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MINISITIO: Cursos de idioma en Londres, Inglaterra

 

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SOBRE LA CIUDAD

Londres es una cosmopolita mezcolanza del Primer y el Tercer Mundo, de chóferes y mendigos, clases dirigentes, estamentos claramente obreros y movimientos vanguardistas. A diferencia de otras metrópolis europeas comparables, en líneas generales parece sucia y desorganizada, pero esta característica forma parte de su encanto. Estar de visita en la capital británica es como haber sufrido un abandono en medio de un tablero gigante de Monopoly atascado por el tráfico. Aunque probablemente no se sepa dónde demonios se está, como mínimo los nombres sí sonarán familiares. La ciudad se antoja tan inconmensurable que el visitante necesitará utilizar el metro en numerosas ocasiones: desgraciadamente, esto distorsiona la geografía de la urbe y desorienta.

Superficie: 1,620 Km²
Población: 12,000,000 hab.
País: Gran Bretaña
Hora local: GMT
Prefijo telefónico: 020 (Desde abril de 2000, el prefijo 0171 cambió a 0207 y el 0181 a 0208

- ¿Cuándo ir?

Londres puede considerarse un centro turístico durante todo el año; pocos de sus atractivos cierran o acortan sus horarios de visita en invierno. La mejor oportunidad para disfrutar de un buen tiempo acontece, evidentemente, en pleno verano, en julio y agosto, aunque el sol tampoco ofrece ninguna garantía durante estos meses. En esta época es cuando se concentran más aglomeraciones y los precios son más elevados.

Abril, mayo o septiembre y octubre resultan una buena opción para visitar la urbe. Acogen un buen promedio de posibilidades para que haga buen tiempo y para que las colas de acceso a los puntos de interés sean considerablemente más cortas. Durante esta época, viajar a Londres resulta más económico y se puede encontrar alojamiento más que decente. Si al visitante no le importa capear los chaparrones de aguanieve y no tiene necesidad de luz natural, desde noviembre hasta marzo las tarifas de los vuelos y los precios de los hoteles se reducen notablemente.

- Fiestas y celebraciones

En Londres se organiza un sinfín de celebraciones y festivales. Arranca con la Fiesta de Fin de Año en plena calle, en Trafalgar Square, sólo apta para los más atrevidos y temerarios. El Martes de Carnaval se convoca en Covent Garden una competición de tortitas, si bien los atletas más serios pueden participar en el maratón de Londres a principios de mayo. A mediados de este mismo mes la urbe ondea sus colores durante la Final de la Copa FA (Football Association), pero se pueden encontrar amalgamas más surtidas en la Chelsea Flower Competition (Competición de Flores de Chelsea), que se convoca la última semana de mayo.

En junio acontece el Trooping the Colour (Desfile de la Bandera), un desfile para celebrar el aniversario de la reina; en este mismo mes Wimblendon ocupa las agendas de los aficionados al tenis durante dos semanas; y el London Pride (Orgullo Gay de Londres), uno de los festivales europeos de gays y lesbianas más grandes de Europa, colapsa las calles. La mayor muestra de tatuajes militares del planeta, el Royal Tournament, se luce en Earl's Court; y a finales de agosto el estrambótico Carnaval de Notting Hill desfila en este barrio. En septiembre los aficionados a los caballos no deben perderse el Horseman's Sunday (Domingo del Jinete), día en el que un sacerdote bendice a más de cien equinos en Hyde Park.

Los acontecimientos se moderan cuando empieza a refrescar, pero el último fogonazo se reserva para el 5 de noviembre con el Guy Fawkes Day (Día de Guy Fawkes). También a finales de noviembre, el Lord Major's Show clausura la temporada de festivales.

- ¿Qué visitar?

Abadía de Westminster
La abadía de Westminster, última morada de la realeza, aparece como una de las iglesias más visitadas del mundo cristiano. Este bello edificio, repleto de mórbidas tumbas y monumentos, cuenta con una espectacular acústica: cuando los niños del coro aclaran sus voces, estremecen al visitante. Esta forma de pasar lista a los muertos y a los homenajeados garantizará una lección de humildad al más grande de los egoístas, pese a lo pomposo y ornamentado de sus recuerdos.

