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Brasil

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Brasil
es el quinto país más grande del mundo; ocupa casi la mitad del
continente suramericano y limita con todos sus países, a excepción de
Chile y Ecuador. La mayor parte del país presenta un bajo índice de
habitantes, aunque algunas regiones en las que tradicionalmente ha
existido una escasa densidad de población, como la zona del Amazonas,
están experimentando un crecimiento muy rápido, acompañado de la tala de
árboles y del agotamiento de sus recursos.
Brasil se puede dividir
en cuatro regiones geográficas. La larga y estrecha línea de la costa
atlántica se caracteriza por las cordilleras costeras que se extienden
entre los ríos Grande do Sul y Bahía, aunque a partir de la zona norte
de Bahía el terreno se vuelve más llano. Las extensas tierras altas,
conocidas con el nombre de Planalto Brasileño o meseta central, que se
extienden por la mayor parte del interior sur de la cuenca del Amazonas,
están salpicadas por algunas pequeñas cadenas montañosas atravesadas por
varios ríos. Existen dos grandes depresiones: la cuenca del Paraguay,
caracterizada por bosque abierto, bosque bajo y matorral; y la densa
jungla de la cuenca del Amazonas, al sureste. Con 6.275 km de recorrido,
el río Amazonas es el más largo del mundo: su selva supone el 30% de la
reserva forestal mundial.
La riqueza y variedad de
la fauna brasileña es asombrosa, situando al país a la cabeza del mundo
en número de especies de primates, anfibios y plantas; además, es el
tercero en variedades de aves y el cuarto en especies de mariposas y
reptiles. Sin embargo, muchas de estas especies están en peligro de
extinción, debido a la continua devastación de la selva tropical, a la
desertización que afecta a la zona noreste, a la caza furtiva que sufre
la zona pantanosa y a la contaminación en la zona costera.
En todo el país se
producen variaciones en el índice de pluviosidad, temperatura y humedad,
pero sólo en el sur de Brasil estos cambios son extremos entre
estaciones. El invierno brasileño comprende el período entre junio y
agosto, que es cuando los estados más fríos del sur del país soportan
temperaturas de entre 13ºC y 18ºC. En Río de Janeiro el verano (de
diciembre a febrero) es caluroso y húmedo, con temperaturas que alcanzan
los 30ºC; el resto del año las temperaturas rondan los 25ºC. La zona
costera noreste es tan calurosa como Río, pero menos húmeda y sofocante.
Las tierras altas, más frescas y menos húmedas, son propensas a
tormentas veraniegas. La cuenca del Amazonas es la zona más lluviosa del
país y, aunque muy húmeda, las temperaturas se mantienen alrededor de
los 27ºC todo el año
Durante siglos, Brasil ha
simbolizado la huida hacia un paraíso tropical, alimentando la
imaginación de Occidente como ningún otro parís suramericano ha hecho
jamás. Brasil es un país de proporciones míticas: desde su desmedida
pasión por el carnaval hasta la inmensidad del oscuro Amazonas.
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Nombre oficial: República
Federal de Brasil
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Superficie: 8.547.403 km²
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Población: 172.000.000
hab.
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Capital: Brasilia
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Nacionalidades y etnias:
55% descendientes de europeos, 38% mulatos, 6% descendientes de
africanos (según el censo de 1980). En realidad, estas cifras están
desvirtuadas, ya que equiparan el color de la piel con el estatus
social.
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Idioma: portugués
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Religión: 70% católicos
romanos
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HISTORIA
Los indios brasileños nunca desarrollaron una civilización como la inca
o la maya; son pocos los restos arqueológicos que nos han legado, a
excepción de algunas vasijas, montones de conchas de moluscos y
esqueletos. La población india era muy variada; se estima que, cuando
los portugueses llegaron al país por primera vez, había entre dos y
cinco millones de habitantes en el territorio que ahora ocupa Brasil.
Hoy en día quedan menos de 200.000, la mayoría de ellos refugiados en
las selvas del interior de Brasil.
En
el año 1500, Pedro Alvares Cabral zarpó de Lisboa rumbo a la India, pero
por accidente llegó a la costa brasileña. Sin embargo, algunos
historiadores defienden que éste era en realidad el destino que
perseguía, y es cierto que por los términos en que informó al rey del
"descubrimiento" da la sensación de que la existencia de Brasil ya era
bien conocida por los marineros de la época. En 1531, el rey Juan III de
Portugal envió los primeros colonos a Brasil; en 1534, temiendo la
ambición de otros países europeos, dividió la costa en doce capitanías
hereditarias que entregó a los amigos de la Corona. Los colonos no
tardaron en descubrir que tanto la tierra como el clima eran ideales
para el cultivo de la caña de azúcar y solucionaron las necesidades de
mano de obra mediante la esclavización de la población india. La captura
y venta de esclavos prácticamente llegó a convertirse en el negocio más
lucrativo del país. Estaba controlada por los bandeirantes, procedentes
de São Paulo e hijos de madres indias y padres portugueses; éstos se
encargaban de capturar a los indios en el interior del país y, para
mediados del siglo XVII, ya habían alcanzado las cumbres de los Andes
peruanos. Sus hazañas, más que cualquier tratado que se hubiera firmado,
mantuvieron seguro el interior de Suramérica para el Brasil portugués.
