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Suiza

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Suiza
comparte frontera con Italia, Francia, Alemania, Austria y Liechtentein.
Posee una georografía sumamente montañosa ya que casi el 50% de su
territorio se encuentra por encima de los 1.000 metros de altitud.
Geográficamente puede dividirse en tres grandes áreas: los Alpes, que
cubren más de la mitad del territorio suizo; las altiplanicies, que
suponen casi un 40% y el Jura. Entre los Alpes y el Jura se extiende un
territorio de colinas y altiplanos que concentra la mayoría de los 200
lagos suizos.
En esta zona se encuentra el lago Leman, el de los Cuatro Cantones y el
de Zurich. Los restantes lagos se encuentran, por orden de importancia,
en la zona italiana, en el Ticino, y lo forman el lago Mayor y el de
Lugano. Los valles más importantes están esculpidos por los cursos de
los ríos Ródano, Rhin y Aar.
El paisaje suizo es, en líneas generales, realmente espectacular, tanto
por sus valles y montañas como por las cascadas que forman las nieves en
su deshielo. El color dominante en todo el territorio es el verde de la
vegetación y el blanco de la nieve.
Alrededor del 5% de la superficie del país está cubierta de glaciares y
las nieves perennes se sitúan en torno a los 3.300 metros. La vegetación
del país es tributaria del clima y el suelo, por ello, hasta los 1.500
metros de altitud dominan los bosques de coníferas. A partir de los
2.200 metros los árboles dejan paso a los pastos y, a partir de los
3.000 metros, desaparece la vegetación y surge el reino mineral.
Suiza tiene una población
de alrededor de siete millones de habitantes, unidos a pesar de sus
particulares universos, incluido el de las lenguas que cada zona
comparte con sus países vecinos.
Se trata de gente pacífica, amable y condescendiente. Las ciudades son
prósperas, limpias y modernas, mientras que en la zona de las montañas
vive gente aún muy apegada a las tradiciones. Festivales y ritos,
acompañados de vestimenta típica son algunas de las costumbres que podrá
observar el viajero que se introduzca en las montañas.
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Nombre oficial:
Confederación Helvética
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Superficie: 41.295 km²
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Población: 7.310.000 hab.
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Capital: Berna
(población: 130.000 hab.)
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Nacionalidades y etnias:
74% alemanes, 20% franceses, 4% italianos, 1% romanches
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Idioma: alemán, francés,
italiano (oficiales) y romanche
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Religión: 49% católicos,
48% protestantes
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Régimen político:
república federal
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Presidente: Pascal
Couchepin
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PIB: 233.400 millones de
dólares
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PIB per cápita: 32.000
dólares
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Crecimiento anual: 2%
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Inflación: 2%
-
Principales recursos
económicos: banca, seguros, industria farmacéutica y química,
instrumentos de precisión, turismo
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Principales socios
comerciales: Unión Europea (especialmente Alemania, Francia, Italia y el
Reino Unido), Estados Unidos, Japón
-
Miembro de la UE: no
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HISTORIA
Suiza estuvo poblada en la antigüedad por tribus celtas que fueron
derrotadas por los romanos, quienes se adueñaron de todo el territorio,
al que denominaron Helvetia. Los asentamientos primitivos, que acabaron
dando paso a poblaciones importantes, se realizaron en los lugares más
estratégicos de los Alpes.
Los romanos fueron cediendo terreno paulatinamente en su dominio de la
región a las tribus germánicas que, en torno al siglo V, ya dominaban
casi todo el territorio suizo. Posteriormente, el país pasó a depender
del Sacro Imperio Romano Germánico, sin embargo, el debilitamiento de
este poder centralizado provocó que algunas dinastías feudales, entre
ellos los Habsburgo, se hiciesen los dueños reales de algunas regiones.
En 1291, los cantones de Uri, Schwyz y Nidwalden, al que posteriormente
se les sumó Obwaldem, forman una liga contra los Habsburgo. Esta unión
está considerada el embrión de lo que más tarde sería la Confederación
Helvética. Lucerna, Zurich, Glaris, Zoug y Berna se unieron más tarde a
la federación, formando una unión de ocho cantones a la que poco a poco
se fueron integrando otras regiones.
