sus últimos respetos. En 1989, se desarrollaron los tristes acontecimientos en los que los soldados y tanques del gobierno disolvieron de forma brutal las manifestaciones en favor de la democracia.

En la actualidad, la plaza se llena de ciudadanos que dan paseos, hacen volar cometas o compran globos a sus hijos. A su alrededor se levanta una mezcla de monumentos antiguos y actuales: Tiananmen (la puerta a la paz divina), el Museo de Historia de la Revolución china, la Gran Sala del pueblo, Qianmen (la puerta principal), el Mausoleo de Mao, donde se pueden adquirir recuerdos de Mao e incluso ver su cuerpo, siempre que no hayan retocado recientemente su maquillaje mortuorio, y el Monumento a los héroes del pueblo.

Tiantan Park
El parque Tiantan es un elemento tan valioso que ensombrece el resto de la ciudad. Su arquitectura clásica Ming le confiere un alto valor simbólico; su nombre ha sido utilizado, además, por varias marcas de productos muy variados, desde bálsamo de tigre a accesorios de fontanería, a la vez que ha servido de ilustración en gran cantidad de publicaciones turísticas. El parque se extiende en una superficie de 267 hectáreas; consta de cuatro puertas de entrada, situadas en los puntos cardinales, y murallas en la parte norte y este. Su función original era servir de escenario a rituales y ritos solemnes.

Todos los edificios del parque, incluidos el Altar redondo, la Bóveda imperial del cielo y la Sala de plegarias de las buenas cosechas, representan las conversaciones palpables entre los dioses y los mortales. Los edificios han sido ideados en detalle como himnos triunfales en honor de antiguos dioses y creencias. En su construcción original desempeñan un papel importante el fengshui, la numerología, la cosmología y la religión; el resultado es una impresionante representación de dios en la arquitectura y del diablo en el detalle. El parque sigue siendo un lugar de encuentro, en el que muchos habitantes de Pekín comienzan el día con la práctica del tai-chi, la danza o algún juego. Sobre las nueve de la mañana, el parque vuelve a su estado natural, por lo que hay que pasarse temprano para ver la actividad de los pequineses antes del desayuno.

La Gran Muralla china
La Gran Muralla ha sufrido varias restauraciones a lo largo de su historia. La construcción original, realizada por la dinastía Qing hace 2,000 años, simbolizaba la advertencia de "Prohibido el paso" dirigida a los reinos vecinos. Durante los siglos posteriores, quedó abandonada y olvidada hasta que, en el siglo XVIII, los europeos, fascinados por el progreso y el artificio, le añadieron el adjetivo de "gran" y se dedicaron a admirar la capacidad del hombre para realizar construcciones descomunales. Hoy en día, constituye una atracción turística, mitad maravilla del mundo y mitad construcción cursi. A pesar de que para muchos no es más que una muralla, los chinos se muestran perplejos y tolerantes tanto ante ella como ante los extranjeros que acuden a admirarla. Los campesinos de las zonas rurales la conocen con el nombre menos mágico de "frontera antigua".

La mayoría de los visitantes acceden a la muralla por Badaling, junto a los grupos de turistas, vendedores y mercaderes de budas recostados con bombillas incrustadas en la boca. Para disfrutar de la muralla, pero lejos de estas masas, se recomienda continuar un poco el viaje y tomar un camino en la parte más salvaje del sector Huanghua, 60 km al norte de Pekín, un ejemplo clásico y bien conservado de defensa ming, con murallas altas y anchas, parapetos intactos y robustas almenaras.

Lama Temple
El templo Lama, o Tibetano, es un templo de belleza incomparable, con jardines paisajistas, frescos sorprendentes, tapices y una excelente muestra de trabajos de carpintería. Su interior alberga un buda para cada ocasión; el más impresionante es la estatua de madera de sándalo del buda Maitreya (futuro), de 18 m de altura, tallada a partir de un solo árbol y que yace en el pabellón Wanfu. Lo primero que se ve de ella son las espinillas sagradas, que están a la altura de los ojos, y desde allí se eleva hasta el techo. Revoloteando alrededor de la cabeza del buda parece haber ruedas de oración giratorias, que emiten un zumbido dulce y armonioso que, desde más cerca, resultan ser palomas con silbatos. Es inevitable pensar que la parte más desagradable del trabajo se desarrolla en los niveles inferiores del samsara, o rueda de la vida, incluso para una paloma.