Durante el siglo XVII, los esclavos africanos, menos vulnerables a las
enfermedades de los europeos, sustituyeron a los indios en las
plantaciones. Sin embargo, los africanos se resistieron con gran
fortaleza a la esclavitud. Por todo el territorio, comenzaron a surgir
los llamados quilombos, comunidades de esclavos que habían huido de las
plantaciones; incluían desde pequeños grupos que buscaban refugio en la
selva (mocambos) hasta la gran república de Palmares, que perduró
durante casi todo el siglo XVII. En la década de 1690, se descubrió oro
en Minas Gerais, lo que produjo una estampida de brasileños y
portugueses hacia ese territorio, arrastrando con ellos a innumerables
esclavos africanos que trabajaron y murieron en las minas.
En 1807, los ejércitos de Napoleón entraban victoriosos en Lisboa. Dos
días antes de la invasión, el príncipe regente portugués embarcaba rumbo
a Brasil. A su llegada, estableció en Río de Janeiro la capital del
Reino Unido de Portugal, Brasil y el Algarbe, convirtiendo así a Brasil
en la única colonia del Nuevo Mundo sede de una monarquía europea. En
1822, el hijo del príncipe regente, encargado del gobierno de la colonia
tras el regreso de su padre a Portugal, desenfundó las armas y declaró
la guerra bajo el grito de ¡Independência ou morte!' (independencia o
muerte). Como Portugal no disponía de las fuerzas necesarias para
embarcarse en una guerra contra su mejor colonia, la independencia se
consiguió sin el derramamiento de una sola gota de sangre.
Durante el siglo XIX, el azúcar, la principal exportación del país, fue
sustituida por el café. Al principio, se utilizaban esclavos como mano
de obra en los cafetales, pero con la abolición de la esclavitud, en
1888, se produjo la llegada de miles de inmigrantes europeos, la mayoría
de ellos italianos, para trabajar en estas plantaciones, denominadas
fazendas. En 1889 tuvo lugar un golpe de Estado apoyado por la
aristocracia cafetera que puso fin al imperio brasileño; como
consecuencia, durante los siguientes 40 años el país estuvo gobernado
por militares y por presidentes civiles supervisados por las fuerzas
armadas.
En 1929, la crisis económica mundial debilitó el respaldo de los
aristócratas cafeteros al gobierno y se formó el partido de oposición
Alianza Liberal, apoyado por militares nacionalistas. Cuando la Alianza
perdió las elecciones de 1930, los militares tomaron el poder y
nombraron presidente al líder liberal Getúlio Vargas. Su régimen,
inspirado en el de los Estados fascistas de Mussolini y Salazar, dominó
la escena política durante 30 años, hasta que, en 1954, fue obligado a
dimitir. Lo sustituyó Juscelino Kubitschek, el primero de los grandes
derrochadores de Brasil, que construyó Brasilia, la nueva capital, con
la idea de catalizar desde allí el desarrollo del interior del país. A
principios de la década de 1960, la economía fue duramente golpeada por
la inflación, en parte debido a la gran inversión realizada en la
construcción de la nueva capital. Esto, unido a la victoria de Castro en
Cuba, que aumentó el miedo a una invasión comunista, derivó en un nuevo
golpe de Estado contra la frágil democracia brasileña.
A mitad de la década de 1980, el milagro de la economía brasileña,
mantenida en gran parte por los préstamos de los bancos internacionales,
llegó a su fin; los militares devolvieron el poder al gobierno civil. En
noviembre de 1989, se celebraron las primeras elecciones democráticas de
los últimos 30 años, en las que Fernando Collor de Mello, ex campeón de
kárate, derrotó por una estrecha pero segura minoría al socialista Luiz
da Silva. En su programa electoral, Collor prometía luchar contra la
corrupción y reducir la inflación, pero a finales de 1992 este hombre,
que según George Bush le recordaba a Indiana Jones, había sido
destituido de su cargo y se enfrentaba a cargos de corrupción, acusado
de dirigir una organización que mediante la extorsión y el soborno había
conseguido estafar más de mil millones de dólares a la economía
nacional.
Tras la dimisión de Collor, en diciembre de 1992, lo sustituyó en el
cargo el vicepresidente Itamar Franco, hasta que, en las elecciones de
1994, salió elegido Fernando Cardoso. Desde su llegada al gobierno,
Cardoso ha conseguido reducir la inflación de manera significativa,
aunque las consecuencias directas han sido la pérdida de dos millones de
empleos entre los años 1989 y 1996 y los actuales problemas de la
reforma agraria, considerada ahora un asunto de seguridad nacional.
Según un informe de las Naciones Unidas publicado en 1996, la
distribución de la riqueza en Brasil es la más desigual del mundo,
argumento que no impidió a Cardoso volver a ganar las elecciones por
amplia mayoría en 1998.
