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Francia

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Libros
Los franceses escribieron el libro sobre la vie en rose y obsequiaron al
mundo con la crème brûlée y el camembert, con el Tour y la torre Eiffel,
con Simone de Beauvoir y Claude Debussy. Así que, si tienen un orgullo
nacional muy arraigado, ¿quiénes somos nosotros para juzgarlos? Aunque
la omnipresencia de los Levis y los Macdonald's inquietan a los puristas
de la cultura del país, cualquier actividad -desde pasar un año en
Provenza hasta un fin de semana en París- explicará por qué medio mundo
sueña con pasear por las calles de Cyrano o ir de picnic al estilo de
Manet. Francia ha sido sinónimo de romanticismo durante más tiempo del
que nuestros abuelos son capaces de recordar, así que tanto si uno
recorre París como si visita los Pirineos, la Costa Azul o un albergue
juvenil, es conveniente asegurarse de mantener a raya la imaginación, de
no hacerse demasiadas expectativas y de mantener la joie de vivre (ganas
de disfrutar de la vida).
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Nombre oficial: República francesa
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Superficie: 551.000 km²
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Población: 59.000.000 hab.
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Capital: París
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Nacionalidades y etnias: 92% franceses, 3% norteafricanos, 2% alemanes,
1% bretones y 2% otros (especialmente provenzales, catalanes y vascos)
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Idioma: francés (también: flamenco, alsaciano, bretón, vasco, catalán,
provenzal y corso)
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Religión: 90% católicos, 2% protestantes, 1% musulmanes, 1% judíos y 6%
no pertenecientes a una religión determinada
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Régimen político: democracia
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HISTORIA
El hombre ha habitado
Francia durante unos noventa mil años. Los celtas galos llegaron entre
los años 1.500 y 500 a.C. En el 52 a.C., después de varios siglos de
conflictos con Roma, Julio César les arrebató sus territorios; hacia el
final del siglo II d.C., una parte de la región había sido
cristianizada. En el siglo V, los francos (de ahí, el nombre de Francia)
y otros grupos germánicos invadieron el país.
La Edad Media estuvo
marcada por una sucesión de luchas de poder entre las guerreras
dinastías francesas. La dinastía de los capetos trajo consigo una época
de prosperidad y de renacimiento de la erudición, a pesar de las
continuas batallas contra Inglaterra por los derechos feudales. Durante
este período, Francia también estuvo muy involucrada en las Cruzadas. La
dinastía de los capetos perdió su esplendor a principios del siglo XV,
mientras Francia continuaba luchando contra Inglaterra en la Guerra de
los Cien Años (1337-1453), en la que destacó la rebelde Juana de Arco,
de 17 años.
Las persecuciones
religiosas y políticas, que culminaron en la Guerra de las Religiones
(1562-1598), continuaron amenazando la estabilidad de Francia durante el
siglo XVI. En 1572, unos tres mil hugonotes protestantes fueron
brutalmente asesinados en París. Más tarde, se les reconocieron derechos
civiles, políticos y religiosos. A comienzos del siglo XVII, el país
estaba bajo el dominio del cardenal Richelieu, que instauró una
monarquía absoluta e incrementó el peso de Francia en Europa.
Luis XIV, el rey Sol,
ascendió al trono en 1643, a los cinco años edad, y reinó hasta 1715.
Durante su reinado, persiguió a la minoría protestante, suprimió los
privilegios de la aristocracia y creó el primer Estado centralizado
francés. Pero, a medida que avanzaba el siglo XVIII, el Antiguo régimen
comenzó a ser anacrónico en relación con el resto del país y se debilitó
aún más por las ideas revolucionarias de la Ilustración, que criticaban
al régimen y al clero. La participación de Francia en la Guerra de los
Siete Años (1756-1763) y la Guerra de la Independencia de Estados Unidos
(1776-1783) fue una ruina financiera para la monarquía, y éste fue un
factor decisivo para el crecimiento de la oposición al absolutismo
francés.
A finales de 1780,
prácticamente todos los franceses tenían razones para estar hartos de
Luis XVI y su engreída mujer, la reina María Antonieta. Cuando el rey
trató de neutralizar el poder de los economistas reformistas, toda la
ciudad de París se sublevó. El 14 de julio de 1789, una muchedumbre
parisina atacó los Inválidos, se alzó en armas y tomó la prisión de la
Bastilla, el último símbolo del despotismo del Antiguo régimen. Al
principio, la Revolución estuvo en manos de los moderados, pero de su
seno surgieron los jacobinos radicales, dirigidos por Robespierre,
Danton y Marat. Ellos fueron los que instauraron la Primera República,
en 1792; durante el Reinado del Terror (1793-1794), mantuvieron al país
bajo un control dictatorial que dio lugar a ejecuciones masivas y
persecuciones religiosas. Finalmente, la Revolución se volvió contra
ellos, y muchos de sus líderes, entre ellos, Robespierre y Danton,
fueron decapitados en la guillotina.
El veleidoso Napoleón
Bonaparte, que había cosechado gran número de victorias militares en el
extranjero, asumió el poder en 1799 y entabló una serie de guerras que
hicieron que Francia acabara controlando casi toda Europa. Finalmente,
en 1812, una campaña calamitosa contra Rusia precipitó la caída de
Napoleón Bonaparte, que fue desterrado a la minúscula isla de Elba en el
Mediterráneo. Su huida y posterior vuelta al poder como emperador duró
100 días, ya que fue derrotado por los ingleses en la batalla de
Waterloo. Éstos lo exiliaron a la remota isla de Santa Elena, al sur del
Atlántico, donde murió en 1821. Napoleón es recordado como un gran
héroe, no tanto por su entusiasmo militar, sino porque mantuvo la mayor
parte de los cambios que introdujo la Revolución y promulgó el código
napoleónico, que aún hoy sigue siendo la base del sistema jurídico
francés.
Durante el siglo XIX,
Francia se caracterizó por sus gobiernos ineficaces y sus guerras
quijotescas, así como por la declaración de la Tercera República (en
1870). También se redujo la importancia del ejército y de la Iglesia y
se instituyó la separación de la última y el Estado. Hacia esas fechas,
la entente cordiale puso fin a la rivalidad colonial entre Francia e
Inglaterra en África, creando un espíritu de cooperación.