El templo es una lamasería en uso, por lo que por la mañana temprano permanece cerrado para la oración. Algunos visitantes sienten la curiosidad de saber si los monjes en zapatillas de deporte son realmente monjes o informadores del gobierno. La respuesta de la mayoría de los guías es que son auténticos monjes tibetanos, que la supuesta opresión del Tíbet es falsa propaganda lanzada por el Dalai Lama, que los tibetanos adoran a los chinos y que la existencia del templo es la prueba de las buenas intenciones chinas. De todo esto sólo hay que creerse la mitad.
 

Ciudad subterránea

A finales de los años sesenta, ante la amenaza de una invasión soviética, los ciudadanos de Pekín empezaron a realizar construcciones subterráneas que tuvieron como resultado una ciudad a la sombra, construida por voluntarios y dependientes que vivían en la zona de Qianmen (la puerta principal), al sur de la plaza de Tiananmen. En esta tarea participaron alrededor de dos mil personas que, durante diez años y con la ayuda de herramientas sencillas, crearon esta red subterránea utilizada ahora como atracción turística oficiosa, así como enclave para almacenes, hoteles, restaurantes e incluso una pista de patinaje en línea. Existen aproximadamente noventa entradas diferentes al complejo, todas escondidas en las tiendas situadas en las calles principales de Qianmen. La ruta de todo el sistema de túneles se explica en un mural fluorescente.

La gran muralla de Simatai
Aunque la mayoría de los turistas suele acceder a la Gran Muralla por Badaling, esta maravilla de la arquitectura y de la historia dispone de otras partes más interesantes que se encuentran a un día de cómodo viaje desde Pekín. Por ahora, una de las menos explotadas es Simatai, aconsejable sólo para los más aventureros. Sus 19 km son muy pronunciados, con algunas pendientes de 70 grados. No obstante, merece la pena ver la muralla al natural y compararla con los sectores de Badaling y Mutianyu, que soportan grandes avalanchas de turismo y que están tan bien restaurados que bien podrían haber sido construidos ayer mismo.

Tianjin
Si bien es cierto que Tianjin no se encuentra en Pekín, también hay que decir que es el puerto de Pekín por excelencia. Oficialmente se trata de una municipalidad especial que no pertenece a ninguna provincia en concreto. Recibe el apodo del "Shanghai del Norte", por su historia de puerto de concesión extranjera, su arquitectura europea y su impresionante producción industrial. Además de pasear por la ciudad e imaginarse que uno está en Viena, también se recomienda visitar el mercado de antigüedades, una gigantesca colección de trastos viejos y tesoros que han logrado sobrevivir de forma milagrosa a la Revolución Cultural. La calle de la antigua cultura supone un intento de recrear una calle china antigua, que se completa con edificios de aspecto tradicional y vendedores que ofrecen artículos culturales al son de la música occidental. El Parque del río Hai está lleno de cabinas fotográficas, pescadores, madrugadores que practican tai-chi, cantantes de ópera al aire libre y ancianos que portan jaulas de pájaros. El casco antiguo de la ciudad es una amalgama de callejuelas, edificios de arquitectura tradicional y templos derruidos.

La torre Tambor
Esta torre simboliza en Pekín lo que el Big Ben en Londres. Para anunciar las horas se utilizaban tambores, y el tiempo se medía con un reloj de agua. El desarrollo de las empresas relojeras, como Rolex, ha hecho que la labor de esta torre sea, hoy en día, redundante. Durante la Revolución Cultural, los edificios quedaron prácticamente en ruinas debido a que eran considerados elementos del pasado feudal. Las torres Tambor han sobrevivido tanto a la ingeniería suiza como al menosprecio maoísta, y en la actualidad constituyen tesoros nacionales protegidos.