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CULTURA
La cultura brasileña ha
estado influenciada no sólo por los portugueses, que aportaron su
religión e idioma, sino también por los indios nativos, la numerosa
población africana y otros colonos procedentes de Europa, 0riente
Próximo y Asia.
La música brasileña, caracterizada por su gran diversidad, ha recibido
las influencias de tres continentes y continúa desarrollando formas
nuevas y originales. La samba, una mezcla del bolero español con las
cadencias y ritmos de la música africana, alcanzó su mayor popularidad
durante los años treinta. Su máximo exponente fue, probablemente, Carmen
Miranda, conocida por su fuerte temperamento y por sus tocados hechos
con frutas. El estilo más melancólico de la bossa nova, influenciado por
el jazz estadounidense, gozó de gran popularidad en la década de 1950,
en la voz de intérpretes como João Gilberto y canciones como La chica de
Ipanema. El tropicalismo es una mezcla de las influencias musicales que
llegaron al país en los años sesenta y que dieron lugar a un estilo de
samba más eléctrico. En los últimos años, se ha hecho popular en todo el
mundo la lambada, influenciada por los ritmos caribeños.
Entre
los escritores brasileños de narrativa, destaca el estilo conciso e
irónico de Machado de Assis. Hijo de un liberto, Assis trabajó de
cajista en una imprenta y de periodista en el Río del siglo XIX. El
escritor brasileño más famoso del siglo XX es Jorge Amado, cuyos cuentos
narran historias de las gentes y lugares de la Bahía.
Oficialmente, Brasil es un país católico; en la práctica, la religión
del país ha incorporado otros cultos, como el animismo indio, los cultos
africanos, el sincretismo afro-católico y el cardecismo, una religión
espiritualista que abraza el misticismo oriental y que está ganando
adeptos entre la población blanca del país.
El portugués, enriquecido con vocablos procedentes de las lenguas indias
y africanas, es el idioma oficial del país, pero cada región adopta sus
propios acentos, dialectos y jerga coloquial.
La base de la dieta brasileña es el arroz blanco, las judías negras y la
harina de yuca, que se combinan con la ternera, el pollo o el pescado.
Las especialidades culinarias del país son la moqueca, un estofado de
marisco con aceite de palma y leche de coco; el caruru, una mezcla de
verduras con gambas, cebolla y pimiento; y la feijoada, un estofado de
judías y carne. En Bahía, se ven muchas mujeres vestidas de blanco que
venden acarajé, judías trituradas, con sal y cebolla, y fritas en aceite
de palma. Con esta masa, se hacen bolas que se rellenan de marisco,
pasta de yuca, gambas secas, pimiento y salsa de tomate.
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FIESTAS
El carnaval es la fiesta
más famosa de Brasil. Comienza a las doce de la noche del viernes
anterior al Miércoles de Ceniza y se prolonga durante cinco días. Se
celebra en todo el país y, además del impresionante desfile de Río, un
espectáculo digno de ver al que acuden multitud de turistas, en otros
lugares del país se celebra de un modo más auténtico. En el sambódromo,
una calle con gradas construida para los desfiles de samba, los
brasileños sudan, se alborotan y llegan a agredirse, conforme las 16
mejores escuelas de samba se exhiben en su hora de gloria.
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CLIMA
A excepción de la zona
sur del país, en la que las diferencias entre estaciones sí son
extremas, con veranos especialmente calurosos y húmedos e inviernos muy
lluviosos, no hay ninguna época poco recomendable para viajar a Brasil.
Durante el período vacacional brasileño, de diciembre a febrero, puede
resultar más complicado y caro; además, el grado de humedad que se
alcanza en la zona comprendida entre Río y el extremo sur del país puede
ser agobiante.
El verano es también el período más festivo del año; las calles y playas
se llenan de ciudadanos que escapan de sus apartamentos. Las vacaciones
escolares se inician a mediados de diciembre y se prolongan hasta el
carnaval, que normalmente se celebra a finales de febrero.
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DOCUMENTACION
& VISA
(FAVOR DE VERIFICAR LOS
REQUERIMIENTOS DE VISADO CON EL CONSULADO O EMBAJADA MAS CERCANA, NO
SOMOS RESPONSABLES DE LA INFORMACIÓN A CONTINUACIÓN)
Se necesita pasaporte con
una validez mínima de 90 días desde el día de entrada al país. Se exige
visado para estancias turísticas de un máximo de 90 días, pero con
posibilidad de ampliación. Para mas información
sobre visas, visite
http://www.mj.gov.br/
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DINERO
La
moneda es el real (reais en plural)
Relación aproximada de precios:
Comida
-
Presupuesto bajo: entre 5
y 10 dólares (entre 6 y 12 euros)
-
Presupuesto medio: entre
10 y 20 dólares (entre 12 y 24 euros)
-
Presupuesto alto: más de
20 dólares (más de 24 euros)
Alojamiento
-
Presupuesto bajo: entre 5
y 20 dólares (entre 6 y 24 euros)
-
Presupuesto medio: entre
20 y 70 dólares (entre 24 y 84 euros)
-
Presupuesto alto: más de
70 dólares (más de 84 euros)
Tras la esperada
devaluación del real de 1999, muchos vaticinaron una explosión de la
inflación. Sin embargo, hasta el momento el tipo de cambio y los precios
se han mantenido estables. Si el viaje que se ha planeado incluye viajes
en autobús cada dos o tres días, hoteles de unos 20 dólares la noche,
comidas en restaurantes y salidas nocturnas, el gasto medio diario será
de alrededor de 50 dólares. Pero si los planes son disfrutar de las
playas durante todo el mes y alimentarse básicamente de arroz y judías,
no harán falta más de 25 dólares. Hay que tener en cuenta que los
precios del alojamiento se incrementan entre un 25% y un 30% durante los
meses de diciembre a febrero.