Francia pagó un alto
precio por participar en la I Guerra Mundial: murieron más de un millón
de soldados; gran parte del país quedó devastado; la producción
industrial descendió considerablemente; y el franco sufrió una
devaluación importante. El país no lo pasó mejor en la II Guerra
Mundial, con la capitulación ante Alemania y el servil gobierno de Vichy.
El general Charles de Gaulle creó un gobierno en el exilio y una
resistencia clandestina en Londres. Las Fuerzas Aliadas liberaron
Francia a mediados de 1944.
De Gaulle regresó a París
e instauró un gobierno provisional, pero dimitió como presidente en
1946. Los franceses reafirmaron su control colonial en Indochina,
animados por la ayuda estadounidense, pero sus fuerzas fueron derrotadas
por los escuadrones de Ho Chi Minh en Dien Bien Phu en 1954. Francia
también intentó frenar la independencia de Argelia; en 1958, De Gaulle
volvió al poder y, cuatro años más tarde, negoció el final de la guerra
de Argelia. Mientras tanto, la mayoría de las colonias francesas en
África habían conseguido la independencia.
En mayo de 1968,
estudiantes y huelguistas organizaron una protesta que sorprendió tanto
al mundo como a ellos mismos, ya que paralizó totalmente al país. Cuando
parecía que la anarquía acabaría hundiendo a Francia, De Gaulle apareció
en televisión pidiendo calma a la población y sugiriendo que se fueran a
casa y dejaran que él gobernara el país. Y así lo hicieron. De Gaulle
reformó el sistema de educación superior y, un año después, dimitió como
presidente.
El resistente socialista
François Mitterand fue presidente de Francia desde 1981 hasta 1995. En
mayo de 1995, le sucedió Jacques Chirac, quien aventajó a los
desmoralizados socialistas y a los xenófobos del Front National (FN) de
Jean-Marie Le Pen. Las bombas terroristas que estallaron en París y Lyon
desde julio de 1995 en señal de protesta por el apoyo francés al
gobierno argelino, contribuyeron al sentimiento xenófobo que otorgó una
falsa legitimidad a la postura racista del FN.
Chirac ratificó con total
convencimiento la pertenencia de Francia a la Unión Europea (UE), lo que
hizo que su popularidad aumentara; sin embargo, hacia finales de 1995,
su decisión de llevar a cabo pruebas nucleares en la isla polinesia de
Mururoa le valió numerosas críticas, tanto nacionales como
internacionales. En las colonias francesas del Pacífico y del Caribe,
cada vez soplaban más vientos de independencia; Tahití fue escenario de
varias revueltas. En la propia Francia, los límites que Chirac impuso al
estado de bienestar fueron la mecha que encendió la mayor protesta
vivida en el país desde 1968. A finales de 1995, las huelgas que se
llevaron a cabo durante semanas en todo el sector público paralizaron
París.
A principios de 1997,
Chirac convocó unas elecciones anticipadas con la intención de buscar un
mandato con el que dar el empuje final para cumplir los controles de la
Unión Económica Monetaria (UEM). Sin embargo, no tuvo en cuenta la
veleidad de los franceses, y su partido, el RPR, fue expulsado del
gobierno por una inverosímil alianza entre socialistas, comunistas y
verdes.
En agosto de 1997, todas
las miradas internacionales se dirigían hacia esta nación: Diana, la
princesa de Gales, moría en un accidente de tráfico en París. En julio
de 1998, Francia ganaba su primera Copa del Mundo (3-0 sobre el
favorito, Brasil). Más recientemente, en julio de 2000, Francia asumió
la presidencia rotatoria de la UE.
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CULTURA
La cultura es de gran
importancia en Francia, un país cuyo pueblo ha acaparado el mercado
mundial con su savoir faire urbano y en cuyas calles se respira el
orgullo nacional.
La primera muestra destacable de arquitectura gala es de estilo gótico;
cuyo origen se sitúa en el norte de Francia, a mediados del siglo XII.
Las mejores muestras son, en orden de importancia, las catedrales de
Chartres, Reims y Amiens. En la arquitectura y las artes plásticas, el
Renacimiento, que apareció por primera vez a finales del siglo XV, fue
en gran parte un fenómeno importado, con pocas innovaciones autóctonas.
Los escritores locales fueron más intrépidos: Rabelais y Montaigne
marcaron una época con sus obras literarias.
En la época barroca, que duró desde finales del siglo XVI hasta finales
del siglo XVIII, la pintura, la escultura y la arquitectura se
integraron para crear estructuras de gran delicadeza, refinamiento y
elegancia. La música de este período influyó en gran medida a todo el
continente. Entretanto, Nicolas Poussin se convirtió en el primer pintor
francés representante del barroco, y el teatro francés rió con Molière,
el dramaturgo cómico más popular de la época.
En el siglo XVIII, Jean-Baptiste Chardin llevó al arte francés la
simpleza y domesticidad de los maestros holandeses. Más tarde, Napoleón
nombró a Jacques Louis David, un líder de la revolución de 1789, pintor
oficial del Estado. David produjo gran cantidad de cuadros, entre ellos
el que muestra al dictador revolucionario Marat muerto en su baño. La
producción literaria de este período es monopolio de filósofos, entre
los que se encuentran Voltaire y Rousseau; en la música, los
representantes más destacados fueron los impresionistas Claude Debussy,
Maurice Ravel y Berlioz, fundador de la orquestación moderna y productor
de óperas y sinfonías que favorecieron un nuevo renacimiento musical.
Victor Hugo es la figura clave del Romanticismo francés del siglo XIX.
Por aquel entonces, el Romanticismo evolucionaba hacia nuevos
movimientos, tanto en prosa como en lírica; surgieron tres grandes de la
literatura francesa: Gustave Flaubert, Charles Baudelaire y Émile Zola,
con su controvertida, innovadora y poderosa obra. El poeta Arthur
Rimbaud, que rondaba los 37 años, escribió dos obras perdurables en el
tiempo: Iluminaciones y Una temporada en el infierno. El escultor
Auguste Rodin, considerado por algunos críticos como uno de los más
exquisitos retratistas de la historia del arte, reprodujo suntuosas
figuras de bronce y mármol. La pintura retratista fue modernizada
simultáneamente por Jean Auguste Dominique Ingres y Eugène Delacroix; la
pintura paisajista sufrió sus primeras modificaciones de la mano de
Jean-François Millet y la Escuela de Barbizon y, posteriormente, de
Édouard Manet y los realistas. El trabajo tardío de Manet está influido
por la escuela impresionista de Claude Monet, entre cuyos estudiantes
figuraban Camille Pisarro y Edgar Degas.