En Pekín es muy fácil derrochar: los emporios turísticos, con su amplia oferta de jade y perlas, atraen a los viajeros de todo el mundo, aunque los precios son muy similares a los que se pagarían en los países de origen. Sin embargo, debajo de la torre Tambor, frente al mercado de la fruta, se extiende un laberinto de tiendas de trastos viejos que seducen a los compradores más despreocupados y a los cazadores de gangas. En ellas se venden, a precios más razonables, antigüedades, joyas y golosinas chinas, y existe una mayor oferta de artículos originales.
Parafraseando un conocido refrán, "cuando a Pekín fueres, haz lo que vieres", llegamos a la conclusión de que lo mejor para disfrutar de la ciudad tal y como hacen sus habitantes es realizar un agotador recorrido en bicicleta; así, además, podemos visitar los estrechos y enrevesados hutongs. En invierno, abundan las pistas de patinaje sobre hielo, entre las que figuran la del lago Beihai, el lago Kunming, el parque Zizhuyan y el foso que rodea la Ciudad Prohibida. Una antigua tradición china es hacer volar cometas; en Pekín, el lugar elegido para esta actividad es la plaza de Tiananmen, en la que incluso se pueden alquilar.

También merece una visita la escuela de artes marciales Yuanmingyuan Ruyi, frente al Palacio de verano, en la que se puede estudiar gongfu (kung-fu) y qi-gong.

El impulso de las divisas turísticas ha llevado a los empresarios chinos a invertir en el negocio de los deportes de aventura: parapente, paracaidismo, escalada, puenting, submarinismo junto a escualos, esquí, hípica, entre otros.

Hacia el año 1000 a.C., la zona que en la actualidad constituye Pekín, poblada desde hace unos quinientos mil años, se constituyó en ciudad comercial fronteriza para mongoles, coreanos y tribus de Shandong y del centro de China. En el año 1215 d.C., quedó completamente destruida en un incendio ordenado por Genghis Khan; posteriormente, fue reconstruida con el nombre de Dadu, o "gran capital", y entregada a Kublai Khan, nieto de Genghis. En 1368, el mercenario Zhu Yanhang encabezó un levantamiento, se hizo con el control de la ciudad y expulsó a la dinastía Ming. La ciudad fue entonces bautizada con el nombre de Beiping ("paz del Norte"), y durante los siguientes 35 años se fijó la capital del país en Nanjing. Cuando ésta volvió a trasladarse a Beiping, la ciudad se convirtió en Pekín ("capital del Norte"), y se inició la construcción de edificios que anunciaban grandes presagios, como la Ciudad Prohibida.

Bajo el dominio de los invasores Manchu, que en el siglo XVII crearon la dinastía Qing, Pekín sufrió grandes remodelaciones y se expandió enormemente. No obstante, desde el principio parecía claro que cualquier ciudad que se proclamara capital de China disfrutaría de una existencia agitada. A pesar de que las amenazas de invasión se han reducido desde los días en que las tropas anglo-francesas arrasaban el antiguo Palacio de verano o el ejército japonés ocupaba el país, en la década de 1930, las luchas internas por el poder siguen latentes en la capital de esta fogosa nación.

Cuando en 1949 Mao Tse-Tung proclamó la "República Popular" en la plaza de Tiananmen, los comunistas procedieron a la remodelación de Pekín. En aras de la solemnidad y de la circulación del tráfico, se derribaron arcos conmemorativos y algunas de las murallas exteriores de la ciudad; para planificar su diseño se siguieron los modelos soviéticos, lo que explica las características estalinistas de muchos de los edificios y lugares de interés más importantes de Pekín.

La etapa más siniestra de la historia de Pekín se produjo en 1989, cuando las fuerzas gubernamentales de Deng Xiaoping disolvieron de forma violenta una nutrida manifestación estudiantil en favor de la democracia, celebrada en la plaza de Tiananmen. El hecho de que atrocidades semejantes pudieran ocurrir en una ciudad invadida por reformas al más puro estilo capitalista y repleta de centros comerciales y divisas extranjeras, refleja claramente el espíritu de Pekín, una ciudad llena de contrastes y contradicciones. En la actualidad, tanto la revolución cultural como la matanza de Tiananmen son temas tabú entre los funcionarios.