En todo el país se aceptan tarjetas de crédito, pero para retirar dinero
en el banco la mejor tarjeta es la Visa. Tanto el dinero en metálico
como los cheques de viaje son muy fáciles de canjear, ya que hay
oficinas de cambio hasta en las ciudades más pequeñas. Por desgracia,
desde la devaluación de la moneda se ha vuelto más complicado cambiar el
dinero en metálico. Es aconsejable disponer de una cantidad suficiente
de dinero para el fin de semana, porque incluso en las grandes ciudades
la mayoría de las oficinas de cambio suelen cerrar. Al comprar moneda,
conviene pedir billetes pequeños, ya que a veces los vendedores no
disponen de cambio suficiente.
En la mayoría de los servicios se agrega una propina obligatoria del 10%
que suele estar incluida en la factura, pero si el camarero ha sido
agradable puede dejarse más cantidad. Por insignificantes que nos
parezcan algunos de los servicios, la costumbre es dejar una propina,
principalmente debido al alto índice de desempleo existente en el país.
Entre ellos destacan los aparcacoches, que no tienen salario fijo;
también a los trabajadores de las gasolineras, los limpiabotas y los
barberos. Los conductores de taxi constituyen la excepción, ya que la
mayoría de la gente redondea hacia arriba el precio de la carrera.
Negociar el precio de la habitación de hotel es algo habitual y, por
tanto, natural, al igual que la tarifa de la carrera en taxis sin
taxímetro. También conviene regatear en mercados.
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DESPLAZAMIENTOS
Los vuelos nacionales en Brasil están
bajando sus precios gracias a la reciente desregulación de este mercado.
Es conveniente contrastar varias ofertas de promoción antes de adquirir
el billete, sin olvidar que algunas tarifas de vuelos nocturnos son más
baratas. La tasa de aeropuerto en vuelos nacionales cuesta una media de
8 dólares.
Excepto en la cuenca del Amazonas, el
medio de transporte por excelencia para la mayoría de los brasileños es
el autobús, que suele ser excelente y económico. Las principales
ciudades están conectadas por líneas de autocares que ofrecen un
servicio bastante frecuente: entre Río y São Paulo, por ejemplo, hay al
menos un autobús cada quince minutos en las horas punta. No ocurre lo
mismo con el ferrocarril: la tendencia es recortarlo cada vez más. Sin
embargo, a los amantes del tren les alegrará saber que aún quedan en
funcionamiento algunas bellas rutas ferroviarias, entre ellas la que une
Curitiba y Paranaguá. Aunque, debido a la construcción de una amplia red
de carreteras, el transporte fluvial ha descendido, todavía se puede
viajar en barco entre algunas de las ciudades situadas en la ribera de
los ríos São Francisco y Amazonas
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GASTRONOMÍA
En ese inmenso país que es Brasil existe una rica cocina regional, en un
territorio marcado por enormes diferencias. Un gaúcho acostumbrado al
churrasco puede no haber oído hablar jamás del pato ao tucupi de la
Amazonia.
La
comida de una región suena exótica en otra región dentro del mismo país.
En muchas ocasiones, las frutas nativas son desconocidas para los
propios brasileños. Un bebé urbano puede tomar zumo de kiwi todos los
días sin probar en su vida una papilla de tapioca con açai, sin ver un
araçá, un cambucá, un sapoti, un jenipapo.
El contacto del portugués con el indio hace que se junten dos vértices
culinarios. Las yucas, las frutas, las pimientas, la caza y la pesca se
van mezclando con gracia al aceite de oliva, al bacalao seco, a los
guisos, a la repostería.
El colonizador comienza a llevar esclavos africanos a Salvador, capital
de Bahia, a las plantaciones de caña de azúcar. Se incorpora
inmediatamente el aceite de dendê , el coco, las gambas secas y muchas
cosas más, formando el trío: aborigen, portugués y africano, que
acabaría caracterizando la cocina brasileña.
Cada región tiene su comida festiva, pero la “feijoada”, de origen
carioca (de Rio de Janeiro) es considerada por muchos como el plato
brasileño más típico e incluso fuente de inspiración para poesías como
“Feijoada á minha moda”, de Vinícius de Morais.