Durante el siglo XVI, las reformas religiosas predicadas por Zwingli y
Calvino encontraron en algunos cantones un amplio respaldo que provocó
un cisma religioso entre ellos. Algunos de ellos permanecieron fieles al
catolicismo, pero otros abrazaron la Reforma Protestante. Tras
diferentes conflictos armados, la Paz de Westfalia pone fin en 1648 a la
Guerra de los Treinta Años y trece cantones declaran su independencia
del Sacro Imperio.
En 1798, los ejércitos napoleónicos entran en Suiza e imponen una
Confederación donde todos los cantones son iguales entre sí. Al terminar
la guerra, con la derrota de Napoleón por los ejércitos aliados, el
Congreso de Viena de reconoce en 1865 la nueva confederación y los
suizos declaran su neutralidad perpetua.
En 1848, tras un intento separatista de los cantones católicos saldado
por la fuerza de las armas, se establece una nueva constitución y un
nuevo estado federal. En 1874 se reforma la constitución para reforzar
el poder federal. Desde esta fecha, Suiza se ha mantenido neutral en los
diferentes conflictos que han azotado Europa.
Suiza rechazó en referéndum integrarse en la Organización de Naciones
Unidas y ha declinado pertenecer a los diferentes organismos surgidos
tras la Segunda Guerra Mundial que supongan un alineamiento. Pese a
ello, está integrada en numerosas fundaciones comerciales y humanitarias
y, curiosamente, sirve de sede a las organizaciones más importantes de
Naciones Unidas.
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CULTURA
Suiza ha dado a Europa grandes pensadores y artistas como el pintor Paul
Klee; el novelista y dramaturgo Max Frisch; Paracelso, fundador de la
ciencia médica moderna; el arquitecto Le Corbusier, abanderado de la
arquitectura vanguardista; el filósofo Jean Jacques Rousseau o el
psiquiatra Carl Gustav Jung.
Sin embargo, tal vez lo más característico del arte suizo sea su
arquitectura tradicional y su rico folclore. De su arquitectura tenemos
excelentes ejemplos en ciudades como Berna, Friburgo o Lucerna. En
poblaciones más pequeñas como Andermatt, Gruyere, Brunnen o Meiringen o,
incluso, en las rústicas casas de sus montañas (las schali del Oberland
Bernois, que han dado origen al característico chalet suizo)también se
puede disfrutar de interesantes muestras del estilo arquitectónico
suizo. Tampoco hay que dejar de visitar, si el viaje lo permite, los
raccard del Valois y las casas appenzellesas.
La tradición folclórica suiza es muy variada y pintoresca. Desde el
Appenzell hasta los Alpes del Valais, la gente aprovecha cualquier
ocasión para celebrar una fiesta, así no sólo se celebra el regreso del
ganado, sino también su partida hacia los pastos de montaña.
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FIESTAS
Los días festivos en el país son: el 1 de enero, Año Nuevo; Viernes
Santo; el Lunes de Pascua; el Día de la Ascensión; Pentecostés; 1 de
mayo; 15 de agosto; 25 y 26 de diciembre.
Además de las reseñadas, Suiza tiene múltiples fiestas populares,
algunas de las cuales están directamente relacionadas con las
actividades agrícolas o ganaderas mientras que otras están ligadas con
las tradiciones gremiales.
Las fiestas populares más interesantes son el Carnaval de Basilea, que
se celebra durante la semana que sigue al miércoles de ceniza; la
Gryffemähli (fiesta del grifo),que se celebra en Basilea durante el mes
de enero; el Zürcher Knabenschiessens, el festival de tiro juvenil de
Zurich que
tiene lugar el segundo fin de semana de septiembre; el Kalusjagen, el
desfile de invierno, de Oberägeri; el Räben-Kilbi, o feria de la
Remolacha, en Richterswill y la Maibärenfest o Fiesta del Oso de Mayo,
que se celebra en Bad Ragaz.
Los suizos celebran todas estas fiestas ataviados con vestimentas
típicas y curiosos instrumentos musicales. Las vacas y el ganado tampoco
se libran de adornos curiosos según la festividad.
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CLIMA
El clima suizo está dominado por la cadena alpina que cubre gran parte
del territorio. Posee las características típicas de las montañas: frío
y copiosas nevadas. Sin embargo, en invierno las temperaturas son más
benignas en las regiones alejadas de las formaciones montañosas. La zona
más atemperada se produce en la región del Ticino, que es un área de
transición hacia el Mediterráneo.
Las precipitaciones son abundantes, y en las cotas más altas de las
cadenas montañosas se registran las lluvias más copiosas. Las
precipitaciones se producen en su mayoría durante la primavera y el
otoño.