En 1994, el gobierno chino estaba convencido de que había conseguido devolver al país su buena reputación a escala mundial, y su pueblo daba por hecho que Pekín sería la ciudad elegida para albergar las Olimpiadas del año 2000, con lo que los chinos no aceptaron de buen grado la designación de Sydney, en Australia. Tampoco ayudó mucho la actitud china durante la celebración de la Conferencia de la Mujer de Naciones Unidas en Pekín, en 1995. Después de la fuerte presión a la que China sometió a las Naciones Unidas para que aprobaran el desarrollo de la conferencia en su país, sus autoridades denegaron el visado de entrada a varios cientos de personas que querían asistir a la conferencia, con el argumento de que eran políticamente incorrectos.

Pekín continuó la campaña de deterioro de su imagen, especialmente en Occidente, con el lanzamiento de misiles en aguas de Taiwán, a principios de 1996, con la intención de alterar el resultado de las elecciones presidenciales taiwanesas. Sin embargo, lo único que consiguió fue incrementar el apoyo al candidato que más despreciaba, Lee Tenghui, que finalmente salió elegido presidente de Taiwán por un holgado 54% de los votos. En las elecciones presidenciales del año 2000, se intentó una jugada similar, y Pekín amenazó con declarar la guerra si ganaba el candidato pro-independentista Chen Shui-bian; al final éste obtuvo la victoria, pero no ocurrió nada de lo anunciado.

A principios de 1997, Pekín hizo un alto en sus relaciones internacionales para celebrar el funeral del líder supremo Deng Xiaoping, un acontecimiento trascendental en la historia china que fue seguido por una multitud de pequineses apenados que flanqueaban las calles de la capital. La toma de posesión de Hong Kong por parte de las autoridades chinas, poco tiempo después, en julio de 1997, pareció más una orgía nacionalista que una celebración cultural; la entrega de Macao, en diciembre de 1999, fue un acontecimiento mucho más comedido.

Entre los últimos esfuerzos realizados por Pekín para mejorar su imagen, se encuentran la abolición de las últimas zonas oficiales de paso restringido, establecidas en los años cincuenta para aislar la revolución cultural de influencias extranjeras; y el éxito de la candidatura para albergar los Juegos Olímpicos del año 2008, que las autoridades chinas entienden como la oportunidad de iniciar una nueva etapa en la historia del país más que como un evento deportivo de gran importancia, teniendo en cuenta que una de las propuestas es celebrar los juegos de voleibol playa y parte de la prueba del triatlón en la plaza de Tiananmen.
Pekín está conectado por aire con la mayoría de las ciudades principales del mundo. Las líneas CAAC y Dragonair ofrecen vuelos directos entre Pekín y Hong Kong que gozan de gran popularidad. El aeropuerto internacional de Pekín (PEK) se halla a 26 km al norte de la ciudad; un taxi cuesta alrededor de diez dólares. Guangzhou y Shenzhen yacen en las cercanías de Hong Kong, y ambos disponen de vuelos directos hacia Pekín.

La estación de ferrocarril de Pekín se encuentra al este del céntrico Parque Zhongshan; en ella existe una oficina de billetes para extranjeros. También hay otra estación, de construcción más reciente, emplazada al oeste de la ciudad. Un viaje en tren exprés a Hong Kong dura unas treinta horas. El autobús supone otra buena alternativa al tren, ya que es más económico y resulta más fácil conseguir billete. Existen también autobuses-litera, que son muy recomendables para los viajes largos y nocturnos. Lo que puede resultar un poco más complicado es encontrar la estación apropiada para cada viaje, pero por norma las estaciones para viajes de larga distancia se emplazan en el perímetro de la ciudad en la dirección hacia donde se va a viajar.
El metro, también llamado dragón subterráneo, es la forma más rápida de viajar dentro de Pekín, ya que alcanza los 70 km por hora, un rayo comparado con los lentos autobuses urbanos. El metro se mantiene limpio y es fácil de utilizar; por el contrario los trenes empiezan a dar muestras de su antigüedad.

Si no queda más remedio que tomar un autobús urbano, se aconseja afilar los codos, agarrar fuertemente la cartera y armarse de toda la paciencia de la que se disponga, porque hará falta. En Pekín los autobuses suelen estar abarrotados. Existen alrededor de 140 rutas de autobús y trolebús por la ciudad, que contribuyen a que orientarse sea bastante complicado, especialmente si no se consigue ver a través de la ventana.