Se ofrece con frecuencia a visitantes que quedan encantados con la olla
de frijoles negros con caldo espeso, cocido con una gran variedad y
abundancia de carnes saladas, ahumadas y frescas. Generalmente se sirven
los frijoles separados, en una vasija, y las carnes en otra.
El acompañamiento son: col picada muy fina, a la que se ha dado sólo
vuelta y vuelta en la sartén con un poco de ajo y aceite, harina de
mandioca o “farofa” (harina frita en mantequilla), y rodajas de naranja
muy frescas. Cada uno hace su plato como quiere, pero nadie deja de
precederlo con la famosa “caipirinha”, la bebida nacional, hecha de
cachaça (aguardiente de caña), limón y azúcar.
El almuerzo y la cena son parecidos. Reflejan los productos de la
estación comprados en mercados o supermercados. Una característica
especial es que los platos se ponen a la mesa al mismo tiempo, menos la
sopa, que se sirve antes de la comida, y el postre, que la completa.
El menú es casi siempre arroz blanco, frijoles colorados o negros con
caldo espeso, carne, ave o pescado, una ensalada verde, verduras cocidas
y croquetas fritas o pastel. Al lado, una fuente con harina de mandioca,
o “farofa” y un frasco con pimienta en conserva o salsa de pimienta.
A la cena se puede servir una sopa, y las más apreciadas son la sopa de
frijoles y la de gallina con arroz; ésta, panacea sagrada dispuesta a
solucionar todos los problemas.
El postre puede ser un dulce con queso (que es también una singularidad
brasileña) o frutas, o todo a la vez.
A la comida y a la cena les sigue un “cafezinho”, servido en un pequeño
vasito y normalmente como cortesía en muchos lugares.
Los pueblos son grandes consumidores de papillas. La papilla tiene un
aspecto muy brasileño, un aspecto de elemento negro mezclado con el
brasileño. Papillas ligeras, tibias, de taza, dulces, pero no mucho, con
una pizca de sal para equilibrar. La de maíz, con un poco de mantequilla
y unos trocitos de queso de Minas. La de avena, con más cuerpo, sólo un
poco de avena y leche. La de maicena, suave y dulce, sólo leche, maicena
y azúcar, servida en una taza, espolvoreada con canela.
A los brasileños les encanta una clase de comida que puede llevarse a la
boca con las manos y que se acaba en uno o dos bocados. Son los “salgadinhos”.
Preceden a una cena o almuerzo, como aperitivos, pero pueden constituir
el menú completo de una boda, un bautizo o una fiesta de cumpleaños. Le
siguen con frecuencia los “docinhos”, dulces llamados así,
cariñosamente, con el diminutivo.
La “comida da rúa” (de la calle), la que vive al aire libre, a la puerta
de las iglesias, en las plazas, en aceras, en quioscos a lo largo de las
playas, también ha sido y es muy apreciada por los brasileños de todas
las clases sociales. Es posible comer bien en todo Brasil consumiendo lo
que se vende en la calle, en los carritos, las bandejas. El “acarajé
Ballano”, el maíz cocido, el dulce de coco, la “tacacá”, el pastel de
feria, el churrasco.
En primer lugar, a gran distancia, las empanadillas. De carne suelta,
con aceitunas - poca carne para que, al sacudirlas, se oiga un ruido
característico. De queso, un enorme rectángulo - con el queso, objeto de
deseo, que al último mordisco ya empieza a endurecerse.
Las hay también de palmito, húmedas, todas fritas en la olla de mil
frituras. Y acompañándolas, la “garapa”, caldo de caña molida en el
momento, fría y dulce, muy dulce.
En los baruchos siempre existe algo tentador, aunque sólo sea un huevo
pintado de rojo. En las panaderías, torreznos muy grandes, crujientes,
envueltos en papel pardo para llevar. Lonchas de lomo con bastante
salsa, dentro de un panecillo. Croquetas de gallina con hueso, mucho más
sabrosas que las otras. Pueden ser de gambas, cuando se las llama "Jesús
está llamando". Pan con mortadela con unas gotas de limón. Salchichas
frescas fritas, sardinitas muy tostadas.
En todos los bares de calle, los zumos de frutas, llamados "vitaminas" y
que pueden variar hasta el infinito, con mezclas de mangos y acerolas,
piñas, plátanos y leche, naranjas y guayabas y, como bebida alcohólica,
el brasileñísimo batido, que es cachaça mezclada con hielo picado, fruta
y azúcar. ¡Una delicia!
En São Paulo se pueden degustar comidas de todo el mundo y de buena
calidad. Se puede viajar gastronómicamente por el globo sin dejar los
barrios de São Paulo.
La comida italiana es naturalmente la más apreciada y dicen incluso que
la pizza brasileña es mejor, con creces, que la napolitana... Los chinos
fueron los primeros que presentaron una comida exótica y, aceptados muy
pronto, hoy tienen cadenas de fast-food y comida para llevar. Los
restaurantes japoneses, desconocidos durante mucho tiempo, se pusieron
de moda hace algunos años y llegaron para quedarse.
