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SOBRE LA CIUDAD
Londres
es una cosmopolita mezcolanza del Primer y el Tercer Mundo, de
chóferes y mendigos, clases dirigentes, estamentos claramente
obreros y movimientos vanguardistas. A diferencia de otras
metrópolis europeas comparables, en líneas generales parece sucia
y desorganizada, pero esta característica forma parte de su
encanto. Estar de visita en la capital británica es como haber
sufrido un abandono en medio de un tablero gigante de Monopoly
atascado por el tráfico. Aunque probablemente no se sepa dónde
demonios se está, como mínimo los nombres sí sonarán familiares.
La ciudad se antoja tan inconmensurable que el visitante
necesitará utilizar el metro en numerosas ocasiones:
desgraciadamente, esto distorsiona la geografía de la urbe y
desorienta.
Superficie: 1,620 Km²
Población: 12,000,000 hab.
País: Gran Bretaña
Hora local: GMT
Prefijo telefónico: 020 (Desde abril de 2000, el prefijo 0171
cambió a 0207 y el 0181 a 0208
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¿Cuándo ir?
Londres
puede considerarse un centro turístico durante todo el año; pocos
de sus atractivos cierran o acortan sus horarios de visita en
invierno. La mejor oportunidad para disfrutar de un buen tiempo
acontece, evidentemente, en pleno verano, en julio y agosto,
aunque el sol tampoco ofrece ninguna garantía durante estos meses.
En esta época es cuando se concentran más aglomeraciones y los
precios son más elevados.
Abril, mayo o septiembre y octubre resultan una buena opción para
visitar la urbe. Acogen un buen promedio de posibilidades para que
haga buen tiempo y para que las colas de acceso a los puntos de
interés sean considerablemente más cortas. Durante esta época,
viajar a Londres resulta más económico y se puede encontrar
alojamiento más que decente. Si al visitante no le importa capear
los chaparrones de aguanieve y no tiene necesidad de luz natural,
desde noviembre hasta marzo las tarifas de los vuelos y los
precios de los hoteles se reducen notablemente.
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Fiestas y celebraciones
En
Londres se organiza un sinfín de celebraciones y festivales.
Arranca con la Fiesta de Fin de Año en plena calle, en Trafalgar
Square, sólo apta para los más atrevidos y temerarios. El Martes
de Carnaval se convoca en Covent Garden una competición de
tortitas, si bien los atletas más serios pueden participar en el
maratón de Londres a principios de mayo. A mediados de este mismo
mes la urbe ondea sus colores durante la Final de la Copa FA
(Football Association), pero se pueden encontrar amalgamas más
surtidas en la Chelsea Flower Competition (Competición de Flores
de Chelsea), que se convoca la última semana de mayo.
En junio acontece el Trooping the Colour (Desfile de la Bandera),
un desfile para celebrar el aniversario de la reina; en este mismo
mes Wimblendon ocupa las agendas de los aficionados al tenis
durante dos semanas; y el London Pride (Orgullo Gay de Londres),
uno de los festivales europeos de gays y lesbianas más grandes de
Europa, colapsa las calles. La mayor muestra de tatuajes militares
del planeta, el Royal Tournament, se luce en Earl's Court; y a
finales de agosto el estrambótico Carnaval de Notting Hill desfila
en este barrio. En septiembre los aficionados a los caballos no
deben perderse el Horseman's Sunday (Domingo del Jinete), día en
el que un sacerdote bendice a más de cien equinos en Hyde Park.
Los acontecimientos se moderan cuando empieza a refrescar, pero el
último fogonazo se reserva para el 5 de noviembre con el Guy
Fawkes Day (Día de Guy Fawkes). También a finales de noviembre, el
Lord Major's Show clausura la temporada de festivales.
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¿Qué visitar?