En Pekín es fácil conseguir un taxi, ya que se están multiplicando rápidamente. Lo difícil es entenderse con el conductor, incluso en inglés, por lo que si no se habla chino se aconseja llevar un mapa o el destino escrito en un papel. Otra opción es pedir un taxi por teléfono.

Al igual que ocurre en el resto del país, Pekín parece mucho más bello si se recorre en bicicleta. Con ella se acortan las distancias largas y aburridas, se evitan las multitudes de las aceras, y el viajero consigue sentirse un poco más integrado. Los hoteles, especialmente los más económicos, ofrecen un servicio de alquiler de bicicletas a precios razonables; también existen multitud de establecimientos de alquiler en las zonas que rodean los hoteles y en los lugares más turísticos.

ACTIVIDADES

Parafraseando un conocido refrán, "cuando a Pekín fueres, haz lo que vieres", llegamos a la conclusión de que lo mejor para disfrutar de la ciudad tal y como hacen sus habitantes es realizar un agotador recorrido en bicicleta; así, además, podemos visitar los estrechos y enrevesados hutongs. En invierno, abundan las pistas de patinaje sobre hielo, entre las que figuran la del lago Beihai, el lago Kunming, el parque Zizhuyan y el foso que rodea la Ciudad Prohibida. Una antigua tradición china es hacer volar cometas; en Pekín, el lugar elegido para esta actividad es la plaza de Tiananmen, en la que incluso se pueden alquilar.

También merece una visita la escuela de artes marciales Yuanmingyuan Ruyi, frente al Palacio de verano, en la que se puede estudiar gongfu (kung-fu) y qi-gong.

El impulso de las divisas turísticas ha llevado a los empresarios chinos a invertir en el negocio de los deportes de aventura: parapente, paracaidismo, escalada, puenting, submarinismo junto a escualos, esquí, hípica, entre otros.

HISTORIA

Hacia el año 1000 a.C., la zona que en la actualidad constituye Pekín, poblada desde hace unos quinientos mil años, se constituyó en ciudad comercial fronteriza para mongoles, coreanos y tribus de Shandong y del centro de China. En el año 1215 d.C., quedó completamente destruida en un incendio ordenado por Genghis Khan; posteriormente, fue reconstruida con el nombre de Dadu, o "gran capital", y entregada a Kublai Khan, nieto de Genghis. En 1368, el mercenario Zhu Yanhang encabezó un levantamiento, se hizo con el control de la ciudad y expulsó a la dinastía Ming. La ciudad fue entonces bautizada con el nombre de Beiping ("paz del Norte"), y durante los siguientes 35 años se fijó la capital del país en Nanjing. Cuando ésta volvió a trasladarse a Beiping, la ciudad se convirtió en Pekín ("capital del Norte"), y se inició la construcción de edificios que anunciaban grandes presagios, como la Ciudad Prohibida.

Bajo el dominio de los invasores Manchu, que en el siglo XVII crearon la dinastía Qing, Pekín sufrió grandes remodelaciones y se expandió enormemente. No obstante, desde el principio parecía claro que cualquier ciudad que se proclamara capital de China disfrutaría de una existencia agitada. A pesar de que las amenazas de invasión se han reducido desde los días en que las tropas anglo-francesas arrasaban el antiguo Palacio de verano o el ejército japonés ocupaba el país, en la década de 1930, las luchas internas por el poder siguen latentes en la capital de esta fogosa nación.

Cuando en 1949 Mao Tse-Tung proclamó la "República Popular" en la plaza de Tiananmen, los comunistas procedieron a la remodelación de Pekín. En aras de la solemnidad y de la circulación del tráfico, se derribaron arcos conmemorativos y algunas de las murallas exteriores de la ciudad; para planificar su diseño se siguieron los modelos soviéticos, lo que explica las características estalinistas de muchos de los edificios y lugares de interés más importantes de Pekín.

La etapa más siniestra de la historia de Pekín se produjo en 1989, cuando las fuerzas gubernamentales de Deng Xiaoping disolvieron de forma violenta una nutrida manifestación estudiantil en favor de la democracia, celebrada en la plaza de Tiananmen. El hecho de que atrocidades semejantes pudieran ocurrir en una ciudad invadida por reformas al más puro estilo capitalista y repleta de centros comerciales y divisas extranjeras, refleja claramente el espíritu de Pekín, una ciudad llena de contrastes y contradicciones. En la actualidad, tanto la revolución cultural como la matanza de Tiananmen son temas tabú entre los funcionarios.