Ya en el siglo XX, el post-impresionismo dio paso a una desconcertante
diversidad de estilos. Entre ellos, dos son particularmente
significativos: el fovismo, con Henri Matisse, y el cubismo,
personificado en Pablo Picasso. A éste le siguió el dadaísmo, cuyos
seguidores se comportaban de manera extraña en reacción a la negatividad
de la II Guerra Mundial.
Marcel Proust dominó la literatura de principios del siglo XX con su
atroz pero exquisita novela de siete volúmenes: En busca del tiempo
perdido. Los poetas André Breton y Paul Eluard eran surrealistas
militantes fascinados con los sueños, la adivinación y todas las
manifestaciones de lo maravilloso. Tras la II Guerra Mundial, se
desarrolló el Existencialismo, con Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir
y Albert Camus, quien subrayó la importancia del compromiso político del
escritor. De Beauvoir, autora de la innovadora El segundo sexo, tuvo una
profunda influencia en el pensamiento feminista. A finales de la década
de 1950, otros jóvenes escritores comenzaron a buscar nuevas formas de
organizar la narrativa; la novelista Nathalie Sarraute, por ejemplo,
suprimió las molestas convenciones de los personajes y los argumentos
fácilmente reconocibles. Marguerite Duras, que saltó a la fama en 1984
con su novela erótica El amante, empleó una abstracción similar a la de
Sarraute, anteponiendo el estado de ánimo a la descripción del
personaje.
Las décadas de 1950 y de 1960 supusieron un período innovador en el cine
francés; una nueva generación de directores, como Jean-Luc Godard, Alain
Resnais, François Truffaut y Louis Malle, irrumpió en escena. La figura
del director-autor continuó hasta los años setenta. Para entonces, la
nouvelle vague había perdido su carácter experimental y forjó la
reputación del cine francés como una empresa intelectual. Los directores
más exitosos de la década de 1980 y de 1990 crearon películas originales
y de gran impacto visual en las que mostraban lugares poco habituales,
historias extrañas y personajes únicos. Los directores más respetados
son: Jean-Jacques Beineix, que realizó Diva y Betty Blue, y Luc Besson,
que dirigió y escribió El quinto elemento y El gran azul.
Otros autores asociados a este período de la literatura francesa son los
filósofos Roland Barthes, Michel Foucault y Julia Kristeva, conocidos
sobre todo por sus escritos teóricos sobre literatura y psicoánalisis.
En otro orden de cosas, las viñetas de Astérix son también admiradas.
Cuando los franceses consiguen apartar sus ojos de las Bellas Artes, se
obsesionan con el fútbol, el rugby, el baloncesto y el ciclismo,
especialmente con el Tour de France, al que dedican toda su atención.
También son populares los juegos tradicionales como la petanca.
El catolicismo es la religión predominante en Francia, aunque la vida
religiosa no es lo que era y ya son pocos los feligreses que acuden a la
iglesia. Desde que la Iglesia se separó del Estado, en 1905, la vida se
ha ido secularizando. Los musulmanes son el segundo grupo religioso
mayoritario, seguidos por los protestantes (hugonotes) y una importante
población judía.
La gastronomía es un elemento constante en la vida de los franceses;
basta considerar algunas de las delicias epicúreas del país para poder
apreciar el entusiasmo culinario francés: foie-gras, trufas, roquefort,
mariscos, suculentos caracoles recogidos en los viñedos, tartas de
fruta, etcétera. Pero no se puede vivir sólo de escargot y de vin de
table. La población francesa del norte de África y de Asia ha
contribuido en la cocina gala, aportando color y especias a muchos
platos.
Un día típico comienza con un tazón de café au lait, un croissant y una
fina rebanada de pan generosamente untada con mantequilla y mermelada.
La comida y la cena son bastante similares; pueden incluir un primer
plato de fromage de tête pâté (cabeza de cerdo en gelatina) o
bouillabaise (sopa de pescado), seguido de un segundo plato de
blanquette de veau (estofado de ternera en salsa blanca) y, por último,
un plateau de fromage (tabla de quesos) o una tarte aux pommes (tarta de
manzana). Antes de las comidas, se suele servir un aperitivo, como el
Kir (vino blanco endulzado con sirope); el digestif (coñac o brandy
Armagnac) se sirve al final. Otras bebidas que ayudan a la digestión y
estimulan la conversación son: el café exprés, la cerveza, los licores
como el pastís (90% de alcohol, con sabor a anís y primo de la absenta)
y los mejores vinos del mundo..
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FIESTAS
A los franceses les
gustan las celebraciones; todos los años numerosas ciudades ofrecen
música, danza, teatro, cine o eventos artísticos. Cada pueblo tiene sus
propias ferias y fiestas que conmemoran desde los santos locales hasta
el progreso agrícola. A finales de mayo, Saintes-Marie-de-la-Mer, en
Provenza, es el escenario de un festival gitano donde se honra a Sara,
la santa patrona de los gitanos. Esta fiesta se caracteriza por sus
animados cantos y danzas. Las fiestas nacionales más destacadas son el 1
de mayo, cuando la gente se regala muguet (lirios del valle) y el Día de
la Bastilla (14 de julio), que se celebra lanzando petardos con los
amigos. Los eventos regionales incluyen: los peripuestos desfiles de
prêt à porter en París (a principios de febrero); el reluciente y
encorsetado Festival de Cine de Cannes (a mediados de mayo); el Festival
Internacional de Música de Estrasburgo (tres primeras semanas de junio);
el teatro principal y alternativo del Festival de Aviñón (desde mediados
de julio hasta mediados de agosto) y el Festival de Jazz de Nancy (del 9
al 24 octubre).