Abadía de
Westminster
La abadía de Westminster, última morada de la realeza, aparece
como una de las iglesias más visitadas del mundo cristiano. Este
bello edificio, repleto de mórbidas tumbas y monumentos, cuenta
con una espectacular acústica: cuando los niños del coro aclaran
sus voces, estremecen al visitante. Esta forma de pasar lista a
los muertos y a los homenajeados garantizará una lección de
humildad al más grande de los egoístas, pese a lo pomposo y
ornamentado de sus recuerdos.
Catedral de San Pablo
Medio mundo descubrió el interior de la catedral de San Pablo
cuando Carlos y Diana se casaron en 1981. Este venerable edificio
fue construido por Christopher Wren entre 1675 y 1710, sobre la
base de dos catedrales anteriores erigidas después de 604. Su
famosa cúpula, la más grande del mundo después de la basílica de
San Pedro en Roma, ya no domina Londres como lo hizo durante
siglos, un hecho que irrita al exquisito sentido de la armonía
arquitectónica del príncipe de Gales. Los visitantes deberían
hablar bajo y con dulzura cerca de la Galería de los Susurros,
que, según se dice, transporta los murmullos de sus paredes al
lado opuesto de la cúpula.
Catedral de Westminster
La catedral de Westminster asume el rol de cuartel general de la
iglesia católica británica y es, además, el único ejemplo de
arquitectura neobizantina en la urbe. Su interior está construido
mitad en espléndido mármol, mitad en tosco ladrillo; según parece,
superaron el presupuesto. Las 14 esculturas del Vía Crucis de Eric
Gill y su atmósfera maravillosamente sombría, ofrecen la perfecta
huída tanto de los autobuses turísticos como del tráfico.
Palacio
de Buckingham
Por primera vez, en 1993 la reina abrió las puertas del palacio de
Buckingham al público, para sufragar los gastos ocasionados por
las reformas del castillo de Windsor. El valor artístico del
edificio es inferior al de otras casas solariegas británicas. El
recorrido por sus interiores oscila entre la estética kitsch y la
opulencia de mal gusto. Aparte de su escasa gracia en
interiorismo, no revela nada sobre la vida doméstica de la familia
real.
Torre de Londres
La que una vez fue castillo y palacio se ha convertido en un
monumento maravillosamente reservado a la crueldad. Según
Shakespeare, los jóvenes príncipes y herederos de Eduardo IV
fueron asesinados en la torre bajo las órdenes de su malvado tío
Ricardo III. Sus celdas han hospedado a ilustres personajes como
Thomas More, Ana Bolena, Walter Raleigh, Rudolf Hess y Wham!
(grupo de pop de los años ochenta para quinceañeras). Entre sus
espeluznantes atractivos, se incluyen los instrumentos de tortura
situados en la Martin Tower. El visitante debe comprobar que los
cuervos siguen paseándose por el césped: la leyenda cuenta que el
día que abandonen la torre, Londres caerá ante sus enemigos.
Casas del Parlamento
El impresionante resplandor neogótico de las casas del Parlamento
ha sido recuperado gracias a la reciente limpieza de su fachada.
El edificio alberga la Cámara de los Comunes y la Cámara de los
Lores, pero la grandeza de su exterior se empequeñece al percibir
el nivel del debate que se celebra en su interior (y si no,
escuchen, escuchen). El acceso a las salas está restringido
durante las sesiones, sin embargo, una visita sobre las 18.00
calmará la indignación de la multitud. El visitante puede
sintonizar su reloj con la cara más reconocible de las casas del
Parlamento: el Big Ben.
Downing St., la residencia oficial del primer ministro, está
ubicada en el número 10; y la del ministro de Economía y Hacienda
en el 11. Éstas fueron protegidas por una imponente verja de
hierro cuando las fuerzas de seguridad comprobaron que un
simbólico y solitario bobby paseando ante la puerta de la Dama de
Hierro resultó insuficiente para evitar un atentado terrorista del
IRA en 1989.