En 1994, el gobierno chino estaba convencido de que había conseguido devolver al país su buena reputación a escala mundial, y su pueblo daba por hecho que Pekín sería la ciudad elegida para albergar las Olimpiadas del año 2000, con lo que los chinos no aceptaron de buen grado la designación de Sydney, en Australia. Tampoco ayudó mucho la actitud china durante la celebración de la Conferencia de la Mujer de Naciones Unidas en Pekín, en 1995. Después de la fuerte presión a la que China sometió a las Naciones Unidas para que aprobaran el desarrollo de la conferencia en su país, sus autoridades denegaron el visado de entrada a varios cientos de personas que querían asistir a la conferencia, con el argumento de que eran políticamente incorrectos.

Pekín continuó la campaña de deterioro de su imagen, especialmente en Occidente, con el lanzamiento de misiles en aguas de Taiwán, a principios de 1996, con la intención de alterar el resultado de las elecciones presidenciales taiwanesas. Sin embargo, lo único que consiguió fue incrementar el apoyo al candidato que más despreciaba, Lee Tenghui, que finalmente salió elegido presidente de Taiwán por un holgado 54% de los votos. En las elecciones presidenciales del año 2000, se intentó una jugada similar, y Pekín amenazó con declarar la guerra si ganaba el candidato pro-independentista Chen Shui-bian; al final éste obtuvo la victoria, pero no ocurrió nada de lo anunciado.

A principios de 1997, Pekín hizo un alto en sus relaciones internacionales para celebrar el funeral del líder supremo Deng Xiaoping, un acontecimiento trascendental en la historia china que fue seguido por una multitud de pequineses apenados que flanqueaban las calles de la capital. La toma de posesión de Hong Kong por parte de las autoridades chinas, poco tiempo después, en julio de 1997, pareció más una orgía nacionalista que una celebración cultural; la entrega de Macao, en diciembre de 1999, fue un acontecimiento mucho más comedido.

Entre los últimos esfuerzos realizados por Pekín para mejorar su imagen, se encuentran la abolición de las últimas zonas oficiales de paso restringido, establecidas en los años cincuenta para aislar la revolución cultural de influencias extranjeras; y el éxito de la candidatura para albergar los Juegos Olímpicos del año 2008, que las autoridades chinas entienden como la oportunidad de iniciar una nueva etapa en la historia del país más que como un evento deportivo de gran importancia, teniendo en cuenta que una de las propuestas es celebrar los juegos de voleibol playa y parte de la prueba del triatlón en la plaza de Tiananmen

COMO DESPLAZARSE

El metro, también llamado dragón subterráneo, es la forma más rápida de viajar dentro de Pekín, ya que alcanza los 70 km por hora, un rayo comparado con los lentos autobuses urbanos. El metro se mantiene limpio y es fácil de utilizar; por el contrario los trenes empiezan a dar muestras de su antigüedad.

Si no queda más remedio que tomar un autobús urbano, se aconseja afilar los codos, agarrar fuertemente la cartera y armarse de toda la paciencia de la que se disponga, porque hará falta. En Pekín los autobuses suelen estar abarrotados. Existen alrededor de 140 rutas de autobús y trolebús por la ciudad, que contribuyen a que orientarse sea bastante complicado, especialmente si no se consigue ver a través de la ventana.

En Pekín es fácil conseguir un taxi, ya que se están multiplicando rápidamente. Lo difícil es entenderse con el conductor, incluso en inglés, por lo que si no se habla chino se aconseja llevar un mapa o el destino escrito en un papel. Otra opción es pedir un taxi por teléfono.

Al igual que ocurre en el resto del país, Pekín parece mucho más bello si se recorre en bicicleta. Con ella se acortan las distancias largas y aburridas, se evitan las multitudes de las aceras, y el viajero consigue sentirse un poco más integrado. Los hoteles, especialmente los más económicos, ofrecen un servicio de alquiler de bicicletas a precios razonables; también existen multitud de establecimientos de alquiler en las zonas que rodean los hoteles y en los lugares más turísticos.

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