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CLIMA
La mejor época para
visitar el país es la primavera, ya que el clima es sublime; en el mes
de mayo, las playas reciben un gran número de turistas. Las temperaturas
en otoño no son malas, pero sus días cortos implican menos luz solar;
por otro lado, el frío empieza a hacerse notar hacia finales de
temporada, incluso en la Costa Azul. En invierno, los Alpes franceses y
los Pirineos son el lugar perfecto para disfrutar con la nieve, aunque
durante las vacaciones escolares de Navidades se ven multitud de
chiquillos uniformados deslizándose por las pendientes. Desde mediados
de julio hasta finales de agosto, la gente de la urbe se toma sus
vacaciones para veranear en la costa o en las montañas. Lo mismo ocurre
en febrero y marzo, fechas en que las ciudades tienden a quedarse
prácticamente desiertas.
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DOCUMENTACION
& VISA
(FAVOR DE VERIFICAR LOS
REQUERIMIENTOS DE VISADO CON EL CONSULADO O EMBAJADA MAS CERCANA, NO
SOMOS RESPONSABLES DE LA INFORMACIÓN A CONTINUACIÓN)
Los ciudadanos de la UE,
Estados Unidos, México, Argentina, Canadá, Nueva Zelanda, Australia e
Israel no requieren visado para visitar Francia en calidad de turistas
por un tiempo limitado de hasta 3 meses. Salvo los viajeros procedentes
de un pequeño grupo de países europeos no comunitarios, todos los demás
necesitan visado. Para mas información sobre visas, visite
http://www.diplomatie.gouv.fr/es/francia_221/venir-francia_296/index.html
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DINERO
La
moneda es el Euro.
Relación aproximada de
precios:
Comidas
- Económicas: entre 5 y 15 dólares (entre 6 y 18 euros)
- Precio medio: entre 15 y 30 dólares (entre 18 y 36 euros)
- Precio alto: más de 30 dólares (más de 36 euros)
Alojamiento
- Económico: entre 25 y 35 dólares (entre 30 y 41 euros)
- Precio medio: entre 35 y 60 dólares (entre 41 y 72 euros)
- Precio alto: más de 60 dólares (72 euros)
La tierra del café au
lait a 5 dólares (4 euros) no es precisamente el destino más barato de
Europa, pero eso no significa que haya que atracar un banco para
visitarla. Los turistas más ahorradores pueden sobrevivir con 40 dólares
(30 euros) al día, aunque esto implique alimentarse únicamente con brie
y baguettes en el parque. Para gozar de una gastronomía más variada y un
alojamiento más cómodo, es necesario un mínimo de 80 dólares (70 euros).
Por supuesto, para los amantes del Don Perignon estas cifras no cubren
siquiera las pourboires (propinas) diarias; para darse la gran vida, hay
que disponer de 200 dólares (240 euros) en adelante. Los descuentos para
jóvenes y ancianos son bastante corrientes.
La forma más segura y conveniente de manejarse en Francia es con cheques
de viaje; los admiten prácticamente en todas partes, sobre todo en las
grandes ciudades y los centros turísticos. Los bancos y las casas de
cambio son más rentables para los cheques de viaje que para el dinero en
efectivo; el banco que mejores tipos ofrece es Banque de France. Los
cajeros automáticos aceptan las principales tarjetas internacionales;
las compras realizadas con esta forma de pago se benefician de un tipo
de cambio excelente. Dejar o no propina queda a juicio del viajero;
aunque en las facturas de los restaurantes y los alojamientos se añade
entre un 10 y un 15 por ciento del importe, la mayoría de gente agrega
algunas monedas si están satisfechos con el servicio.
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DESPLAZAMIENTOS
Las líneas aéreas francesas de vuelos
nacionales conectan muchos centros urbanos, pero pueden resultar
bastante caros aunque, en algunas ocasiones, especialmente cuando se
desea recorrer distancias largas, es más conveniente buscar algún
billete con descuento que viajar por tierra. El servicio de la red
ferroviaria francesa, ofrecido por la SCNF (Société Nationale des
Chemins de Fer), es excelente: el tren llega prácticamente a todo el
país. Gracias al tren de alta velocidad, el TGV, viajar entre algunas
ciudades -por ejemplo, entre París y Lyon- es más rápido y fácil por vía
férrea que aérea.
El servicio de autobuses interregionales es limitado, pero el autobús es
el medio favorito para hacer viajes de corta distancia dentro de una
misma región, especialmente en zonas rurales con relativamente pocas
líneas férreas, como es el caso de Bretaña y Normandía. Para trayectos
más largos, los autobuses suelen ser lentos, aunque algo más económicos
que los trenes; en los viajes cortos, el servicio de autobuses es lento
y costoso.
Viajar a Francia en coche puede resultar bastante caro; además, es un
inconveniente en los centros urbanos, donde existen serios problemas de
tráfico y aparcamiento. Alquilar un coche puede ser caro si no se hace
una reserva previamente; pero si se planea con suficiente antelación los
precios suelen ser bastante razonables.
Con sus sinuosas pero excelentes carreteras y sus imponentes paisajes,
es el país perfecto para viajar en moto. Además, permite desplazarse en
bicicleta, en gran medida gracias a su extensa red de carreteras
secundarias y terciarias, poco concurridas. Otra forma relajada de
contemplar Francia es cruzarla por sus canales y ríos navegables en una
casa-barco, que normalmente aloja entre cuatro y doce pasajeros y se
puede alquilar por una o varias semanas.
El transporte local lo cubren los tranvías; los autobuses; los
teleféricos de los Alpes franceses; los taxis, extremadamente costosos,
especialmente fuera de las ciudades importantes; los transbordadores o
ferrys de los ríos; y las redes de metro y RER en París (también hay
metro en otras ciudades francesas), que ofrecen un servicio barato y
eficaz.
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GASTRONOMÍA
Si hay algo claro en el mundo, es que el idioma de la gastronomía es el
francés. Su cocina es el orgullo nacional de los franceses, y por sí
misma justifica una visita. Sus deliciosos platos se pueden encontrar en
todo tipo de lugares: desde las pequeñas tabernas hasta los restaurantes
de chefs reconocidos internacionalmente como Bocouse, Ducasse o
Troisgros.