Catedral de San Pablo
Medio mundo descubrió el interior de la catedral de San Pablo cuando Carlos y Diana se casaron en 1981. Este venerable edificio fue construido por Christopher Wren entre 1675 y 1710, sobre la base de dos catedrales anteriores erigidas después de 604. Su famosa cúpula, la más grande del mundo después de la basílica de San Pedro en Roma, ya no domina Londres como lo hizo durante siglos, un hecho que irrita al exquisito sentido de la armonía arquitectónica del príncipe de Gales. Los visitantes deberían hablar bajo y con dulzura cerca de la Galería de los Susurros, que, según se dice, transporta los murmullos de sus paredes al lado opuesto de la cúpula.

Catedral de Westminster
La catedral de Westminster asume el rol de cuartel general de la iglesia católica británica y es, además, el único ejemplo de arquitectura neobizantina en la urbe. Su interior está construido mitad en espléndido mármol, mitad en tosco ladrillo; según parece, superaron el presupuesto. Las 14 esculturas del Vía Crucis de Eric Gill y su atmósfera maravillosamente sombría, ofrecen la perfecta huída tanto de los autobuses turísticos como del tráfico.

Palacio de Buckingham
Por primera vez, en 1993 la reina abrió las puertas del palacio de Buckingham al público, para sufragar los gastos ocasionados por las reformas del castillo de Windsor. El valor artístico del edificio es inferior al de otras casas solariegas británicas. El recorrido por sus interiores oscila entre la estética kitsch y la opulencia de mal gusto. Aparte de su escasa gracia en interiorismo, no revela nada sobre la vida doméstica de la familia real.

Torre de Londres
La que una vez fue castillo y palacio se ha convertido en un monumento maravillosamente reservado a la crueldad. Según Shakespeare, los jóvenes príncipes y herederos de Eduardo IV fueron asesinados en la torre bajo las órdenes de su malvado tío Ricardo III. Sus celdas han hospedado a ilustres personajes como Thomas More, Ana Bolena, Walter Raleigh, Rudolf Hess y Wham! (grupo de pop de los años ochenta para quinceañeras). Entre sus espeluznantes atractivos, se incluyen los instrumentos de tortura situados en la Martin Tower. El visitante debe comprobar que los cuervos siguen paseándose por el césped: la leyenda cuenta que el día que abandonen la torre, Londres caerá ante sus enemigos.

Casas del Parlamento
El impresionante resplandor neogótico de las casas del Parlamento ha sido recuperado gracias a la reciente limpieza de su fachada. El edificio alberga la Cámara de los Comunes y la Cámara de los Lores, pero la grandeza de su exterior se empequeñece al percibir el nivel del debate que se celebra en su interior (y si no, escuchen, escuchen). El acceso a las salas está restringido durante las sesiones, sin embargo, una visita sobre las 18.00 calmará la indignación de la multitud. El visitante puede sintonizar su reloj con la cara más reconocible de las casas del Parlamento: el Big Ben.

Downing St., la residencia oficial del primer ministro, está ubicada en el número 10; y la del ministro de Economía y Hacienda en el 11. Éstas fueron protegidas por una imponente verja de hierro cuando las fuerzas de seguridad comprobaron que un simbólico y solitario bobby paseando ante la puerta de la Dama de Hierro resultó insuficiente para evitar un atentado terrorista del IRA en 1989.

Museo Británico
Esta institución se alza como el más antiguo y augusto de los museos en el planeta. Es tan grande y alberga tanto material requisado por los viajeros y exploradores victorianos, que el visitante a menudo comete el error de tratar de pasearse ante todas las antigüedades. Se debe ver todo lo que se desee, no así todo lo que se debe. Las piezas imprescindibles incluyen los extraños tesoros asirios y las momias egipcias, el exquisito jarrón Portland de estilo precristiano y el fósil de dos mil años de antigüedad descubierto en un pantano de Cheshire.

Victoria & Albert Museum
El Victoria & Albert Museum posee una ecléctica mezcla entre botín de piezas aglutinadas y museo de artes decorativas y de diseño. En ocasiones se asemeja a una enorme tienda victoriana de enseres antiguos donde se exhiben unos cuatro millones de objetos. Es preferible ojear la colección de forma selectiva y detenerse para contemplar las cerámicas chinas, las espadas japonesas, los dibujos de Rafael, la escultura de Rodin, el estudio de Frank LLoyd Wright y otros dos de Doc Martens.