La nueva generación ya no sabría vivir sin un sushi. Los franceses han
hecho de São Paulo su reducto, muchos se casaron con brasileñas y
defienden el producto nacional con uñas y dientes.
Comer bien, en buenos restaurantes en Sao Paulo, no resulta barato, pero
sí muy fácil. La ciudad camina a pasos largos para ser uno de los
grandes centros gastronómicos del mundo.
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SALUD
Brasil cuenta con
excelentes servicios médicos, pero los tratamientos médicos son
costosos. Por lo mismo es preferible adquirir un seguro médico temporal
privado
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SEGURIDAD
¡Hay inseguridad
ciudadana! Le recomendamos de no salir solo y no llevar mucho dinero en
efectivo consigo.
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¿QUÉ VISITAR?
Río de Janeiro
Rodeado por el océano a un lado y por las montañas al otro, Río de
Janeiro, uno de los lugares más bellos del mundo, concentra unos siete
millones de habitantes, conocidos como cariocas, que disfrutan de
placeres a los que no todo el mundo tiene acceso: las playas, el culto
al cuerpo, la samba, la cerveza, el fútbol y la cachaça, un aguardiente
casero.
Pero Río también tiene problemas, y muy graves: una tercera parte de la
población vive en favelas (chabolas), que cubren muchas laderas de las
colinas; la población más pobre no dispone de escuelas, médicos o
empleos; el consumo de drogas y la violencia son problemas endémicos; y
la corrupción y la brutalidad policial están muy extendidas. Río es
considerada una ciudad peligrosa, lo que ha tenido como consecuencia una
drástica reducción del turismo en los últimos años. Actualmente, existe
una unidad policial especial encargada de vigilar las zonas frecuentadas
por los extranjeros en un intento por mantener su integridad física;
según los informes más recientes, su labor se está desempeñando con
éxito.
Río está dividido en una zona norte y una zona sul (zona sur) por la
Sierra da Carioca, escarpadas montañas que forman parte del Parque
Nacional da Tijuca. La cumbre del Corcovado, a 750 m de altura, coronada
por la estatua del Cristo redimido, es el lugar idóneo para hacerse una
idea de la geografía de la ciudad, con favelas en ambas laderas de la
montaña.
El
denominador común de Río es la playa, un ritual y una forma de vida para
los cariocas. La playa de Copacabana es, probablemente, una de las más
famosas del mundo, con una extensión de 4,5 km a lo largo de una de las
zonas residenciales más pobladas del planeta. Desde la ondulada playa,
pueden verse los bloques de granito que rodean la entrada a la bahía. La
playa de Ipanema es la más rica y chic de Río. Otras playas de la ciudad
o sus alrededores son las de Pepino, Barra da Tijuca, Flamengo y
Arpoador.
El Pão de Azúcar (Pan de Azúcar) es la imagen más explotada de las
tarjetas postales. Existen dos funiculares que elevan al visitante 396 m
por encima de Río y de la Bahía de Guanabara, desde donde Río de Janeiro
parece la ciudad más bonita del mundo. De la selva tropical que antaño
rodeaba Río, sólo quedan los 120 km2 del Parque Nacional de Tijuca, a
unos quince minutos de la jungla de hormigón de Copacobana, un bosque de
un verde exuberante, con bellos árboles y magníficas cascadas.
El famoso y glamouroso carnaval de Río es un espectáculo digno de ver,
aunque en otras zonas del país se celebre de forma más auténtica. En
muchos sentidos, la época del carnaval es el peor momento para ir a Río:
las tarifas de los taxis se cuadriplican; los precios del alojamiento se
triplican; y masas de visitantes acuden a la ciudad para pasarlo en
grande.
Los hoteles más económicos se encuentran en las zonas de Glória, Catete
y Flamengo. Para salir de noche y no gastar mucho dinero, se recomienda
la zona de Botafogo; en Cinelândia y Lapa, el corazón gay de la ciudad,
hay muchos locales de samba; en Leblon e Ipanema, se encuentran los
mejores clubes de moda.
Brasilia
Brasilia, capital de Brasil desde el 21 abril de 1960, es considerada
Patrimonio de la Humanidad pero, a menos que uno sea estudiante de
arquitectura, no tiene mucho más interés. Aunque su descripción en
libros parezca interesante o sus fotos den una buena impresión, verlo
todo desde allí es otro cantar. Diseñada por el arquitecto Oscar
Niemeyer, el diseñador urbano Lucio Costa y el arquitecto paisajista
Burle Marx, la ciudad fue construida en el corto espacio de tres años
(1957-1960) por millones de campesinos que trabajaron contrarreloj. Por
desgracia, el proyecto de ciudad más ambicioso del mundo se diseñó para
automóviles y aparatos de aire acondicionado, no para las personas. El
popular Parque Nacional de Brasilia, una reserva ecológica situada en la
parte norte de la ciudad, es el lugar ideal para escapar del calor
abrasador. Los burócratas y políticos se trasladan a Brasilia atraídos
por los aumentos salariales del 100% y por los grandes apartamentos que
les ofrecen pero, en cuanto llega el fin de semana, regresan a Río o São
Paulo, o a cualquier sitio menos estéril que éste. Los más pobres, que
trabajan en el sector de la construcción y en las industrias de
servicios, pasan las noches en chabolas situadas en las afueras de la
ciudad, a distancias de hasta 30 km, conocidas como "anti-Brasilias".