El desayuno se compone de café, té o chocolate con croissants y pan con
mantequilla o mermelada. Si se quiere algo rápido, lo mejor es un "plat
du jour" (plato del día) en alguna taberna, o unos "croques-monsieur" o
" croques-madame", bocadillos calientes de jamón y queso, en una
brasería. En los puestos callejeros se pueden comprar papas fritas,
crêpes, gauffres y todo tipo de bocadillos en pan de baguette.
La fama del buen comer francés es en gran medida responsabilidad de la
variedad de su cocina regional. Tanto en la costa noroeste como en la
mediterránea encontramos pescados de calidad, así como criaderos de
marisco, ostras y mejillones, especialmente en la zona de Aquitania,
Charente, Normandía y Bretaña. Los ríos franceses ofrecen también buen
pescado, mientras que en valles y colinas encontramos la "huerta
francesa", su variedad ganadera y los productos lácteos, especialmente
sus más de 400 variedades de quesos. Los más famosos son Brie,
Roquefort, Camembert y los de cabra.
En Alsacia y Lorena la cocina se basa en las buenas carnes, de caza,
cordero, cerdo y ternera. En todo el norte en general también son muy
populares las tartas de fruta y los mejillones. La mantequilla y la
crema son la base culinaria en Normandía, donde los quesos son los
reyes, sin olvidar el marisco. Bretaña es el país de los crêpes, las
ostras, las langostas y los pasteles de mantequilla. En Borgoña son muy
populares la ternera "charolais" combinada con mostaza, y los caracoles,
consumidos de todas las formas imaginables.
Pato, ganso, y por extensión el foie gras, son elementos de la cocina de
la región de Dordoña, Midi-Pyrénées; son servidos marinados y
acompañados de ciruelas, pasas, compota o trufas. Los platos típicos de
Auvernia son el estofado de col, el cerdo, las arvejas y las sopas de
ajo, así como alguno de sus buenos quesos, mientras que en Provenza
podremos degustar la típica cocina mediterránea basada en aceitunas,
ajo, sopas de pescado y ensaladas varias. Especialmente peculiar resulta
la gastronomía de Córcega, basada en cerdo ahumado, anguilas, truchas y
hierbas silvestres.
Un punto aparte merece la ciudad de Lyon, meca mundial de la
gastronomía. Sus carnes ahumadas, el salchichón, el pollo "bresse" y la
tarta lyonnais, son algunas de las características delicias de esta
ciudad. Si bien son los grandes restaurantes de alta cocina los que
otorgan su fama a Lyon, lo cierto es que la mejor manera de degustar sus
platos típicos es hacer una parada en uno de sus "bouchons", tabernas
típicas de la ciudad.
Las copas siempre están llenas en Francia. A pesar de la reconocida fama
de bebidas espirituosas como el armagnac, el cointreau, la sidra o el
calvados, el rey por excelencia es el vino. Los franceses son auténticos
amantes de los buenos vinos, y su país está sembrado de esquina a
esquina de viñedos. Las grandes regiones productoras son Borgoña,
Burdeos y Champagne, aunque también encontramos buenos vinos en los
valle del Loira y del Ródano y en Provenza.
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SALUD
Francia cuenta con
excelentes servicios médicos, pero los tratamientos médicos son
costosos. Por lo mismo es preferible adquirir un seguro médico temporal
privado
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SEGURIDAD
No existen en el país problemas de seguridad. Tan sólo las grandes urbes
ofrecen niveles de inseguridad ciudadana similares a otras ciudades del
mundo.
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¿QUÉ VISITAR?
París
Joya de la corona del turismo en Francia, la capital francesa alimenta
numerosos estereotipos y clichés para el viajero. Por esta razón, los
visitantes suelen llegar a París con unas expectativas exageradas,
esperando encontrarse con imponentes vistas románticas en la rivera del
Sena, con paisajes pintados en enormes lienzos o con personas
extraordinariamente arrogantes. Cierto es que, normalmente, uno suele
encontrar lo que esperaba o deseaba ver. Sin embargo, para disfrutar de
esta ciudad, quizá sea mejor dejar las expectativas en el hotel y
deambular sin rumbo por sus calles y avenidas, disfrutando simplemente
de lo que uno ve.
Saint Malo
El puerto de Saint Malo, en la costa norte de Bretaña, es conocido por
su pasado pirata, su ciudad amurallada y sus playas. En los siglos XVII
y XVIII fue uno de los puertos más importantes de Francia, tanto para la
marina mercante como para los corsarios. En esa época, se construyó un
sistema de murallas y fortificaciones para defenderse de los intrusos
ingleses, pero estos fuertes demostraron ser más débiles que los
invasores. El puerto, destruido por los alemanes en la II Guerra
Mundial, se reconstruyó tras la guerra, y hoy es uno de los destinos
turísticos más populares de la región.
Dentro del casco antiguo, se alza la catedral Saint Vincent. Comenzada
en el siglo XI, la catedral recoge una excelente colección de vidrieras
medievales y modernas. En julio y agosto, también alberga conciertos de
música clásica. Las escenas de turistas con el vídeo al hombro son ya
típicas de estas murallas que, por otro lado, proporcionan unas
magníficas vistas de Saint Malo.
Al sur, a los pies del casco antiguo, yace el fuerte de la Cité, del
siglo XVIII, que fue fortaleza alemana durante la II Guerra Mundial.
Flanqueando las murallas, se sitúan los fortines de acero agujereados
por los proyectiles de los Aliados.
Otros atractivos de Saint Malo son las plácidas playas al sur del casco
antiguo y la costa que continúa hacia el noreste. Esta zona presenta una
de las más altas variaciones de mareas del mundo, así que, para llegar
al agua cuando está baja, uno tiene que darse un buen paseo. Saint Malo
es el lugar perfecto desde donde poder explorar la Côte d'Émeraude ;
como excursión de un día, se puede realizar una visita a la famosa
abadía situada en el Mont Saint Michel.
Castillo de Chambord
El valle del Loira fue, desde el siglo XV hasta el XVIII, el patio de
recreo de la nobleza francesa, que dilapidó la riqueza de la nación para
levantar multitud de castillos imponentes. Originariamente se
construyeron como estructuras de defensa, pero paulatinamente se
convirtieron en palacios de placer, edificados en zonas de gran belleza
natural.