La mejor época para visitar Suiza es de abril a septiembre porque es
cuando el tiempo es más agradable y los puertos de montaña se encuentran
abiertos. Sin embargo, Suiza es un destino fantástico en invierno para
los amantes del esquí.
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DOCUMENTACION
Los ciudadanos de la
Unión Europea y Estados Unidos no requieren visado; tampoco lo requieren
los naturales de los países latinoamericanos a excepción de bolivianos,
colombianos, ecuatorianos, peruanos y cubanos, que precisarán un visado
para una estancia máxima de tres mesesPara mas información
sobre visas, visite
http://www.auslaender.ch
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DINERO
La moneda es el franco suizo, que se divide en 100 céntimos. No existen
problemas en el país para pagar con tarjeta de crédito, la mayoría de
los establecimientos aceptan las tarjetas más importantes. La tarjeta
menos aceptada es la American Express.
Suiza no es miembro de la Unión Europea, sin embargo sus relaciones
comerciales son preferentes, por lo que no hay problemas con los
productos que se adquieran.
Relación aproximada de
precios:
Comida
- Presupuesto bajo: entre
5 y 10 dólares
- Presupuesto medio: entre 10 y 20 dólares
- Presupuesto alto: a partir de 25 dólares
Alojamiento
- Presupuesto bajo: entre
10 y 40 dólares
- Presupuesto medio: entre 40 y 70 dólares
- Presupuesto alto: a partir de 70 dólares
Los precios en Suiza son
más elevados que en ningún otro país europeo. El visitante con un
presupuesto ajustado puede vivir con unos 30 dólares diarios si adquiere
un abono de tren, se aloja en albergues y se alimenta con lo que va
comprando. Residir en pensiones, comer fuera y disfrutar de la vida
nocturna significa como mínimo doblar esta cantidad.
Se aceptan los cheques de viaje y las principales tarjetas de crédito.
No se cobra comisión al canjear metálico o cheques, aunque es
recomendable averiguar cuáles son las mejores tarifas (los hoteles
suelen aplicar las peores). Raramente es necesario dar propinas, puesto
que los complejos hoteleros, restaurantes y bares incluyen por ley un
15% en concepto de servicio; también los taxis lo suelen aplicar.
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DESPLAZAMIENTOS
En coche
El automóvil es un buen medio de transporte si se tiene en cuenta las
escasas dimensiones del país. Las carreteras son excelentes y las
autopistas buenas (recuerde que si desea utilizarlas debe comprar antes
el adhesivo de tránsito porque no hay peajes). Hay que tener presenta
que a partir del mes de octubre es fácil encontrar muchos puertos de
montaña cerrados, sin embargo, se puede salvar esta contingencia
haciendo el trayecto en el propio coche pero montado en el tren.
Los controles de la policía suiza de tráfico suelen ser habituales, así
que se recomienda respetar los limites de velocidad, tanto en ciudad
como en autopista, si no quiere tener que pagar las elevadas multas con
las que se sancionan las imprudencias al volante.
En tren
Suiza posee una magnífica red de ferrocarriles, un medio ideal para
recorrer el país, no sólo por su calidad y precio, sino también porque
muchos recorridos son realmente magníficos e inaccesibles en automóvil.
Existen trenes panorámicos dedicados a hacer recorridos turísticos.
En autobús
Muchas pequeñas poblaciones son verdaderamente inaccesibles en coche,
sin embargo, los autobuses PTT, que reparten el correo, llegan hasta los
lugares más inverosímiles. También son una excelente idea como medio de
transporte.
En teleférico
Por último señalar que numerosas montañas y cumbres son accesibles con
teleféricos o telecabinas que, aunque no son siempre baratos, ofrecen
excelentes panorámicas.
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GASTRONOMIA
Es
difícil hablar de una cocina nacional suiza cuando su tradición
culinaria se basa, por su geografía, en tres culturas culinarias
distintas: la francesa, la alemana y la italiana. Por ello no es de
extrañar que siendo un país tan pequeño las costumbres se entremezclen
entre sí y se acaben fusionando.
Lo mejor de su cocina son sus excelentes productos, desde la carne a la
leche, pasando por las hortalizas.
El pescado de Neuchatel,
la carpa del Rhin, los quesos, el chocolate (fueron sus inventores) o
los vinos del Valois tienen merecida fama.
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SALUD
No existen problemas sanitarios de ningún tipo, por lo que no es preciso
ningún tipo de vacunación para viajar a este país.