São Paulo
La ciudad más grande de Suramérica es una ciudad de inmigrantes y
barrios étnicos. Situada en una meseta, se estima que la población de
esta megalópolis ronda los veinte millones de habitantes, muchos de
ellos descendientes de inmigrantes italianos y japoneses. El gran
desarrollo industrial y la diversidad cultural han convertido a São
Paulo en la ciudad con la clase media más numerosa, más variada y mejor
educada de Brasil. Sus habitantes son gente activa y bien informada y,
aunque a menudo se quejan de los problemas de tráfico, de la violencia
callejera y de la contaminación, no se imaginan vivir en otro lugar que
no sea éste. São Paulo puede resultar un lugar intimidatorio, pero los
que prefieran las grandes ciudades podrán disfrutar de la actividad y la
vida nocturna de una de las ciudades más dinámicas del mundo. Entre los
lugares de interés, destaca el Teatro Municipal, de estilo barroco; el
edificio Copan de Niemeyer; el Museo de Arte de São Paulo (MASP); y el
Patio do Colégio, del siglo XVI.
La Selva del Amazonas
La selva del Amazonas es un gigantesco mosaico de ríos y bosques que
cubre la mitad del país y se extiende también a los países vecinos. El
tramo del río Amazonas fluye entre las ciudades de Manaus y Belém;
gracias a la unión de varios ríos, proporciona una ruta navegable a las
embarcaciones que se dirigen al océano del extremo sur del continente.
La selva aún conserva muchos de sus secretos, ya numerosos afluentes del
río siguen inexplorados. De las 15.000 especies que se estima existen en
el Amazonas, quedan aún por clasificar miles de tipos de aves y peces y
cientos de mamíferos. Entre las especies animales conocidas -algunas más
comunes, otras más exóticas y otras prácticamente extinguidas-, se
encuentran jaguares, tapires, pecaríes, monos araña, perezosos,
armadillos, caimanes, delfines de río, boas constrictor y anacondas. En
cuanto a las aves, pueden verse tucanes, loros, guacamayos, colibríes y
halcones; existen también más de 1.800 especies distintas de mariposas y
más de 200 de mosquitos. El río alberga tal diversidad de peces, como
pirañas, tucunarés, piraracus, pintados y anguilas eléctricas, que a los
biólogos les resulta imposible identificar casi una tercera parte de las
capturas que se venden en los mercados de Belém.
El punto de partida de la mayoría de las excursiones que se realizan al
Amazonas es la ciudad de Manaus, situada a orillas del Negro, a 10 km
río arriba de la confluencia de los ríos Solimões y Negro, que se unen
para formar el Amazonas. Aunque Manaus es descrito en innumerables guías
de viaje como la tierra de las maravillas del Amazonas, la verdad es que
la ciudad tiene pocos atractivos y un alto índice de delincuencia. Su
símbolo más significativo es el Teatro Amazonas, un teatro de la ópera
de estilo renacentista, diseñado por Domenico de Angelis en 1896,
durante el período de auge del comercio del caucho.
Las excursiones de un día y las rutas en barco río arriba proporcionan
un contacto muy directo con la vegetación de la selva y con la abundante
variedad de aves existentes; además, brindan la oportunidad de ver la
forma de vida de los caboclos (los habitantes de los pueblos del río
Amazonas) en los alrededores de Manaus. No se verán, sin embargo, ni
tribus de indios ni manadas de animales en libertad, ya que en ambos
casos el encuentro con el hombre ha sido sinónimo de destrucción y, por
tanto, tienden a huir de las zonas de fácil acceso.
El Pantanal
A pesar de que el Amazonas se lleve toda la gloria, el mejor lugar con
diferencia para contemplar la vida salvaje es el Pantanal. Esta extensa
zona de pantanos, del tamaño de la mitad de Francia, se encuentra
situada en el extremo oeste de Brasil y se extiende a las regiones
fronterizas de Bolivia y Paraguay. La fauna más común son las aves,
aunque el Pantanal es también un santuario para nutrias gigantes de río,
anacondas, iguanas, jaguares, pumas, cocodrilos, ciervos y osos
hormigueros. A la zona, poco habitada y carente de poblados, se accede
por la carretera de Transpantaneira, que conduce a la aldea de Porto
Jofre, donde se puede encontrar un solo hotel. Desde la ciudad de Rio
Paraguai, en la frontera con Bolivia, se organizan rutas en barco. La
ciudad tiene fama de ser un centro de contrabando de armas, narcotráfico
y caza furtiva, por lo que se recomienda precaución.
