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SOBRE LA CIUDAD
Montreux
es el punto culminante de la Riviera Suiza. Conocida come
'La perla de la Riviera Suiza' la ciudad está construida a la
orilla del Lago de Ginebra y rodeada por los impresionantes Alpes
Suizos y Franceses.
Probablemente Montreux te suene debido a su popular festival de
jazz o al festival de música en el que suelen participar las
estrellas mas populares del mundo del pop.
El resto del año Montreux es una elegante ciudad cuyo edificio
mas notorio es el Hotel Palace, frente al paseo del lago. Su
fachada decimonónica blanca y amarilla simboliza la riqueza y
elegancia que debió caracterizar a esta tranquila ciudad
balneario.
La ciudad
está llena de boutiques de modistos franceses e italianos. Frente
al Hotel Palace se encuentra el Petit Palais, otro curioso
edificio modernista con bonitas vistas al lago. En realidad, toda
la ciudad mira hacia el lago. Los edificios se apiñan en calles
paralelas que ascienden en las abruptas faldas de las montañas,
dotando a la ciudad de una curiosa verticalidad. Los estrechos
jardines que se expanden a orillas del Lago Leman (Lago de
Ginebra) están bien cuidados y son muy concurridos.
En Navidad se coloca un mercadillo donde se pueden saborear
todo tipo de productos típicos o adquirir artesanías locales.
GASTRONOMÍA EN
MONTREUX
Es
difícil hablar de una cocina nacional suiza cuando su tradición
culinaria se basa por su geografía, en tres culturas culinarias
distintas: la francesa, la alemana y la italiana. Por ello no es
de extrañar que siendo un país tan pequeño las costumbres se
entremezclen entre sí y se acaben fusionando.
Lo mejor de su cocina son sus excelentes productos, desde la carne
a la leche, pasando por las hortalizas.
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Pescado de agua dulce. Aunque Suiza no tenga mar, en sus lagos y
ríos hay gran variedad de peces. La perca o perche, como dicen
los locales, es un pescado muy popular ya que no tiene espinas y
es de un delicado sabor. Pruébala con salsa meunière.
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Queso fundido. La Fondue (pronuciado fondí) puede ser de carne,
pollo o queso. Por su puesto la más popular es la de queso
fundido. Ni se te ocurra beber agua porque el queso se
solidifica en el estómago y sienta como una bomba. Tómala con
Kirsh, el popular licor de cerezas suizo. Ya verás qué contento
terminas.
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La Raclette (pronunciado raclét) consiste en queso fundido sobre
papas hervidas. El aparato
donde se funde el queso poco a poco es muy curioso. Lo mejor es
que te expliquen cómo se utiliza. La viande seché (literalmente
carne seca) una especie de cecina de las montañas es un excelente
acompañamiento.
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También el pescado de Neuchatel, la carpa del Rhin, los quesos, el
chocolate (fueron sus inventores) o los vinos del Valois tienen
merecida fama.
DE COMPRAS EN
MONTREUX.
Suiza
tiene fama de ser un país caro, sin embargo, si se sabe comprar,
no tiene porque ser así. Los almacenes Migros, ofrecen todo tipo
de productos de excelente calidad a precios razonables. Desde
prendas de vestir invernales hasta calzado, pasando por diferentes
artículos deportivos, se pueden encontrar muy buenas opciones de
compra.
Para los que deseen productos típicos del país pueden adquirir
relojes, quesos, chocolates, cristal de roca en Andermatt, madera
tallada en Reckingen, cajitas de musica en Ste. Croix, figuritas
esculpidas en madera en Brienz, juguetes en Dornach, cajitas y
cofres decorados en Toggenbourg o utensilios de raclette en la
mayoría de las tiendas.
¿QUÉ VISITAR CERCA DE
MONTREUX?
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El Castillo de Chillón. A un par de kilometros de Montreaux,
siempre siguiendo el borde del lago, se encuentra el castillo de
Chillon. Sobre una isla de roca en el mismo lago se eleva esta
espectacular fortaleza medieval cuyos orígenes se remontan al
siglo XI. Chillon representa el sueño fantástico del niño que
todos llevamos dentro: una prisión de roca pura, inmensos salones,
armaduras, ballestas, grandes chimeneas de piedra y muebles
totalmente medievales. Los patios interiores combinan la piedra
mas fría con mazos de flores y corredores cubiertos de madera.
El
sentido de la visita está perfectamente señalizado y pensado para
que nadie se aburra. Se puede visitar absolutamente todo: el foso,
pasajes secretos, todas las torretas y miradores hasta la torre
mas alta donde hay unas espectaculares vistas del lago y de las
montañas que parecen formar un muro en el otro extremo.
Este castillo-fortaleza alcanzó gran
fama debido a la visita que realizó Lord Byron (que por cierto
dejó un graffiti grabado en una columna de las mazmorras). Tras su
visita, en 1816 escribió un poema titulado El prisionero de
Chillon, que relataba la historia de François Bonivard, prisionero
en esa misma mazmorra de 1530 a 1536. A la fama del castillo
también contribuyeron escritores de la talla de Victor Hugo,
Shelley, Alejandro Dumas o Rousseau. La fortaleza fue enteramente
restaurada en el siglo XIX y actualmente se pueden visitar todas
las salas algunas de las cuales cuentan con interesantes tapices y
frescos que se remontan al siglo XVI.
Merece la pena una pequeña visita al
embarcadero de aguas cristalinas desde donde se toman unas
magníficas fotos. Si la visita te ha agotado, en el restaurante de
enfrente puedes tomar un fondue de queso o unos filetitos de
perca (perche) meunière que te pondrá el cuerpo a tono.
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Gruyères, de donde viene el queso.
El nombre de Gruyères (pronunciado gruyer) ya suena a queso. Y
efectivamente es aquí donde se produce el mundialmente famoso
queso de Gruyere, aunque pese a las malas lenguas no tiene ni un
agujero. Pero Gruyéres es mucho mas que queso.
Este pueblo medieval fortificado
colgado en lo alto de una solitaria roca domina verdes valles y
esta rodeado de las impresionantes montanas de los Alpes. La plaza
central es una auténtica delicia. Casitas como de juguete están
decoradas al más típico estilo alpino. La mayoría de ellas alberga
pequeños restaurantes o tiendas de recuerdos de precios
desproporcionados. Al otro lado de la plaza y antes de llegar al
castillo uno se topa de bruces con un típico chalet suizo, una
casa de madera como las que abundan en las montanas. Aquí se puede
degustar la más deliciosa raclette o un exquisito fondue a precios
verdaderamente asequibles. El interior totalmente de madera, es
muy acogedor y ostenta muchos de los objetos característicos de la
zona utilizados para la fabricación de su conocido queso.
El castillo del siglo XI fue destruido
por el fuego en 1493 y reconstruido al estilo de Savoya por la
viuda del Conde Louis II. Se pueden visitar algunas salas
decoradas al estilo medieval con objetos de la época, aunque las
más atractivas son las decoradas con muebles del siglo XVIII y XIX.
Hay otras salas que albergan exposiciones temporales pero suelen
ser de gritar y echar a correr. Ya abajo, el pueblo nuevo consiste
en una serie de pintorescos chalets y la fábrica de queso. Para
decepción de algunos la fabrica es moderna, pero alberga un
curioso museo que se puede visitar previo pago. En él se explica
el proceso de elaboración de los quesos y a través de unos
cristales se puede ver dónde y cómo se hacen los quesos de Gruyères y Vacherin.
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