Museo Británico
Esta institución se alza como el más antiguo y augusto de los
museos en el planeta. Es tan grande y alberga tanto material
requisado por los viajeros y exploradores victorianos, que el
visitante a menudo comete el error de tratar de pasearse ante
todas las antigüedades. Se debe ver todo lo que se desee, no así
todo lo que se debe. Las piezas imprescindibles incluyen los
extraños tesoros asirios y las momias egipcias, el exquisito
jarrón Portland de estilo precristiano y el fósil de dos mil años
de antigüedad descubierto en un pantano de Cheshire.
Victoria & Albert Museum
El Victoria & Albert Museum posee una ecléctica mezcla entre botín
de piezas aglutinadas y museo de artes decorativas y de diseño. En
ocasiones se asemeja a una enorme tienda victoriana de enseres
antiguos donde se exhiben unos cuatro millones de objetos. Es
preferible ojear la colección de forma selectiva y detenerse para
contemplar las cerámicas chinas, las espadas japonesas, los
dibujos de Rafael, la escultura de Rodin, el estudio de Frank
LLoyd Wright y otros dos de Doc Martens.
El Museo de Historia Natural se halla en uno de los edificios de
estilo neogótico londinenses, pero incluso la entrada principal,
similar a la de una gran catedral, puede sufrir el enfrentamiento
del visitante con las hordas de escolares histéricos que la
concurren. Es preferible mantenerse alejado de la exposición de
dinosaurios mientras los niños la invaden. En su lugar, se puede
contemplar la ballena azul desde el balcón de los mamíferos o la
sobrecogedora lluvia tropical a la luz de la luna en la Galería de
Ecología.
National
Gallery
La siempre necesitada National Gallery, enclavada en Trafalgar
Square, posee una de las más impresionantes colecciones de arte
del mundo. Entre sus famosos cuadros, se incluyen Los bañistas de
Paul Cézanne y Retrato de Arnolfini de Jan van Eyck. El acceso a
la galería es gratuito, hecho que permite al visitante
frecuentarla cuantas veces desee y centrarse en las obras que más
le interesen sin sentirse obligado a pasear por todo el museo.
Tate Gallery
Esta galería alberga un impresionante archivo histórico de arte
británico. El centro colindante, Clore Gallery, dispone de una
extraordinaria colección de obras de J.M.W. Turner. Resulta
imprescindible la sala de pinturas prerrafaelitas. Situada en la
antigua central eléctrica de Bankside, la novísima Tate Modern
expone la colección internacional de arte moderno de la Tate. Ésta
incluye obras de Bacon, Dalí, Picasso, Matisse, Rothko y Warhol
así como de otros artistas contemporáneos. El edificio que la
alberga es imponente: una sólida construcción industrial de
ladrillo rojo con una chimenea de 99 m de altura. La antigua sala
de turbinas, bajo el nivel del suelo y que ocupa la longitud total
del extenso edificio, constituye en la actualidad la inmensa
entrada a la galería.
South Bank
Algunos de los grandes centros culturales de Londres aparecen como
enclaves inhóspitos, auténticas monstruosidades, pero en su
interior acogen obras de primera línea. South Bank, en la orilla
desfavorecida del Támesis, es espectacular al anochecer. Este
centro alberga la Hayward Gallery, el radiante Festival Hall, el
National Theatre y el National Film Theatre. El Barbican se eleva
como una pesadilla arquitectónica, redimida por acoger la sede de
la Royal Shakespeare Company, la London Symphony Orchestra y la
London Classical Orchestra. El restaurado Globe Theatre es una
fidedigna reproducción del original (incluidos el techo de paja y
el suelo de fresno con cáscaras de nuez) que presentó las obras de
Shakespeare y fue clausurado por los puritanos en 1642. El
Institute for Contemporany Art se ubica en un lugar espacioso
idóneo para relajarse, desconectar y disfrutar de películas
vanguardistas, danza, fotografía, teatro y arte.