El Museo de Historia Natural se halla en uno de los edificios de estilo neogótico londinenses, pero incluso la entrada principal, similar a la de una gran catedral, puede sufrir el enfrentamiento del visitante con las hordas de escolares histéricos que la concurren. Es preferible mantenerse alejado de la exposición de dinosaurios mientras los niños la invaden. En su lugar, se puede contemplar la ballena azul desde el balcón de los mamíferos o la sobrecogedora lluvia tropical a la luz de la luna en la Galería de Ecología.

National Gallery
La siempre necesitada National Gallery, enclavada en Trafalgar Square, posee una de las más impresionantes colecciones de arte del mundo. Entre sus famosos cuadros, se incluyen Los bañistas de Paul Cézanne y Retrato de Arnolfini de Jan van Eyck. El acceso a la galería es gratuito, hecho que permite al visitante frecuentarla cuantas veces desee y centrarse en las obras que más le interesen sin sentirse obligado a pasear por todo el museo.

Tate Gallery
Esta galería alberga un impresionante archivo histórico de arte británico. El centro colindante, Clore Gallery, dispone de una extraordinaria colección de obras de J.M.W. Turner. Resulta imprescindible la sala de pinturas prerrafaelitas. Situada en la antigua central eléctrica de Bankside, la novísima Tate Modern expone la colección internacional de arte moderno de la Tate. Ésta incluye obras de Bacon, Dalí, Picasso, Matisse, Rothko y Warhol así como de otros artistas contemporáneos. El edificio que la alberga es imponente: una sólida construcción industrial de ladrillo rojo con una chimenea de 99 m de altura. La antigua sala de turbinas, bajo el nivel del suelo y que ocupa la longitud total del extenso edificio, constituye en la actualidad la inmensa entrada a la galería.

South Bank
Algunos de los grandes centros culturales de Londres aparecen como enclaves inhóspitos, auténticas monstruosidades, pero en su interior acogen obras de primera línea. South Bank, en la orilla desfavorecida del Támesis, es espectacular al anochecer. Este centro alberga la Hayward Gallery, el radiante Festival Hall, el National Theatre y el National Film Theatre. El Barbican se eleva como una pesadilla arquitectónica, redimida por acoger la sede de la Royal Shakespeare Company, la London Symphony Orchestra y la London Classical Orchestra. El restaurado Globe Theatre es una fidedigna reproducción del original (incluidos el techo de paja y el suelo de fresno con cáscaras de nuez) que presentó las obras de Shakespeare y fue clausurado por los puritanos en 1642. El Institute for Contemporany Art se ubica en un lugar espacioso idóneo para relajarse, desconectar y disfrutar de películas vanguardistas, danza, fotografía, teatro y arte.

Hyde Park
El inconmensurable Hyde Park solía utilizarse como zona de caza reservada a la realeza; posteriormente se convirtió en escenario de duelos, ejecuciones y carreras de caballos; e incluso se transformó en un campo gigante de patatas durante la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad ejerce de pulmón de la ciudad, con sus colores primaverales, indicado para perezosos amantes del sol y aficionados al remo en el lago Serpentine. Algunos de los puntos de interés del parque incluyen las esculturas de Jacob Epstein y Henry Moore, la contemporánea Serpentine Gallery y el Speaker's Corner (Esquina del Orador).

Regent's Park es el hogar del zoo de Londres, una mezquita y un teatro al aire libre. Ubicados en el centro del parque, los Queen Mary Rose Gardens resultan particularmente espectaculares. En las inmediaciones se halla el monte Primrose Hill, que ofrece atractivas vistas de la urbe.

Kew Gardens
Situados en Richmond (Surrey), simultanean su función de parque, precioso, e importante centro de investigación botánica. Esta gran extensión de césped y jardines simétricos alberga dos inmensos invernaderos victorianos (Palm House y Temperate House), que cobijan a infinidad de plantas exóticas. Hampstead Heath aparece como uno de los pocos lugares en Londres donde realmente se puede olvidar que se está en el centro de una metrópoli de 1.620 Km². Kew Gardens están formados por bosques, prados, colinas y estanques donde zambullirse y, lo más importante, por espacio, mucho espacio.

Se pueden pisar los dos meridianos que marcan la diferencia horaria en el Royal Conservatory y en Greenwich Park. En las inmediaciones se halla el Millenium Dome, el castillo hinchable más grande, vacío y caro del mundo, y que actualmente permanece cerrado como atracción turística.

