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Irlanda

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Suele
decirse que, cuando se visita Irlanda, es difícil olvidarse de ella,
tópico que por una vez parece ser cierto. El paisaje irlandés posee una
resonancia mítica, debido tanto a su historia casi tangible como a su
tradicional identificación como hogar de hadas y gnomos. Aunque el clima
no siempre sea benigno, la humedad ambiental es la causante de sus
bellos paisajes con múltiples gradaciones de verde, una de las razones
por las que Irlanda se conoce como la isla Esmeralda.
Aunque el norte del país sigue atravesando una situación complicada, los
resultados del último referéndum demuestran que existe una voluntad de
paz y que es posible que la solución al conflicto no tarde en llegar.
Mientras tanto, el sur se ha encargado de borrar su fama de nación
pintoresca y ha pasado a convertirse en una de las economías más
florecientes de la UE y en el enclave favorito de las grandes empresas
de alta tecnología. Además, no cabe duda de que este país es el hogar de
uno de los pueblos más gregarios y acogedores de Europa.
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Nombre oficial: República
de Irlanda (también llamada Eire por sus habitantes) e Irlanda del Norte
(que forma parte del Reino Unido)
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Superficie: 84.421 km²
(70.282 km² en la República de Irlanda; 14.139 km² en Irlanda del norte)
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Población: 3,91 millones
hab.
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Capital: Dublín (1,5
millones hab.)
-
Nacionalidades y etnias:
irlandeses
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Idioma: inglés e irlandés
(aproximadamente 83.000 hablantes nativos)
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Religión: 95% católicos y
3,4% protestantes en la República de Irlanda; 60% protestantes y 40%
católicos en Irlanda del Norte
-
Régimen político:
república parlamentaria multipartidista y bicameral
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Jefe de Estado: Mary
McAleese (República de Irlanda); la reina Isabel II (Irlanda del Norte)
-
Primer Ministro: Bertie
Ahern (República de Irlanda); Tony Blair (Irlanda del Norte)
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PIB: 113.700 millones de
dólares
-
PIB per cápita: 29.300
dólares
-
Crecimiento anual: 4.3%
-
Inflación: 4,8%
-
Principales recursos
económicos: software informático, tecnología de la información,
productos alimenticios, cervecería, e industria textil y de la
confección
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Principales socios
comerciales: Unión Europea (especialmente Reino Unido, Alemania, Francia
y Países Bajos) y Estados Unidos
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Miembro de la UE: sí
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Zona euro: sí
-
Turismo: más de cuatro
millones de visitantes al año
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HISTORIA
Los
celtas, guerreros de la Edad de Hierro procedentes de Europa oriental,
llegaron a Irlanda alrededor del año 300 a.C., y durante los diez siglos
siguientes controlaron el país, dejando un legado de cultura e idioma
que todavía pervive, especialmente en las zonas de Galway, Cork, Kerry y
Waterford. Los romanos nunca llegaron a Irlanda; cuando el resto de
Europa se hundió en el declive de la Edad Oscura, después de la caída
del Imperio, este país se convirtió en una avanzadilla de la
civilización europea, sobre todo tras la llegada del cristianismo, que
se expandió por la isla entre los siglos III y V.
Durante el siglo VIII, los invasores vikingos comenzaron a saquear los
monasterios irlandeses y terminaron por asentarse en el país en el siglo
IX, formando alianzas con las familias nativas y los jefes de los
clanes. Ellos fueron quienes fundaron Dublín, que en el siglo X era un
pequeño reino vikingo. Los normandos, procedentes de las marcas del
nuevo reino de Inglaterra, llegaron en el año 1169 y conquistaron sin
dificultad Wexford y Dublín. El rey inglés Enrique II fue reconocido
como señor de Irlanda por el Papa, y en 1171 conquistó Waterford, a la
que declaró Ciudad Real. Diversos nobles anglonormandos también fijaron
fuertes bases en el país, fuera del control de Inglaterra.
Bajo los reinados de Enrique VIII e Isabel I, se consolidó el poder
inglés en Irlanda. La última espina para los ingleses era el Ulster,
puesto fronterizo final de los jefes irlandeses, en particular de Hugh
O'Neill, conde de Tyrone. La ignominiosa retirada de O'Neill en 1607,
junto a otros 90 jefes, La Fuga de los Condes, dejó al Ulster sin líder
y originó la aplicación de la política inglesa de colonización conocida
por la Ulster Plantation, una organizada y ambiciosa expropiación de
tierra que se entregó a colonos procedentes de la metrópoli, los cuales
sembraron el germen de la división que aún en la actualidad vive la
provincia.