En junio de 2002 España y Suiza firmaron un convenio por el que los
españoles tendrán derecho a recibir asistencia médica en Suiza
presentando el formulario 111 (facilitado por la Seguridad Social).
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SEGURIDAD
No existen en el país problemas de seguridad. Tan sólo las grandes urbes
ofrecen niveles de inseguridad ciudadana similares a otras ciudades del
continente, sin embargo, en Suiza el riesgo es incluso menor que en la
mayoría de las capitales europeas.
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¿QUÉ VISITAR?
Berna.
Berna es la capital y el centro del poder político. Se encuentra en un
meandro del río Aar y posee un centro urbano plagado de abigarradas y
pintorescas calles de inconfundible aspecto medieval que han sido
declaradas por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.
En un recorrido por la ciudad no debemos dejar de visitar la iglesia
Heiliggeist, un edificio barroco que data de 1726; la Markgasse, la
calle principal del casco histórico; la Käfigturm o Torre de los
Prisioneros; la Torre del Reloj (Zytgloggeturm), que constituía la
puerta oeste de la antigua villa (su célebre carillon se pone en marcha
cuatro minutos antes de cada hora con un desfile de curiosos personajes
pintados); el Bundeshaus o Parlamento Federal; la Catedral de San
Vicente, de estilo gótico; el puente de la Nydegg, que franquea el Aar y
ofrece una magnífica vista sobre las casas construidas sobre el bucle
del río; el Museo de Bellas Artes o el Jardín Botánico. Además hay que
rendir tributo a la ciudad.
El nombre de Berna significa «oso», que fue el nombre adoptado por el
fundador de la ciudad cuando mató a uno de estos animales. Desde
entonces este símbolo ha estado unido a la ciudad y ésta les hace un
homenaje en el Bärengraben, el foso de los osos. En realidad no es
ninguna gran atracción, pero es una visita interesante, sobre todo si se
viaja con niños porque los osos encantarán a los más pequeños ya que se
saben todas las triquiñuelas para conseguir algo de comida del
visitante.
Lucerna.
Lucerna se encuentra al borde del lago de los Cuatro Cantones en un
paraje realmente precioso. La prosperidad de la ciudad en su época
medieval queda perfectamente reflejada en las casas del centro de la
ciudad y en los puentes de madera que cruzan el río Reuss. El más
característico es el Kapellbrücke, de 200 metros de longitud, que posee
una estructura con techo y describe una curva en su trazado hasta
alcanzar la orilla opuesta.
El puente original databa del siglo XIV pero fue destruido por un
incendio en 1993. El actual es una fidelísima reconstrucción que ha
cuidado hasta el más mínimo detalle su reproducción, incluidas las
características pinturas que figuran en las vigas de la techumbre.
El Altes Rathaus, el antiguo Ayuntamiento, construido en 1602; la
Hirschenplatz, rodeada de mansiones de bella estructura con las fachadas
pintadas; el Weinmarkt, una plaza situada en el corazón del casco
histórico con casas pintadas; el puente de Spreuer, con sus
características pinturas de «la danza macabra»; el Regierungsgebäude, un
palacio de estilo florentino o la iglesia de los Franciscanos son
algunos de los lugares más interesantes que encontramos en la ciudad.
A sólo 15 kilómetros de la ciudad se encuentra el monte Pilatus, al que
se accede en un tren a cremallera, que ofrece unas extraordinarias
panorámicas de todo el entorno. Algo más lejos se encuentra el Rigi, a
24 kilómetros, pero no menos interesante de visitar.
Ginebra.
Ginebra fue la ciudad donde Calvino impartió sus doctrinas y durante
muchos años fue «la Roma Protestante» y tierra de asilo para los
perseguidos por sus creencias en los vecinos territorios católicos. Hoy
esta urbe, que no ha perdido su viejo aire de ciudad adusta, es ciudad
de banqueros y sede de numerosos organismos oficiales.
La parte histórica se ubica en el centro de la ciudad, donde se
encuentra la catedral, restaurada y con restos de una iglesia
paleocristiana, desde cuya torre se ofrece una magnífica vista de la
ciudad; el Ayuntamiento, en cuyo interior se fundó la Cruz Roja y la
Universidad vieja.