Camden Markets
Los abarrotados Camden Markets podrían definirse como lo más parecido al caos anárquico que acontece en las gradas de los estadios de fútbol ingleses. Se expanden desde las paradas de metro de Camden y Chalk Farm, e integran Camden Lock en el Grand Union Canal. Los fines de semana se encuentran tan concurridos que se puede llegar a pensar que se está en un bazar africano. Los mercados están formados por Camden Canal Market (curiosidades, muebles y ropa de diseño); Camden Market (marquetería y todo tipo de saldos de parafernalia militar); y Electric Market (discos y ropa de los años sesenta).

Portobello Market
El animado Portobello Market es el más famoso de los mercadillos callejeros londinenses. Es preferible acercarse los sábados por la mañana para evitar los atascos que provocan las multitudes que acuden más tarde. En sus calles se dibuja una gran variedad de anticuarios, joyerías y bisuterías, comercios de curiosidades étnicas, ropa de segunda mano y puestos de fruta y verdura. Al este de Londres, el más famoso de los mercadillos los domingos por la mañana se denomina Petticoat Lane, pero está sobrevalorado; resulta excesivamente caro y atrae a aquellos que, tras salir la noche anterior, con cara de recién levantados necesitan tabletas rotas de chocolate, baratijas horrendas y tambores de Ajax rebajados. Brixton Market es la invitación cosmopolita maquillada con la mezcla del arco iris: música reggae, escuálidos predicadores musulmanes, carne halal y frutas y verdura. Su inventario también incluye pelucas, remedios homeopáticos a base de raíces, carne de cabra y rarezas discográficas.

Smithfield
Se alza como el último de los mercados de carne fresca que permanecen en el centro de Londres. Es el más grande puesto de venta al por mayor de carne y, por supuesto, resulta poco recomendable para vegetarianos pusilánimes. A diario y durante la primera hora, Smithfield se convierte en un hervidero. La mayoría de pubs locales abre a partir de medianoche para atender a los tenderos. Si se desea hacerse pasar por un carnicero Cockney, sólo tendrá que embadurnarse las manos de sangre y practicar diciendo "wotcha guy" ("qué pasa jefe"), con el acento característico del sur de Londres; de este modo, se podrá optar a una pinta de cerveza a primera hora de la mañana y a su correspondiente desayuno de frituras (bacón, salchichas, huevo...)

Covent Garden
Se empleó por vez primera como campo de hortalizas bajo la administración de la abadía de Westminster; actuó como guarida de gente de baja estofa como los oradores de la época Pepys, Fielding y Boswell; se convirtió en el mercado más grande de frutas y verduras; y acabó como lo que se mantiene en la actualidad: el triunfo del comercio y de la protección patrimonial. La plaza, exclusivamente peatonal, está rodeada de boutiques de moda y objetos de diseño, de bares y restaurantes a la última. Los carísimos anticuarios y las chucherías comparten las arcadas de la plaza con actuaciones callejeras de teatro y música con sus correspondientes espectadores.

Harrods
Merece la pena darse una vuelta por Harrods, aunque el personal de seguridad se empeñe en mostrar al visitante cómo debe llevar la mochila. Los resplandecientes azulejos eduardianos reflejan los alimentos expuestos en los estantes, hasta hacerse la boca agua: relucientes tartas, cremosos y frescos chocolates importados diariamente desde Bélgica y pasteles de carne de animales de caza menor de los que nunca nadie ha oído hablar. Los servicios son suntuosos y la lista de productos para animales domésticos puede provocar la risa.

Fortnum and Mason
Resulta muy recomendable echar una miradita a Fortnum and Mason para deleitarse con su variada y célebre sección de alimentación. En este establecimiento Robert Falcon Scott, marino y explorador británico famoso por sus viajes a la Antártida, se abasteció de provisiones antes de partir hacia los témpanos de hielo. Si bien resulta impresionante, se aconseja que las provisiones se adquieran en cualquier otro comercio. Si al visitante le atraen los diseñadores de renombre, debería dejarse caer por la tienda de Harvey Nicks para probar su perfume y fingir que se va a comprar unos cubrepezones diseñados por Gaultier.

Cementerio de Highgate
El cementerio de Highgate es el culmen del misterio por su intensa atmósfera gótica y el evidente sobrecogimiento que produce. Sus extensos y descuidados jardines están plagados de cipreses, catacumbas de estilo egipcio y con suficientes ángeles desconchados como para satisfacer a cualquier fan del grupo Joy División (grupo punk-rock, estandartes de la música siniestra). Karl, el más serio de los hermanos Marx, u otras tumbas ilustres reflejan el carácter excéntrico de sus moradores. Los cementerios de Kensal Green y de Brompton también constituyen auténticas delicias victorianas decoradas con mausoleos y arcángeles.