Los recién llegados no se casaban ni se mezclaban con la empobrecida y
exaltada población nativa de irlandeses y antiguos ingleses católicos,
quienes se rebelaron en 1641 protagonizando un sangriento conflicto.
Durante la Guerra Civil Inglesa, los irlandeses apoyaron a los
monárquicos y, tras la ejecución de Carlos I, llegó al país Oliver
Cromwell, el victorioso parlamentario protestante, dispuesto a dar una
lección a sus oponentes y dejando un rastro de muerte y destrucción que
todavía no se ha olvidado.
En el año 1695, entraron en vigor duras leyes penales conocidas como
Popery Code, por las que se prohibía a los católicos comprar tierras,
criar a sus hijos dentro de su religión y tener acceso a las fuerzas
armadas y al Derecho. También se prohibió la cultura, la música y la
educación irlandesas. Sin embargo, esta civilización consiguió salir a
flote gracias a la celebración de misas secretas y escuelas ilegales al
aire libre, estas últimas conocidas como Hedge Schools. A pesar de todo,
hacia el año 1778 sólo el 5% de la tierra estaba en manos de los
católicos. A finales del siglo XVIII, la pequeña nobleza protestante,
alarmada por el nivel de agitación social que se vivía, prefirió
sacrificar lo poco que quedaba de la independencia del territorio a
cambio de la seguridad británica y, mediante el Acta de Unión de 1800,
Irlanda se unió políticamente a Gran Bretaña. La formación de la
Asociación Católica, por parte del líder popular Daniel O'Connell,
proporcionó una limitada emancipación a los católicos, que no pudo
continuar ampliándose debido a la tragedia de la Gran Hambruna
(1845-1851); ésta se generó a causa de la pérdida casi completa de la
cosecha de patata durante esos años, en los que Irlanda se vio obligada
a exportar alimentos de Inglaterra, y desembocó en el inicio de una
emigración que ha continuado hasta prácticamente nuestros días.
Las sangrientas repercusiones del levantamiento de Dublín de 1916,
conocidas como Revolución de Pascua, donde las fuerzas nacionalistas
fueron aplastadas, añadieron impulso a la lucha por la independencia
irlandesa; en las elecciones generales celebradas en Gran Bretaña en
1918, los republicanos consiguieron una amplia mayoría de los escaños
irlandeses. Bajo el liderato de Eamon de Valera, héroe que sobrevivió a
la revuelta de 1916, los nacionalistas declararon la independencia de
Irlanda y formaron el Dáil Eireann (la asamblea o cámara baja
irlandesa), lo que provocó la Guerra Angloirlandesa, desde 1919 hasta
mediados de 1921. El Tratado de la Partición, firmado en 1921, reconocía
la independencia de 26 condados irlandeses y le concedía a seis condados
del Ulster, la mayoría protestantes, la opción de escoger su destino. En
1948, se declaró finalmente la república en el sur de Irlanda, y en 1949
el país abandonaba la Commonwealth.
En 1921 se constituyó también el Parlamento de Irlanda del Norte, con
James Craig como primer ministro. Sin embargo, su política se fue
dividiendo cada vez más por asuntos religiosos, y los católicos
sufrieron una gran discriminación en política, vivienda, empleo y
bienestar social. La inestabilidad en el norte comenzó a mostrarse más
claramente durante la década de 1960. La dispersión violenta en 1968 por
parte de la policía de una marcha pacífica a favor de los derechos
humanos desató el conflicto. En agosto de 1969, las tropas británicas
fueron enviadas a Derry y Belfast y, aunque al principio fueron bien
recibidas por los católicos, pronto quedó de manifiesto que estaban al
servicio de la mayoría protestante. Las medidas pacíficas claramente
habían fallado, y el Ejército Republicano Irlandés (IRA), que había
luchado contra los británicos durante la Guerra Angloirlandesa,
resurgió. La agitación estuvo salpicada por matanzas en ambos lados que
parecía no iban a acabar nunca, por una serie de siglas que cambiaban
cada dos por tres, por la ejecución de civiles a manos de soldados, por
el encarcelamiento sin juicio de simpatizantes del IRA, por la muerte
por huelga de hambre de los encarcelados y por la implantación del
terrorismo en Gran Bretaña. Irlanda del Norte perdió su independencia
parlamentaria y, desde entonces, ha estado gobernada desde Londres.
El Acuerdo Angloirlandés de 1985 otorgaba por primera vez al gobierno de
Dublín un papel consultivo oficial en los asuntos de Irlanda del Norte.