El mayor y más lujoso de los castillos del valle del Loira es el Château
de Chambord. Comenzado en 1519, se cree que su estilo renacentista
estuvo inspirado por Leonardo da Vinci, que vivió en la zona desde 1516
hasta su muerte, tres años después. En cualquier caso, el castillo es
creación del rey Francisco I, un lunático capaz de negarse a pagar el
rescate de sus hijos en España y malgastar el dinero de sus súbditos;
incluso llegó a sugerir la posibilidad de desviar el río Loira para que
pasara cerca de su nueva morada. Para su construcción, se emplearon 15
años y miles de trabajadores.
En el interior, destaca una hermosa escalera de doble hélice que servía
de paso al séquito que, reunido en la terraza del tejado, observaba la
realización de ejercicios militares, torneos y el regreso de los
cazadores con sus perros de presa. Desde la terraza, se divisan los
tejados de pizarra, las torres, cúpulas, chimeneas y varillas iluminadas
que conforman el soberbio perfil del castillo.
Biarritz
La afluencia de público en este conocido pueblo costero del País Vasco
francés aumenta considerablemente en verano. Biarritz, que antaño fue la
favorita de la aristocracia europea y, posteriormente, de los adinerados
británicos, actualmente atrae visitantes de todas partes del mundo. Sus
excelentes playas, sus casinos y zonas para practicar el surf son sus
principales atractivos.
La zona monumental y cultural de la ciudad se reduce a una iglesia rusa
ortodoxa de bóveda azul, a algunos pequeños hoteles y al Museo del Mar.
Reformado recientemente, cuenta con un acuario donde conviven varios
ambientes marinos y un museo que documenta la participación de la zona
en la pesca comercial y ballenera. Fuera, pueden verse piscinas con
focas y tiburones.
En verano, las llamativas tiendas de rayas que se encuentran alineadas
en las playas de moda de Biarritz, son testigo de la avalancha de
turistas que invade la zona. Después de un duro día de tostarse al sol,
se puede jugar al golf o a cesta punta, el juego más rápido del mundo
(se juega con una pelota y una raqueta en forma de cuchara); disfrutar
de las actuaciones folclóricas de la noche; o empaparse de la música y
artesanía vascas.
Saralat-La Canéda
Conocida como Sarlat, esta encantadora ciudad renacentista en Périgord,
creció alrededor de una abadía benedictina fundada en el siglo IX.
Atrapada entre territorio francés e inglés, durante la Guerra de los
Cien Años y las Guerras de Religión prácticamente quedó en ruinas. A
pesar de ello, Sarlat conserva un toque medieval característico, con sus
edificios color ocre y sus atractivas calles. Para aquellos que
prefieren evitar las multitudes, es mejor visitar la zona fuera de la
temporada alta.
Entre los tesoros arquitectónicos de Sarlat, figura la catedral Saint
Sacerdos, que originariamente fue una abadía benedictina. De estilo poco
definido, casi toda la estructura actual data del siglo XVII. Detrás de
la catedral, se encuentra el primer cementerio de la ciudad, donde está
el Faro de los Muertos, una torre del siglo XII construida para
conmemorar la visita de San Bernardo en 1147 y cuyas reliquias descansan
en la abadía. El otro foco de interés de la ciudad es el mercado de los
sábados. Dependiendo de la temporada, se comercia con foie-gras,
champiñones, trufas, gansos y ganado entre toda una maraña de vendedores
y espectadores.
Chamonix
La ciudad de Chamonix se asienta en uno de los valles más espectaculares
de los Alpes franceses. La zona mantiene un cierto parecido con el
Himalaya: el Mont Blanc está coronado por una diadema de nubes y destaca
sobre los glaciares de grietas profundas que dominan la zona. A finales
de la primavera y el verano, los glaciares y la nieve de las altas
cumbres sirven como telón de fondo para las praderas y las laderas
cubiertas con flores salvajes, arbustos y árboles. Ésta es la mejor
época para hacer excursiones; en invierno, los viajeros pueden
aprovechar los más de doscientos kilómetros de pistas de esquí para
descender las montañas o practicar esquí de fondo.
No se puede dejar de visitar la Aiguille du Midi, una solitaria aguja de
roca situada a varios kilómetros de la cima del Mont Blanc, que se
extiende por los glaciares y los campos nevados. Es fácil acceder a
ella, y las vistas panorámicas son dignas de una postal. Otro placer es
el paseo que ofrece el teleférico, con paradas en los puntos más
populares para el esquí y el excursionismo. El segundo glaciar más
grande de los Alpes es el Mer de Glace ; mide 14 km de largo y 1.800 m
de ancho, y tiene hasta 400 m de profundidad. Para contemplar mejor el
glaciar desde dentro, es posible hacer una ruta por una cueva de hielo
que se esculpe cada primavera. También hay un tren que sube hasta los
1.915 m y un gran número de pistas que, por su peligrosidad, no deben
utilizarse sin el equipamiento adecuado y sin un guía.
Otras actividades que pueden llevarse a cabo en la zona son el ciclismo
de montaña, el parapente y el patinaje sobre hielo; también es posible
bajar en trineo por una reluciente pendiente de las pistas de verano. La
ciudad suiza de Martigny sólo se encuentra 40 km al norte de Chamonix,
dato importante para los que deseen cruzar la frontera para reparar el
reloj o comprar chocolate.
Arles
La encantadora ciudad de Arles, situada a orillas del río Ródano, en
Provenza, alcanzó su auge entre los años 49 y 46 a.C., cuando un
triunfante Julio César conquistó y expolió la cercana ciudad de
Marsella. Pronto se convirtió en el eje central del comercio de la
región y en un importante centro provincial romano con enormes espacios
públicos que todavía hoy se utilizan. Vincent Van Gogh se instaló en la
localidad a finales del siglo XIX, donde creó cientos de dibujos y
pinturas. En los calurosos días de verano, se puede ver el calor
evaporándose sobre las llanuras; los olivos y los viñedos, que figuran
en varias de sus obras, todavía cubren las colinas de piedra caliza de
los alrededores. Arles también es conocida por sus casas con
impresionantes techos con tejas de color rojo y sus callejones sombríos,
tan estrechos que prácticamente hay que atravesarlos de lado.
Destaca el anfiteatro Les Arènes, una enorme construcción romana de
finales del siglo I d.C. Decenas de miles de hombres y animales fueron
sacrificados en nombre de uno de los pasatiempos más nobles: el deporte.