Muy cerca se encuentra la iglesia ortodoxa rusa de estilo neobizantino
con las cúpulas cubiertas de pan de oro. El puente de Mont Blanc; la
Grande rue; la casa Tavel o el Petit Palais son algunos de los lugares
más interesantes que la ciudad ofrece. En el lago se encuentra el
símbolo de la ciudad: el Jet d’eau, un surtidor de agua que eleva su
chorro a más de 100 metros de altura y que es visible desde cualquier
punto alto de la ciudad.
Laussanne.
Laussane fue en el medievo una ciudad episcopal que conserva gran parte
de su atractivo pese a haberse convertido en centro económico y
financiero de grandes multinacionales. Está enclavada en un terreno
bastante escarpado con calles empinadas y escaleras.
En su casco antiguo cabe destacar la plaza Palud, flanqueada por las
arcadas del Ayuntamiento renacentista y con una fuente en su centro; la
catedral gótica reconvertida en iglesia protestante; la torre que ofrece
una excelente panorámica de toda la ciudad y del lago; el palacio de
Rumine o la zona de Ouchy, que corresponde a todo el frontal del lago
que se ha convertido en un reputado centro hotelero.
Lago Leman.
Las dos principales ciudades del lago Leman son Ginebra y Lausanne. Sin
embargo, existen muchas otras pequeñas poblaciones e incluso enclaves
que merecen una detenida visita.
Recorrer el lago ya es en sí mismo un auténtico placer, tanto por las
carreteras que lo bordean como si se navega en alguna de las muchas
embarcaciones que la surcan. Poblaciones como Vevey, desde donde se
puede hacer una agradable extensión al monte Pèlerin, que permite una
excelente panorámica del lago; Montreux, una ciudad encantadora, desde
donde se puede acceder al Rochers de Naye de 2.042 metros de altitud
mediante un tren de cremallera o a la cima de les Pleiades, de 1.360
metros; o el cercano castillo de Chillon, enclavado en el mismo lago
cuya esbelta figura se refleja en las aguas, son algunos de los lugares
más interesantes que encontramos en las orillas de esta gran superficie
de agua.
Zúrich.
Zúrich se encuentra enclavada junto al Zürichsee, el lago en el que
desemboca el río Limmat, que atraviesa la ciudad. Es una ciudad en la
que la modernidad y la actividad comercial se entremezclan con las
callejuelas peatonales de su casco histórico: el Niederdorf.
Los lugares más interesantes que encontramos en esta urbe son la iglesia
Zürich-Altstetten, dominada por una elegante y alta torre; la iglesia de
los santos Félix y Régula, de moderno diseño; la Catedral, un imponente
edificio que data del siglo XI, en donde comenzó a predicar su doctrina
Zwingli y el Lindenhof, un antiguo bastión.
Tan interesante como la propia ciudad son las excursiones que se pueden
realizar para visitar el Uetliberg, el Wildpark Langenberg, el castillo
de Irgenhausen Römisches o Rapperswif. En cualquier caso, no se pierda
una excursión en barco por el lago y un recorrido a pie por el
Niederdorf.
Basilea.
Basilea es una ciudad eminentemente industrial y este carácter en un
país que ofrece numerosos lugares de interés al viajero hace que en
muchas ocasiones se obvie su visita. Sin embargo, el barrio medieval de
Basilea es de una belleza incuestionable. Las viejas callejas de su
casco histórico son una auténtica delicia; la fuente de Holbein; la
puerta de Spalen; la iglesia de St. Peters; el paseo de Oberer Rheinweg,
que permite una excelente vista de la orilla del río; la fuente del
Mercado del Pescado o la Catedral, construida en piedra arenisca que
data del siglo XII son sólo algunos de los muchos lugares de interés que
presenta la ciudad.
Los Grisones.
Esta región es el cantón más grande de Suiza y en él encontramos algunos
de los enclaves más conocidos del país. Es una región de una orografía
bastante dura que durante mucho tiempo provocó el aislamiento de muchas
de sus zonas. A diferencia de otros lugares del territorio sus valles
son de una desoladora belleza, sin embargo, eso no es obstáculo para que
encontremos poblaciones de singular belleza como St. Moritz, Davos, Chur
o Silvaplana. Esta zona, fronteriza con Italia y Austria merece la pena
recorrerla en coche, para apreciar sus múltiples paisajes, y en tren,
especialmente el Bernina, ya que ofrece un extraordinario trayecto. St.
Moritz es una población realmente privilegiada por su entorno: no se la
pierda.
El Oberland Bernes.
Esta es, seguramente, la región alpina más espectacular de toda Suiza.