El alto el fuego de 1994 fue recibido con gran júbilo, pero pronto se
vio minado por más muertes, por la reaparición del terrorismo en Gran
Bretaña y por la clara intransigencia del gobierno británico durante la
reunión mantenida en Whitehall. En 1997, con la elección de Tony Blair
como primer ministro británico con el apoyo de una amplia mayoría
laborista, los ánimos volvieron a cambiar. Las dos partes hicieron
balance de las discusiones y en 1998 formularon un acuerdo de paz, que
ofrecía cierto grado de autogobierno a Irlanda del Norte, y crearon un
Consejo Ministerial Norte-Sur con capacidad para gestionar la política
irlandesa si así lo acordaban los gobiernos de Belfast y Dublín. Como
parte del acuerdo de paz, que fue apoyado mediante referéndum, el sur
abandonaba su demanda constitucional sobre el norte. Con todo esto,
parece que la paz está cada vez más cerca.
A finales de la década de 1990, la economía de la República vivía un
gran auge, principalmente gracias a una inyección de los fondos de
inversión de la UE, que han ayudado a renovar la infraestructura del
país. Suele decirse que Irlanda ha saltado directamente de una economía
basada en la agricultura a una economía postindustrial, debido
principalmente al establecimiento de grandes compañías de
telecomunicaciones e informática en el país, lo que ha dado lugar a
muchos puestos de trabajo y a grandes inversiones. La tradición
migratoria de más de siglo y medio de duración se ha reducido e incluso
detenido, ya que los jóvenes se quedan en el país o incluso vuelven a
él, ante la amplia oferta de empleos y nuevas industrias. El aspecto
negativo de tanto auge económico es el aumento del precio de la
vivienda: una sencilla casa de dos dormitorios en Dublín cuesta casi un
millón de dólares estadounidenses.
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CULTURA
La
exportación cultural irlandesa más conocida puede que sea el grupo
musical U2, aunque en lo que este país ha destacado principalmente es en
la literatura. Si en la universidad se eliminaran los escritores
irlandeses de las listas de lectura obligada de la asignatura de
literatura inglesa, la carrera duraría un año menos. Jonathan Swift,
Oscar Wilde, George Bernard Shaw, W. B. Yeats, Samuel Beckett y James
Joyce son sólo algunos de los nombres más conocidos. Joyce está
considerado el escritor más importante de la literatura del siglo XX, y
el realismo topográfico de su obra Ulises sigue atrayendo a un gran
número de sus admiradores a Dublín donde, en el día de Bloomsday, se
recrea la novela por la ciudad. A esta larga lista de autores se puede
añadir algunos nombres contemporáneos: J. P. Donleavy, Brendan Behan,
Roddy Doyle, Patrick Macabe y Seamus Heaney.
La belleza de Irlanda ha sido también retratada en el celuloide, en
películas de todos los estilos y épocas; desde producciones como Un
horizonte muy lejano y Círculo de amigos, hasta la última película de
John Huston, la fantástica Los muertos, estrenada en 1987 y basada en
Dublineses, de James Joyce, o Mi pie izquierdo, de Noel Pearson y Jim
Sheridan, que cuenta la historia del escritor dublinés aquejado de
parálisis cerebral Christy Brown, y por la que los actores Daniel Day-Lewis
y Brenda Fricker ganaron un Oscar. Day-Lewis también protagonizó En el
nombre del padre, un intenso filme que cuenta la historia de la condena
de los Cuatro de Guildford, acusados por error de la colocación de una
bomba del IRA en un pub de Inglaterra. La película de Neil Jordan Juego
de lágrimas es otro enfoque sobre el IRA, esta vez con historia sexual
incluida, y Michael Collins, del mismo autor, cuenta la vida del hombre
que ayudó a fundar este grupo terrorista. Los divertidos libros del
escritor Roddy Doyle, The Commitments y La furgoneta, entre otros, han
sido llevados en su mayoría a las pantallas.
Uno de los placeres de viajar a Irlanda es escuchar su música
tradicional, cuyos instrumentos principales son el violín, la flauta de
lata, el tambor de piel de cabra y la gaita. En casi todos los pueblos
existe un pub famoso por su música, y no es extraño encontrar allí
grupos tocando en directo a los que, si uno lo desea, se puede unir.