En este anfiteatro, se representaban carreras de carros y luchas cuerpo
a cuerpo en las que la matanza final era más aplaudida que la táctica
utilizada. El anfiteatro, que se convirtió luego en un fuerte y, más
tarde, en un área residencial, en la actualidad vuelve a llenarse de
gente, atraída por las corridas de toros. Otra reliquia de los romanos
en la ciudad es el Teatro Antiguo, el escenario ideal para los
festivales de danza, música y cine al aire libre del verano.
El centro de Arles es un lugar relajado, con plazas íntimas, brasseries
con terrazas perfectas para sorber pastís (licor anisado) y hombres con
bigote engominado jugando a la petanca.
Cannes
Esta ciudad de prestigio internacional, situada en la Costa Azul, es el
lugar favorito de los niños ricos y de los compradores compulsivos.
Durante el Festival Internacional de Cine, en mayo, Cannes está más
llena de dinero, champaña, teléfonos móviles y escotes que ningún otro
lugar del mundo. Además de boutiques, hoteles y restaurantes de postín,
también posee playas con su propio 'servicio de habitaciones', que los
austeros evitan cuidadosamente.
En el famoso Boulevard de la Croisette se pasean todo tipo de
personajes: estrellas de antaño con minúsculos bikinis, hombres
franceses de vacaciones llevando un bolso, nuevos ricos bronceados
zambulléndose en la piscina con las joyas puestas y campesinos con
patillas, rústicos chalecos y botas camperas que se preguntan por qué
hay tanto revuelo. Después de dar un paseo, es agradable sentarse en uno
de los muchos cafés y restaurantes que iluminan la zona con sus
llamativos carteles de neón.
Cerca de la costa, flota la île Sainte Marguerite, cubierta de
eucaliptos y pinos, a la que Alejandro Dumas le sacó el mayor partido
posible en su clásico El hombre de la máscara de hierro. Esta pequeña
isla es atravesada por rutas y senderos, pero por sus playas se pasean
muchos menos turistas que por las de tierra firme. La próxima île Saint
Honorat es un poco más pequeña; fue el emplazamiento de un conocido y
poderoso monasterio fundado en el siglo V y hoy acoge a una orden de
monjes cistercienses. Se dispone de barcos que conducen al turista hasta
ambas islas.
Isla de Ouessant
Esta salvaje y bella isla ejemplifica los escarpados perfiles de la
costa bretona. El dicho local Qui voit Ouessant voit son sang (Al ver
Ouessant, uno ve su propia sangre) expresa de forma dramática su salvaje
naturaleza y el temor que crean las poderosas corrientes y las
traicioneras rocas de la zona. La isla, de 8 km de longitud, es la
guardiana de la entrada al Canal, y sirve también como punto de
referencia visual para más de 50.000 barcos al año.
Aunque sus habitantes ya no están aislados del resto del mundo, todavía
mantienen tradiciones centenarias: las casas se pintan de azul y blanco
por la Virgen María o de verde y blanco, como símbolo de la esperanza, y
se amueblan con madera encontrada en la playa; ancianas de gesto
arrugado tejen cruces de encaje para representar a sus maridos perdidos
en el mar; pequeñas ovejas negras vagan libremente por los campos; y el
ragoût de mouton (cordero asado bajo una capa de raíces y hierbas) sigue
siendo el plato típico. Ouessant también cuenta con un importante faro,
buenos museos de historia local y paseos y paisajes sobrecogedores.
La isla se encuentra a 20 km de tierra firme; se puede acceder a ella
desde los puertos de Brest o Le Conquet, al noroeste de la costa
bretona.
Parque Nacional de los Pirineos
El Parque Nacional de los Pirineos se creó en 1967; se extiende a lo
largo de unos cien kilómetros por la frontera hispano-francesa y cubre
un área de 460 km2 que incluye cientos de lagos de alta montaña y el
punto más alto de los Pirineos franceses: la cumbre de Vignemale, de
3.300 m.
Las áreas forestales sólo ocupan el 12% del parque, que es recorrido por
numerosos riachuelos y arroyos que se abastecen de los manantiales y de
los más de dos mil milímetros de precipitación anual, que cae
principalmente en forma de nieve. La fauna que preserva el parque
incluye el oso pardo (sólo quedan alrededor de quince), el lince, el
gamo, la marmota y las aves rapaces en peligro de extinción, como el
quebrantahuesos y el águila real.
El parque, con sus 350 km de pistas (algunas de ellas conectadas con
pistas españolas) y sus muchos refuges (refugios de montaña), que
permanecen abiertos todo el año, es el lugar favorito de escaladores y
excursionistas. En la cercana población de Pau, hay varias empresas que
organizan recorridos guiados para grupos pequeños, además de ofrecer
apoyo logístico para excursionistas solitarios y recorridos en
bicicleta. Cauterets, situada al este del parque, 30 km al sur de
Lourdes, es la entrada de más fácil acceso.
Vézelay
La minúscula ciudad amurallada de Vézelay, otro de los muchísimos
lugares que constituyen el patrimonio francés, está rodeada de uno de
los más bellos paisajes de Borgoña, en medio de viñedos, campos de
girasoles, surcos del color del trigo sobre campos de cultivo y pilas de
heno que recrean el impresionismo. Construido originariamente en lo alto
de una colina por cuestiones de defensa, en el siglo X se convirtió en
un importante lugar de peregrinaje y, más tarde, en centro de reunión
para la realeza y los Grandes que se embarcaban en las Cruzadas.
El punto más importante de Vézelay es la Basilique Sainte Madeleine, una
antigua abadía que fue fundada en el siglo IX. En la Edad Media, albergó
lo que se creía eran sus reliquias de santa María Magdalena, asegurando
así un constante flujo de peregrinos en el día de su santo, el 22 de
julio. Esta tradición aún continúa y, cada año, la celebración incluye
una procesión en la que se pasean sus reliquias por la ciudad. La
iglesia, que ha sido restaurada de forma magnífica, destaca por su
tímpano, considerado una obra maestra del estilo románico de Borgoña;
sus capiteles esculpidos y su inmensa nave. El parque, situado detrás de
la basílica, ofrece unas vistas maravillosas del valle del río Cure y de
los pueblos cercanos; al pasear en cualquier dirección, uno puede
contemplar la belleza rural de estas tierras.