Brick Lane Market
Los domingos por la mañana se prestan al desayuno de bagels en el mercado de Brick Lane, emplazado en el East End. El espacio está cubierto de tapetes con todo tipo de enseres; desde clavos oxidados hasta relojes de oro. El regateo es la clave, aunque será más factible que los vendedores se coman las palabras a que supriman ceros de los precios.

Kenwood House
Después de dar un vigoroso paseo por el páramo, se puede tomar un trago en el Spaniard's Inn, o bien, contemplar la espléndida Kenwood House de Robert Adam y perderse en sus románticos jardines. Igualmente se puede aislar del siglo XX en los paseos Crurch Row, Admiral's Walk o Flask Walk, con sus bien conservadas casas de campo, sus terrazas y sus edificios de estilo georgiano.

Holland Park
Esta zona residencial repleta de casas señoriales también asume su condición de verde refugio para la gente trabajadora del barrio, los presumidos pavos reales y los escurridizos conejos. Asimismo alberga los restos bien conservados de una mansión jacobina (actualmente apartada de los viajeros independientes); dos galerías de arte y buenos ejemplos de jardinería simétrica. En las inmediaciones se halla una muestra del esplendor arábigo, Leighton House, rebosante de pinturas prerrafaelitas con lánguidas mujeres de la Grecia Antigua que, semidesnudas, acarician las aguas blanquecinas de los baños públicos.

- Actividades

Si al visitante le apetece chapotear en el agua, puede alquilar un bote de remos y navegar durante una o dos horas en el lago Serpentine, en Hyde Park. Para efectuar actividades más veloces, los Docklands disponen de motos y esquís acuáticos además de zonas acondicionadas para practicar el windsurf. Los parques (en especial Hyde Park y Regent's Park) resultan indicados para pasear. También existen diversos puntos repartidos por la urbe donde se alquilan bicicletas, aunque ante el tráfico londinense, la vida del ciclista dependerá de su habilidad. Los entusiastas de montar a medio galope pueden alquilar caballos en Hyde Park. Por último y sin lugar a dudas, Londres está infestado de gimnasios.

- Historia

Aunque una comunidad celta fue la que vadeó el río Támesis, los romanos fueron los que primero urbanizaron la milla cuadrada actualmente conocida como City. Construyeron un puente y una impresionante muralla en la urbe; además, convirtieron la metrópoli en un importante puerto y en el eje de su sistema viario. Cuando los romanos abandonaron el enclave, el comercio siguió prosperando. A pesar de las invasiones de sajones y vikingos, en la actualidad se pueden encontrar algunos vestigios del Londres de la época oscura. Cincuenta años antes del desembarco de los normandos, Eduardo el Confesor construyó su propia abadía y palacio en Westminster.

Guillermo el Conquistador halló una urbe que sin duda constituía la más rica y grande del reino. Erigió la White Tower (parte de la torre de Londres) y proclamó la independencia de la ciudad y su derecho a autogobernarse.

Durante el reinado de Isabel I, la capital creció con rapidez; prueba de ello fue la duplicación en cuarenta años de la población de cien mil a doscientos mil habitantes. Desafortunadamente, el Londres medieval de las épocas Tudor y jacobina fue destruido por el Gran Incendio de 1666. Esta catástrofe no interrumpió el crecimiento de la ciudad; además supuso una oportunidad para Christopher Wren y la construcción de sus famosas iglesias, como la catedral de San Pablo.

En 1720 la población ascendía a 750.000 personas. La urbe, sede del parlamento y núcleo de un imperio en expansión, acrecentó como nunca su relevancia y riqueza. Los arquitectos de la época georgiana reemplazaron los restos de la época medieval con sus imponentes construcciones simétricas y sus plazas residenciales.

El siglo XIX experimentó un gran desarrollo demográfico, creándose una vasta extensión de suburbios victorianos. Como resultado de la Revolución Industrial y de un comercio en plena expansión, la población aumentó de nuevo de 2,7 millones en 1851 a 6,6 millones en 1901.