Christy Moore es el rey de la tradición contemporánea de cantautores e
interpreta toda la variedad posible de temas del folk irlandés. Su
hermano menor, Luka Bloom, se está labrando también un nombre dentro de
este campo. Entre los músicos de esta tendencia conocidos
internacionalmente se encuentran Clannad, Enya, The Pogues o The Cors,
con estilos que van desde el misticismo celta a un sonido más
influenciado por el pop. En el rock irlandés, destacan Van Morrison, Bob
Geldof , Elvis Costello, Sinéad O'Connor y los Cranberries.
El principal idioma es el inglés, que los irlandeses hablan con una
cadencia meliflua y un modo característico de estructurar las oraciones.
Quedan algunas zonas en el oeste y sur de Irlanda, conocidas como
Gaeltacht, que incluyen parte de Kerry, Galway, Mayo, las islas de Arán
y Donegal, donde el idioma nativo es el irlandés. Si se tiene la
intención de visitar estos lugares, sería de gran utilidad aprender al
menos unas cuantas frases básicas. Desde su independencia, en 1921, la
República de Irlanda se declaró bilingüe, y muchos documentos y señales
de carretera aparecen tanto en inglés como en irlandés.
La base de la dieta irlandesa es la carne, especialmente la ternera, el
cordero y las chuletas de cerdo. Los diferentes tipos de pan y bollos
son exquisitos. Otros platos tradicionales del país son el beicon con
col; el barm brack, un pan en forma de pastel, y el boxty, una especie
de torta rellena. La principal comida del día suele ser el almuerzo, que
algunos habitantes del país sustituyen simplemente por una Guinness.
También se puede encontrar una gran variedad de cervezas rubias. El café
irlandés no es una bebida habitual, y sólo se sirve en hoteles y
restaurantes turísticos; sin embargo, los irlandeses beben mucho té. El
whisky se pide directamente por la marca.
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FIESTAS

A lo largo de todo el
año, se puede asistir a gran variedad de eventos en todo el país:
febrero es la época del Festival Internacional de Cine de Dublín ; el
día 17 de marzo se conmemora el día del patrón de Irlanda, San Patricio,
fiesta nacional; en Irlanda del Norte, la Semana Santa marca el comienzo
de la temporada de desfiles de los protestantes orangistas; el día 16 de
junio le llega el turno al Bloomsday en Dublín, con representaciones y
lecturas alrededor de James Joyce por toda la ciudad; durante el mismo
mes, se desarrolla en la ciudad de Listowel (condado de Kerry) un
festival literario conocido como la Semana de los Escritores, y en
Belfast, el Festival de Jazz y Blues. En julio es cuando se realizan más
desfiles en Irlanda del Norte, especialmente el día 12, conocido como El
Glorioso, en el que prácticamente todos los miembros de la Orden
Orangista salen a la calle para celebrar la victoria de los protestantes
en la batalla de Boyne.
Agosto es el mes de las
carreras, con la Muestra de Caballos de Dublín y las competiciones de
Tralee, en el condado de Kerry. La ciudad de Killorglin, en el mismo
condado, es el escenario de la tradicional feria llamada Puck Fair,
donde se sirven bebidas sin límite durante días y noches. El primer fin
de semana de agosto es la fecha del principal festival de rock anual de
Irlanda, en Thurles, condado de Tipperary. En septiembre, Cork festeja
su Festival de Cine, y Belfast su Festival de Música Tradicional. En
octubre, Dublín alberga el Festival de Teatro ; Ballinasloe, en el
condado de Galway, celebra la mayor feria de caballos y ganado del país,
y en Kinsale, condado de Cork, se reúnen los mejores cocineros del
Irlanda en el Festival del Gourmet. Wexford inaugura en noviembre el
Festival de la Ópera, un acontecimiento internacional. En la zona rural,
la Navidad es una celebración tranquila, aunque el día 26 de diciembre
ha renacido la antigua costumbre de los Wren Boys, grupos de niños
disfrazados que, tras cantar algunos himnos, piden algo de dinero.
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CLIMA
Durante julio y agosto, el clima es más
templado y el número de horas con luz solar mayor; sin embargo, se trata
también de la época con mayor número de visitantes y, por tanto, de
dificultades para encontrar alojamiento, y los precios son más elevados.
El invierno es más tranquilo, pero el temperatura es pésima, los días
cortos y muchos de los lugares de interés turístico permanecen cerrados.
Los mejores meses para visitar el país son junio y septiembre que,
además de ofrecer el mejor tiempo del año, reciben menor afluencia de
viajeros y todo está abierto.