La mítica montaña del Eiger, desafío de alpinistas, el Mönch o la
Jüngfrau, se encuentran en este territorio. El valle de Lauterbrunnen es
uno de los más fascinantes de los Alpes con paredes que casi alcanzan
los 300 metros y desde cuyas alturas se precipitan cascadas de agua.
Grindelwald, Wengen, Interlaken o Thun son encantadoras poblaciones que
encontramos en esta región.
El viajero no debe perderse, si tiene oportunidad, el recorrido en tren
hasta la Jungfraujoch; las Trümmelbachfalle, una serie de atronadoras
cascadas que discurren por el interior de la montaña; la subida al
Schilthorn, con sus 2970, o recorrer los pasos del Furka, con su
glaciar, el Oberal, el Grimsel y el Susten ya que tendrán ocasión de
contemplar panorámicas y paisajes que cortan la respiración.
Resto de Suiza.
Los lugares interesantes y las poblaciones que merecen una detenida
visita no se agotan en la descripción efectuada de los lugares más
relevantes pero no los únicos que tienen un evidente interés turístico.
La zona alpina de Vaudois, Brienz, el Val de Conches, el valle de Sion
con las estaciones de Crans, Sierre y Montana, Friburgo, la ruta del
Forclaz, el encantador valle de Gruyère; la zona suiza del Jura; Locarno,
Lugano y Ascona en el Ticino; el macizo del San Gotardo; el San
Bernardino; les Diablerets o Zermatt, una población que duermea los pies
del monte Cervino y en la que no pueden entrar los coches son lugares y
poblaciones que merecen una detenida vista.
Suiza tiene una extensión territorial reducida, por ello, parece que es
un territorio que requiere poco tiempo de viaje para su contemplación,
sin embargo, el viajero siempre necesitará más tiempo del que le ha
dedicado para poder disfrutar con plenitud de los múltiples encantos que
esta tierra posee.
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DEPORTES
Hablar de turismo activo en Suiza es hablar de todas aquellas
actividades relacionadas con la nieve, los lagos, las altas cumbres, los
ríos de montaña y los altos prados. Esquí incluso en verano, puenting,
barranquismo, descenso de aguas bravas, bicicleta de montaña, canoa,
kayak, parapente, alpinismo, escalada, trekking, equitación, senderismo,
rafting, esquí acuático, navegación a vela y un largo etcétera componen
el abanico de actividades que se pueden realizar.
Suiza es el paraíso del turismo activo y son miles las personas que cada
año se desplazan a este pequeño país para poder practicar alguno de
estos deportes.
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ESTUDIAR Y EMIGRAR
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te pueden ayudar a estudiar o emigrar al exterior.
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LIBROS
Literatura
Max Frisch es uno de los autores claves no sólo de la literatura suiza,
sino de las letras en lengua alemana. Sus obras, entre las que destacan
'Homo Faber' y 'El Incendiaris', son una reflexión sobre la identidad
del hombre moderno.
Hugo Loetscher, uno de los escritores suizos con mayor proyección
internacional, relata en 'Coronas de muerte' la vida en Zúrich durante
el periodo de entreguerras.
Guías de viaje
'Suiza'. Ed. Gaesa. 438 páginas. Julio de 2000. En esta guía se
encuentran muchas pistas para preparar el viaje: alojamientos,
restaurantes, destinos, rutas y sugerentes propuestas para sacar el
máximo provecho de la estancia en Suiza.
'Suiza'. Ed. Salvat. 766 páginas. Marzo de 2001. Escrita por un nutrido
grupo de colaboradores y viajeros, las guías TROTAMUNDOS de Salvat
suelen ser una buena compañía para el viaje. Información práctica y
abundante.
'Suiza y Liechtenstein', de Gerry Crawshaw. Ed. Anaya Touring. 128
páginas. Febrero de 2000. Esta guía ofrece bastante información sobre
alojamientos para toda clase de bolsillos, restaurantes, itinerarios,
costumbres, e incluso la vida nocturna de las principales ciudades
suizas.
Si desconoce el alemán, le puede ser muy útil el manual alemán-español
con las palabras y expresiones más frecuentes (pronunciación incluida)
'Alemán para viajar'. Ed. Santillana. Colección de El País Aguilar. 175
páginas. Año: 2004. Y 'Francés para viajar'. Ed. Santillana. Colección
de El País Aguilar. 174 páginas. Año: 2004.
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