Hyde Park
El inconmensurable Hyde Park solía utilizarse como zona de caza
reservada a la realeza; posteriormente se convirtió en escenario
de duelos, ejecuciones y carreras de caballos; e incluso se
transformó en un campo gigante de patatas durante la Segunda
Guerra Mundial. En la actualidad ejerce de pulmón de la ciudad,
con sus colores primaverales, indicado para perezosos amantes del
sol y aficionados al remo en el lago Serpentine. Algunos de los
puntos de interés del parque incluyen las esculturas de Jacob
Epstein y Henry Moore, la contemporánea Serpentine Gallery y el
Speaker's Corner (Esquina del Orador).
Regent's Park es el hogar del zoo de Londres, una mezquita y un
teatro al aire libre. Ubicados en el centro del parque, los Queen
Mary Rose Gardens resultan particularmente espectaculares. En las
inmediaciones se halla el monte Primrose Hill, que ofrece
atractivas vistas de la urbe.
Kew Gardens
Situados en Richmond (Surrey), simultanean su función de parque,
precioso, e importante centro de investigación botánica. Esta gran
extensión de césped y jardines simétricos alberga dos inmensos
invernaderos victorianos (Palm House y Temperate House), que
cobijan a infinidad de plantas exóticas. Hampstead Heath aparece
como uno de los pocos lugares en Londres donde realmente se puede
olvidar que se está en el centro de una metrópoli de 1.620 Km².
Kew Gardens están formados por bosques, prados, colinas y
estanques donde zambullirse y, lo más importante, por espacio,
mucho espacio.
Se pueden pisar los dos meridianos que marcan la diferencia
horaria en el Royal Conservatory y en Greenwich Park. En las
inmediaciones se halla el Millenium Dome, el castillo hinchable
más grande, vacío y caro del mundo, y que actualmente permanece
cerrado como atracción turística.
Camden Markets
Los abarrotados Camden Markets podrían definirse como lo más
parecido al caos anárquico que acontece en las gradas de los
estadios de fútbol ingleses. Se expanden desde las paradas de
metro de Camden y Chalk Farm, e integran Camden Lock en el Grand
Union Canal. Los fines de semana se encuentran tan concurridos que
se puede llegar a pensar que se está en un bazar africano. Los
mercados están formados por Camden Canal Market (curiosidades,
muebles y ropa de diseño); Camden Market (marquetería y todo tipo
de saldos de parafernalia militar); y Electric Market (discos y
ropa de los años sesenta).
Portobello Market
El animado Portobello Market es el más famoso de los mercadillos
callejeros londinenses. Es preferible acercarse los sábados por la
mañana para evitar los atascos que provocan las multitudes que
acuden más tarde. En sus calles se dibuja una gran variedad de
anticuarios, joyerías y bisuterías, comercios de curiosidades
étnicas, ropa de segunda mano y puestos de fruta y verdura. Al
este de Londres, el más famoso de los mercadillos los domingos por
la mañana se denomina Petticoat Lane, pero está sobrevalorado;
resulta excesivamente caro y atrae a aquellos que, tras salir la
noche anterior, con cara de recién levantados necesitan tabletas
rotas de chocolate, baratijas horrendas y tambores de Ajax
rebajados. Brixton Market es la invitación cosmopolita maquillada
con la mezcla del arco iris: música reggae, escuálidos
predicadores musulmanes, carne halal y frutas y verdura. Su
inventario también incluye pelucas, remedios homeopáticos a base
de raíces, carne de cabra y rarezas discográficas.
Smithfield
Se alza como el último de los mercados de carne fresca que
permanecen en el centro de Londres. Es el más grande puesto de
venta al por mayor de carne y, por supuesto, resulta poco
recomendable para vegetarianos pusilánimes. A diario y durante la
primera hora, Smithfield se convierte en un hervidero. La mayoría
de pubs locales abre a partir de medianoche para atender a los
tenderos. Si se desea hacerse pasar por un carnicero Cockney, sólo
tendrá que embadurnarse las manos de sangre y practicar diciendo "wotcha
guy" ("qué pasa jefe"), con el acento característico del sur de
Londres; de este modo, se podrá optar a una pinta de cerveza a
primera hora de la mañana y a su correspondiente desayuno de
frituras (bacón, salchichas, huevo...)