Salvador
da Bahia
Bahía es el estado más africanizado de Brasil. Su capital, Salvador da
Bahia (a menudo abreviado como Salvador), es una ciudad fascinante, con
multitud de edificios históricos y playas tan maravillosas que resulta
muy difícil escoger una. Fundada en 1549, durante 300 años fue
considerada la ciudad más importante de Brasil y la segunda del imperio
portugués, después de Lisboa. Centro del comercio del azúcar, era
conocida por sus iglesias repletas de oro, sus bellas mansiones, sus
frenéticos festivales y, en general, por su sensualidad y decadencia. El
carnaval en Salvador es merecidamente famoso y atrae cada año a multitud
de turistas. También pueden visitarse sus 34 iglesias coloniales, el
Museo Afro-Brasileño, dedicado a la cultura negra, y el Elevador Lacerda,
una estructura art déco de ruidosos ascensores eléctricos, que sube y
baja 85 m en menos de quince segundos y transporta diariamente a más de
50.000 pasajeros entre el puerto y la parte histórica de la ciudad,
situada sobre una colina.
Cataratas de Iguazú
El río Iguazú nace en las montañas costeras de Paraná y Santa Catarina,
la Serra do Mar, y fluye hacia el Oeste a lo largo de 600 km, antes de
ensanchar su cauce de forma majestuosa; recorre la selva y, en la
frontera con Argentina y Paraguay, forma cascadas escalonadas de más de
3 km de ancho y 80 m de alto. La mejor época del año para visitar las
cataratas es entre agosto y noviembre, cuando hay menos riesgo de
inundación de la zona de acceso a las pasarelas.
Jericoacoara
Jericoacoara es la última playa de moda entre los viajeros y los
brasileños más hippies. Situado en un lugar remoto y salvaje de la costa
de Ceará, al noroeste de Fortaleza, este pequeño pueblo de pescadores
alberga palmeras que se hunden en dunas de arena frente a las jangadas
(veleros) atracadas en la amplia playa gris. Por sus arenosas calles
vagan sin rumbo fijo cerdos, cabras, ovejas, caballos, burros y perros.
Todas las noches se organiza un forró donde se puede disfrutar del
baile. También se pueden realizar otras actividades: escalar las dunas;
dar un paseo en jangada y caminar hasta Pedra Furada, una roca situada a
3 km en dirección este siguiendo la línea de la costa; o alquilar un
caballo y llegar a Mangue Seco, un pueblo aún más pequeño, a 18 km en
dirección oeste bordeando la playa.
Olinda
Olinda es una de las ciudades coloniales mejor conservadas de Brasil.
Disfruta de un enclave elevado privilegiado, con vistas a Recife y al
Atlántico; a su parte histórica se asciende por tortuosas calles. Sin
embargo, la vida aquí es todo menos tranquila. Se trata de una ciudad
muy activa, con una amplia oferta cultural; los edificios coloniales
están habitados por artistas, estudiantes y bohemios. Las iglesias,
museos, galerías de arte y conventos compiten con los restaurantes al
aire libre y los mercados, que atraen a lugareños y turistas por igual.
El carnaval de Olinda es un gran acontecimiento que, gracias a su
escenario histórico y al carácter jovial de sus gentes, proporciona una
sensación de seguridad e intimidad de la que carecen los demás.
Parque Nacional da Serra da Chapada dos Veadeiros
Este pintoresco parque nacional se encuentra situado en la zona de mayor
altitud del centro-oeste del país, exactamente a 200 km al norte de
Brasilia, la capital. Sus grandes cascadas, piscinas naturales y bosques
de palmeras la han convertido en un destino escogido para el turismo
ecológico. Entre su fauna, destacan los lobos de crin, osos hormigueros,
armadillos gigantes, capibaras, tapires, ñandúes, tucanes y buitres. El
parque posee una zona de acampada y, en los alrededores, existen algunos
lugares donde alojarse.
DEPORTES / ACTIVIDADES
Existen muy buenos lugares para practicar ala delta en Río,
especialmente en la zona de Pedra Bonita, cerca de la playa de Pepino.
El surf es un deporte muy popular a lo largo de toda la costa, tanto en
Río como en el estado sureño de Santa Caterina, donde el oleaje es
especialmente fuerte. Para practicar la vela, los lugares ideales son
Búzios y los grandes puertos deportivos esparcidos por toda la costa.
Tierra adentro, el río Araguaia, en Goiás y Tocantins, es conocido como
el paraíso de la pesca. Para practicar la escalada, se recomienda Río y
sus alrededores, además de los parques estatales y nacionales; para
hacer excursionismo, lo ideal es la zona costera. El fútbol es la
obsesión nacional y, si uno sabe jugar o entiende del tema, se convierte
automáticamente en el centro de atención.
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ESTUDIAR Y EMIGRAR
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LIBROS
-
Lamb, Frank Bruce: Un
brujo del Alto Amazonas : la historia de Manuel Córdova-Ríos, José J.
de Olaña Editor, Palma de Mallorca, 1998.
-
Machado de Assis:
Cuentos, Ediciones de cultura hispánica, Madrid, 1999.
-
Amado, Jorge. Gabriela,
clavo y canela, Plaza & Janés, Barcelona, 1994 y Doña Flor y sus dos
maridos, Alianza Editorial, Madrid, 1998.
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