El Londres georgiano y victoriano fue destruido por la Luftwaffe en la II Guerra Mundial (inmensas zonas del centro y del East End fueron totalmente arrasadas). Después de la guerra, se construyeron con rapidez antiestéticas viviendas de protección oficial y modestas urbanizaciones en las zonas devastadas. Los muelles no recuperarían la normalidad (la descarga de mercancías se trasladó a Tilbury) y los Docklands (zona portuaria) se degradaron hasta llegar al abandono. Sin embargo, fueron redescubiertos por agentes inmobiliarios en los años ochenta, pero el desarrollo se desaceleró con la recesión de principios de la década de 1990.

Debido a la seguridad y a la desregularización de la época thatcheriana, Londres se mantuvo en auge en los años ochenta. La nueva ola de promotores inmobiliarios demostró ser sólo parcialmente más entendida que la Luftwaffe, ya que únicamente algunos edificios modernos pueden calificarse de extraordinarios entre tanta mediocridad.

En los últimos años, con una ligera inspiración del nuevo laborismo de Tony Blair y la libra esterlina desbocada, Londres ha entrado en una competición caracterizada por "el mío es más grande que el tuyo" y ha creado dos de los proyectos más curiosos, caros y conflictivos de su historia: Millenium Dome (cúpula del milenio), en Greenwich, con la que nadie parece saber qué hacer finalizada la fiesta fin de siglo; y London Eye (noria de Londres) que, situada en la orilla desfavorecida del río, planta cara al Big Ben.

- ¿Cómo llegar?

Londres se ha convertido en uno de los centros de transporte más concurridos del planeta, implicando grandes posibilidades a la hora de encontrar vuelos económicos. Heathrow es un aeropuerto mastodóntico que ha crecido al unísono con Londres. En la actualidad posee cuatro terminales (la quinta ya está aprobada) y dispone de dos estaciones de metro. Mucho más reducido que Heathrow, Gatwick también resulta inmenso, al que le siguen Stansted y Luton. Desde Londres, los vuelos nacionales y los que se dirigen a países de la Unión Europea incluyen un impuesto de salida de 10 libras esterlinas (unos 16 euros). Para vuelos a otros destinos internacionales deben abonarse 20 libras esterlinas (unos 32 euros).

Por primera vez desde la época glacial, Gran Bretaña está vinculada por tierra (por túnel) con el continente europeo. El Tunnel ofrece dos servicios: el Eurotunnel, que sirve de enlace regular por tren (Le Shutle) para motocicletas, coches, autobuses y transportes de mercancías entre las terminales de Folkestone, en el Reino Unido, y Calais, en Francia; y el Eurostar (liderado por compañías ferroviarias de Gran Bretaña, Francia y Bélgica), que opera como servicio de tren de alta velocidad para pasajeros entre Londres, París, Lille y Bruselas. Waterloo International es la estación terminal para los trenes procedentes de Europa.

También es factible viajar a Europa en autobús, una opción que incluye un pequeño trayecto en ferry o en hovercraft. Los visitantes que deseen desplazarse en este transporte deben saber que las salidas y llegadas se efectuan desde Victoria Station, a sólo diez minutos a pie de la estación de trenes Victoria y de la parada de metro.

- ¿Cómo Desplazarse?

Se puede acceder al aeropuerto de Heathrow en autobús, en metro (Picadilly Line) o en el Heathrow Express, que realiza el desplazamiento desde Paddington hasta las terminales 1-3 en 15 minutos, o en 20 minutos si se dirige a la terminal 4. Un taxi hasta el aeropuerto puede costar entre 35 y 50 dólares (entre 38 y 55 euros). El Gatwick Express cubre su recorrido desde el aeropuerto hasta la estación Victoria en 30 minutos y, si se prefiere un taxi, el precio ascenderá a unos 60 dólares (unos 65 euros). El Standsted Express se ocupará de trasladar al turista desde la estación de Liverpool Street hasta el aeropuerto en 60 minutos o, si se prefiere y se nada en la abundancia, se puede coger un taxi por 100 dólares (unos 110 euros).

El metro de Londres es legendario, sobre todo porque usarlo no resulta divertido. El Travelcard incluye todos los autobuses y las líneas de metro (para algunas compañías ferroviarias también funciona, y la mayoría permite los transbordos desde el metro); su precio asciende a unos 29 dólares (unos 30 euros).

Los famosos taxis londinenses resultan excelentes pero costosos. Los minicabs se presentan como la competencia más económica; sus conductores son autónomos y no se pueden parar en la calle. Si se prefiere conducir, aparcar se va convertir en una pesadilla, es prácticamente imposible hacerlo en el centro de la urbe y las multas por infringir la ley son altísimas.

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