Covent Garden
Se empleó por vez primera como campo de hortalizas bajo la
administración de la abadía de Westminster; actuó como guarida de
gente de baja estofa como los oradores de la época Pepys, Fielding
y Boswell; se convirtió en el mercado más grande de frutas y
verduras; y acabó como lo que se mantiene en la actualidad: el
triunfo del comercio y de la protección patrimonial. La plaza,
exclusivamente peatonal, está rodeada de boutiques de moda y
objetos de diseño, de bares y restaurantes a la última. Los
carísimos anticuarios y las chucherías comparten las arcadas de la
plaza con actuaciones callejeras de teatro y música con sus
correspondientes espectadores.
Harrods
Merece la pena darse una vuelta por Harrods, aunque el personal de
seguridad se empeñe en mostrar al visitante cómo debe llevar la
mochila. Los resplandecientes azulejos eduardianos reflejan los
alimentos expuestos en los estantes, hasta hacerse la boca agua:
relucientes tartas, cremosos y frescos chocolates importados
diariamente desde Bélgica y pasteles de carne de animales de caza
menor de los que nunca nadie ha oído hablar. Los servicios son
suntuosos y la lista de productos para animales domésticos puede
provocar la risa.
Fortnum and Mason
Resulta muy recomendable echar una miradita a Fortnum and Mason
para deleitarse con su variada y célebre sección de alimentación.
En este establecimiento Robert Falcon Scott, marino y explorador
británico famoso por sus viajes a la Antártida, se abasteció de
provisiones antes de partir hacia los témpanos de hielo. Si bien
resulta impresionante, se aconseja que las provisiones se
adquieran en cualquier otro comercio. Si al visitante le atraen
los diseñadores de renombre, debería dejarse caer por la tienda de
Harvey Nicks para probar su perfume y fingir que se va a comprar
unos cubrepezones diseñados por Gaultier.
Cementerio de Highgate
El cementerio de Highgate es el culmen del misterio por su intensa
atmósfera gótica y el evidente sobrecogimiento que produce. Sus
extensos y descuidados jardines están plagados de cipreses,
catacumbas de estilo egipcio y con suficientes ángeles
desconchados como para satisfacer a cualquier fan del grupo Joy
División (grupo punk-rock, estandartes de la música siniestra).
Karl, el más serio de los hermanos Marx, u otras tumbas ilustres
reflejan el carácter excéntrico de sus moradores. Los cementerios
de Kensal Green y de Brompton también constituyen auténticas
delicias victorianas decoradas con mausoleos y arcángeles.
Brick Lane Market
Los domingos por la mañana se prestan al desayuno de bagels en el
mercado de Brick Lane, emplazado en el East End. El espacio está
cubierto de tapetes con todo tipo de enseres; desde clavos
oxidados hasta relojes de oro. El regateo es la clave, aunque será
más factible que los vendedores se coman las palabras a que
supriman ceros de los precios.
Kenwood House
Después de dar un vigoroso paseo por el páramo, se puede tomar un
trago en el Spaniard's Inn, o bien, contemplar la espléndida
Kenwood House de Robert Adam y perderse en sus románticos
jardines. Igualmente se puede aislar del siglo XX en los paseos
Crurch Row, Admiral's Walk o Flask Walk, con sus bien conservadas
casas de campo, sus terrazas y sus edificios de estilo georgiano.
Holland Park
Esta zona residencial repleta de casas señoriales también asume su
condición de verde refugio para la gente trabajadora del barrio,
los presumidos pavos reales y los escurridizos conejos. Asimismo
alberga los restos bien conservados de una mansión jacobina
(actualmente apartada de los viajeros independientes); dos
galerías de arte y buenos ejemplos de jardinería simétrica. En las
inmediaciones se halla una muestra del esplendor arábigo, Leighton
House, rebosante de pinturas prerrafaelitas con lánguidas mujeres
de la Grecia Antigua que, semidesnudas, acarician las aguas
blanquecinas de los baños públicos.