Vézelay está situada a 15 km de Avallon y a 51 km de Auxerre; se
encuentra dentro del Parque Natural de Morvan.
Grasse
Pegado a la ladera alpina a 17 km de Cannes, yace Grasse, que durante
siglos ha halagado a todo el país con su artística y tradicional
elaboración de perfumes. Aquí es donde los maestros perfumeros, también
conocidos como nez (narices), se entrenan durante siete años para
distinguir unas seis mil esencias. La ciudad, con característicos
tejados naranjas y casas apiñadas, también produce algunas de las
mejores flores francesas: la rosa de cien hojas, la lavanda, la mimosa,
el azahar, el narciso y el jazmín.
Sólo están abiertas al público tres de las 40 perfumerías. Fragonard
está muy bien situada; se aloja en una antigua curtiduría del siglo XVII.
Al visitarla, se ven bodegas llenas de jabones, fardos de cuero con
esencias y arcas y cofres llenos de especias. Además, se presencian
todas las fases de elaboración de un perfume, desde la extracción y la
destilación hasta el trabajo de los nez, así como la selección de la
cantidad de flores necesarias para obtener un litro de esencia. Durante
la visita, el visitante puede perfumarse con los distintos aromas y
comprar la fragancia que desee.
Córcega
Córcega, situada 170 km al sureste de la Costa Azul, es la envidia
geológica de las demás islas del Mediterráneo. Además de ser una mina de
oro para los amantes del excursionismo, ofrece paisajes fotogénicos:
desde cordilleras montañosas con rápidos torrentes hasta larguísimas
playas de arena fina. Córcega y su idioma, cocina y estilo de vida
isleños despiden un aroma de acogedora cortesía. El comprometido
movimiento por la independencia corsa es el aspecto más duro de esta
peculiar cultura. Aunque, en general, los grupos nacionalistas
restringen su violencia a ajustes de cuentas internos y daños
materiales, se aconseja a los viajeros que tengan precaución.
La ciudad porteña de Ajaccio, lugar de nacimiento de Napoleón Bonaparte,
es el punto de partida más concurrido para visitar esta isla. Aunque ha
sido modernizada recientemente, esta ciudad francesa mediterránea, de
colores pastel, sigue siendo el lugar perfecto para pasear,
especialmente por las estrechas calles que recorren las partes más
antiguas de la ciudad. Además de un gran número de monumentos y museos
dedicados a la tradición napoleónica, también se puede visitar la Pointe
de la Parata, un promontorio de granito negro famoso por sus puestas de
sol; asimismo, merece la pena bañarse en las playas que se encuentran
justo a la salida de la ciudad.
El escenario natural más famoso de la isla es Les Calanche, un
espectacular paisaje montañoso de formaciones graníticas de distintas
tonalidades. Cuando está despejado, se puede disfrutar de unas vistas
imponentes, tanto del Mediterráneo como de las montañas norteñas. Por la
zona, los excursionistas podrán disfrutar de una serie de rutas cortas
pero desafiantes. La Ciudadela de Bonifacio, en el extremo sur de
Córcega, ocupa el lugar más alto de un largo y estrecho promontorio de
acantilados de piedra caliza. La ciudad sufrió varios asedios durante la
Edad Media y, gracias a sus callejones apiñados y los voladizos que
canalizan el agua de la lluvia, aún conserva un ambiente medieval. Calvi,
que también se alza sobre su ciudadela, es una ciudad playera situada al
noroeste de Córcega. La costa entre Calvi y la île Rousse, a 25 km en
dirección norte, está salpicada por una serie de atractivas playas.
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DEPORTES / ACTIVIDADES
La variedad geográfica y
climatológica de Francia permite una amplia gama de actividades. A los
franceses les gusta practicar el excursionismo; hay rutas que atraviesan
todo tipo de terrenos imaginables. Los senderos más conocidos
probablemente sean los senderos de gran recorrido designados con las
siglas GR: el GR5 serpentea a través de los Alpes; el GR4 recorre el
Macizo Central; y el famoso GR10 atraviesa los Pirineos desde el
Mediterráneo hasta el Atlántico. El ciclismo es otra de las aficiones de
los franceses. La zona de Margeride en Languedoc invita a hacer ciclismo
de montaña, al igual que los Alpes, Bretaña y los Pirineos. El esquí
también es muy popular, ya que los franceses cuentan con pistas en los
Alpes (en Chamonix, por ejemplo); y en los Pirineos, donde suele ser más
barato. Las inmediaciones de Cauterets y el Macizo Central son zonas
donde se puede realizar esquí de fondo.
Los mejores lugares para
nadar se encuentran en la costa atlántica (cerca de La Rochelle), la
costa del Canal de Normandía, el sur de Bretaña, el Mediterráneo
(incluida la costa de Córcega) y en lagos como el Lac d'Annecy y el Lac
Léman. Los franceses se sienten muy a gusto con su cuerpo, y esto se
refleja en los numerosos lugares dedicados al nudismo, principalmente en
Languedoc-Rosellón y en la Costa Azul. Otras actividades que se pueden
realizar son: escalada, en los Alpes y en los Pirineos; equitación, en
Borgoña y en el País Vasco francés; surf, en Biarritz; rafting , por la
Garganta del Verdon en Provenza; y ala delta, en Languedoc. Si uno
prefiere cultivar más la mente que el cuerpo, puede asistir a cursos de
francés o aprender los secretos del suflé en las clases de cocina
regional.
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ESTUDIAR Y EMIGRAR
Exito Lingua®
y Exito Mundi®,
te pueden ayudar a estudiar o emigrar al exterior.
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LIBROS
-
Goubert, Pierre: Historia
de Francia, Editorial Crítica, Barcelona, 1997.
-
Marx, Karl: Las luchas de
clases en Francia, Ayuso, Madrid, 1975.
-
Price, Roger: Historia de
Francia, Cambridge University Press, 1998.
-
Flauvert, Gustave: Madame
Bovary, Espasa Calpe, Madrid, 1998.
-
Proust, Marcel: En busca
del tiempo perdido, Aguilar, Madrid, 1999
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