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Actividades
Si al visitante le
apetece chapotear en el agua, puede alquilar un bote de remos y
navegar durante una o dos horas en el lago Serpentine, en Hyde
Park. Para efectuar actividades más veloces, los Docklands
disponen de motos y esquís acuáticos además de zonas
acondicionadas para practicar el windsurf. Los parques (en
especial Hyde Park y Regent's Park) resultan indicados para
pasear. También existen diversos puntos repartidos por la urbe
donde se alquilan bicicletas, aunque ante el tráfico londinense,
la vida del ciclista dependerá de su habilidad. Los entusiastas de
montar a medio galope pueden alquilar caballos en Hyde Park. Por
último y sin lugar a dudas, Londres está infestado de gimnasios.
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Historia
Aunque una
comunidad celta fue la que vadeó el río Támesis, los romanos
fueron los que primero urbanizaron la milla cuadrada actualmente
conocida como City. Construyeron un puente y una impresionante
muralla en la urbe; además, convirtieron la metrópoli en un
importante puerto y en el eje de su sistema viario. Cuando los
romanos abandonaron el enclave, el comercio siguió prosperando. A
pesar de las invasiones de sajones y vikingos, en la actualidad se
pueden encontrar algunos vestigios del Londres de la época oscura.
Cincuenta años antes del desembarco de los normandos, Eduardo el
Confesor construyó su propia abadía y palacio en Westminster.
Guillermo el Conquistador halló una urbe que sin duda constituía
la más rica y grande del reino. Erigió la White Tower (parte de la
torre de Londres) y proclamó la independencia de la ciudad y su
derecho a autogobernarse.
Durante el reinado de Isabel I, la capital creció con rapidez;
prueba de ello fue la duplicación en cuarenta años de la población
de cien mil a doscientos mil habitantes. Desafortunadamente, el
Londres medieval de las épocas Tudor y jacobina fue destruido por
el Gran Incendio de 1666. Esta catástrofe no interrumpió el
crecimiento de la ciudad; además supuso una oportunidad para
Christopher Wren y la construcción de sus famosas iglesias, como
la catedral de San Pablo.
En 1720
la población ascendía a 750.000 personas. La urbe, sede del
parlamento y núcleo de un imperio en expansión, acrecentó como
nunca su relevancia y riqueza. Los arquitectos de la época
georgiana reemplazaron los restos de la época medieval con sus
imponentes construcciones simétricas y sus plazas residenciales.
El siglo XIX experimentó un gran desarrollo demográfico, creándose
una vasta extensión de suburbios victorianos. Como resultado de la
Revolución Industrial y de un comercio en plena expansión, la
población aumentó de nuevo de 2,7 millones en 1851 a 6,6 millones
en 1901.
El Londres georgiano y victoriano fue destruido por la Luftwaffe
en la II Guerra Mundial (inmensas zonas del centro y del East End
fueron totalmente arrasadas). Después de la guerra, se
construyeron con rapidez antiestéticas viviendas de protección
oficial y modestas urbanizaciones en las zonas devastadas. Los
muelles no recuperarían la normalidad (la descarga de mercancías
se trasladó a Tilbury) y los Docklands (zona portuaria) se
degradaron hasta llegar al abandono. Sin embargo, fueron
redescubiertos por agentes inmobiliarios en los años ochenta, pero
el desarrollo se desaceleró con la recesión de principios de la
década de 1990.
Debido a la seguridad y a la desregularización de la época
thatcheriana, Londres se mantuvo en auge en los años ochenta. La
nueva ola de promotores inmobiliarios demostró ser sólo
parcialmente más entendida que la Luftwaffe, ya que únicamente
algunos edificios modernos pueden calificarse de extraordinarios
entre tanta mediocridad.
En los últimos años, con una ligera inspiración del nuevo
laborismo de Tony Blair y la libra esterlina desbocada, Londres ha
entrado en una competición caracterizada por "el mío es más grande
que el tuyo" y ha creado dos de los proyectos más curiosos, caros
y conflictivos de su historia: Millenium Dome (cúpula del
milenio), en Greenwich, con la que nadie parece saber qué hacer
finalizada la fiesta fin de siglo; y London Eye (noria de Londres)
que, situada en la orilla desfavorecida del río, planta cara al
Big Ben.
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¿Cómo llegar?
Londres se ha
convertido en uno de los centros de transporte más concurridos del
planeta, implicando grandes posibilidades a la hora de encontrar
vuelos económicos. Heathrow es un aeropuerto mastodóntico que ha
crecido al unísono con Londres. En la actualidad posee cuatro
terminales (la quinta ya está aprobada) y dispone de dos
estaciones de metro. Mucho más reducido que Heathrow, Gatwick
también resulta inmenso, al que le siguen Stansted y Luton. Desde
Londres, los vuelos nacionales y los que se dirigen a países de la
Unión Europea incluyen un impuesto de salida de 10 libras
esterlinas (unos 16 euros). Para vuelos a otros destinos
internacionales deben abonarse 20 libras esterlinas (unos 32
euros).
Por primera vez desde la época glacial, Gran Bretaña está
vinculada por tierra (por túnel) con el continente europeo. El
Tunnel ofrece dos servicios: el Eurotunnel, que sirve de enlace
regular por tren (Le Shutle) para motocicletas, coches, autobuses
y transportes de mercancías entre las terminales de Folkestone, en
el Reino Unido, y Calais, en Francia; y el Eurostar (liderado por
compañías ferroviarias de Gran Bretaña, Francia y Bélgica), que
opera como servicio de tren de alta velocidad para pasajeros entre
Londres, París, Lille y Bruselas. Waterloo International es la
estación terminal para los trenes procedentes de Europa.
También es factible viajar a Europa en autobús, una opción que
incluye un pequeño trayecto en ferry o en hovercraft. Los
visitantes que deseen desplazarse en este transporte deben saber
que las salidas y llegadas se efectuan desde Victoria Station, a
sólo diez minutos a pie de la estación de trenes Victoria y de la
parada de metro.
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¿Cómo Desplazarse?
Se puede acceder al
aeropuerto de Heathrow en autobús, en metro (Picadilly Line) o en
el Heathrow Express, que realiza el desplazamiento desde
Paddington hasta las terminales 1-3 en 15 minutos, o en 20 minutos
si se dirige a la terminal 4. Un taxi hasta el aeropuerto puede
costar entre 35 y 50 dólares (entre 38 y 55 euros). El Gatwick
Express cubre su recorrido desde el aeropuerto hasta la estación
Victoria en 30 minutos y, si se prefiere un taxi, el precio
ascenderá a unos 60 dólares (unos 65 euros). El Standsted Express
se ocupará de trasladar al turista desde la estación de Liverpool
Street hasta el aeropuerto en 60 minutos o, si se prefiere y se
nada en la abundancia, se puede coger un taxi por 100 dólares
(unos 110 euros).
El metro de Londres es legendario, sobre todo porque usarlo no
resulta divertido. El Travelcard incluye todos los autobuses y las
líneas de metro (para algunas compañías ferroviarias también
funciona, y la mayoría permite los transbordos desde el metro); su
precio asciende a unos 29 dólares (unos 30 euros).
Los famosos taxis londinenses resultan excelentes pero costosos.
Los minicabs se presentan como la competencia más económica; sus
conductores son autónomos y no se pueden parar en la calle. Si se
prefiere conducir, aparcar se va convertir en una pesadilla, es
prácticamente imposible hacerlo en el centro de la urbe y las
multas por infringir la ley son altísimas.
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