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DOCUMENTACION
& VISA
(FAVOR DE VERIFICAR LOS
REQUERIMIENTOS DE VISADO CON EL CONSULADO O EMBAJADA MAS CERCANA, NO
SOMOS RESPONSABLES DE LA INFORMACIÓN A CONTINUACIÓN)
Los ciudadanos de la
Unión Europea pueden vivir y trabajar en Irlanda sin ningún control de
inmigración. Los viajeros procedentes de Hispanoamérica necesitan
pasaporte para entrar y, según el país del que procedan, también visado. Para mas información
sobre visas, visite
http://foreignaffairs.gov.ie/home/index.aspx?id=8605
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DINERO
La
moneda es el Euro
Relación aproximada de
precios:
Comidas
- Presupuesto bajo: entre
4 y 8 dólares
- Presupuesto medio: entre 8 y 20 dólares
- Presupuesto alto: a partir de 20 dólares
Alojamiento
- Presupuesto bajo: entre
10 y 20 dólares
- Presupuesto medio: entre 20 y 65 dólares
- Presupuesto alto: a partir de 65 dólares
Irlanda es un país caro
(en especial su capital, Dublín), aunque los precios varían a lo largo
del territorio. Si se parte del supuesto de que el viajero se aloja en
un hostal, almuerza algo ligero en un pub y se prepara él mismo la cena,
el gasto medio diario rondará los 25 dólares, a lo que habrá que añadir
algo más si se piensa viajar por el país. Otros gastos extra que se
deben tener en cuenta son la costumbre de los hostales de cobrar un par
de libras por darse un baño o, otra tradición, verse en la obligación de
pagar una ronda de caras pintas de cerveza Guinness.
En Irlanda, la mayoría de las divisas y los cheques de viaje se cambian
sin problema, aunque llevarlos en libras esterlinas ofrece la ventaja de
que en Irlanda del Norte no hay cargos por la transacción. Las mejores
comisiones las ofrecen los bancos, pero las oficinas de cambio
permanecen abiertas hasta más tarde. En muchas de las oficinas de
correos se puede asimismo canjear dinero y, además, abren los sábados
por la mañana. Por lo general, la mayoría de los establecimientos
aceptan tarjeta de crédito; sin embargo, en muchos Bed & Breakfast y en
algunas estaciones de servicio de lugares alejados sólo se acepta el
pago en metálico. Por todo el país existe multitud de cajeros
automáticos.
Los hoteles y restaurantes más selectos suelen incluir en la factura un
recargo por el servicio, de entre el 10 y el 12 por ciento, por lo que
no es necesario dejar propina. Los establecimientos más sencillos, por
lo general, no incluyen este cargo, así que si se opta por dejar
propina, se recomienda redondear al alza la cuenta o añadir como mucho
un 10 por ciento. No es costumbre dejar propina en bares o a los
taxistas, aunque si se quiere dejar algo a estos últimos, un 10 por
ciento será suficiente.
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DESPLAZAMIENTOS
La
mejor forma de disfrutar y ver Irlanda es en coche, especialmente porque
a muchos de los lugares de interés no se puede llegar en transporte
público. A pesar de ello, el alquiler de coches es caro. En temporada
alta, resulta conveniente contratarlo de antemano en el país de origen.
Los irlandeses, al igual que los británicos, conducen por el carril
izquierdo. Sobre todo, no hay que dejarse engañar por las distancias, ya
que moverse en transporte público puede no resultar tan fácil como uno
piensa. A pesar de que en Irlanda los trayectos no son muy largos, al
desplazarse de un sitio a otro nunca se sigue una línea recta. Las
tarifas de tren son especialmente caras, muchos destinos no están
incluidos en ninguna de las líneas, y la frecuencia, tanto del tren como
del autobús, puede dejar mucho que desear. Los horarios de los autobuses
en invierno se reducen de forma drástica, y muchas de las líneas se
eliminan a partir de septiembre. Aparte de las variadas posibilidades
para caminar y hacer excursiones que ofrece el país, la bicicleta es
también una buena forma de desplazarse, pero hay que contar con las
pendientes, el mal estado de las carreteras y el clima lluvioso. Las
oficinas de turismo disponen de mapas regionales, que son de gran ayuda,
con rutas ciclistas, entre las que destaca muy especialmente la del
oeste de Cork.
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GASTRONOMÍA
Los
desayunos están compuestos por un zumo a base de frutas, Porridge,
gachas, cereales, huevos fritos con bacon y salchichas, tostadas, pan
marrón, mantequilla, mermelada y café o té.
El almuerzo es, por lo general, muy ligero seguido por el tradicional
Hig Tea acompañado de Scones y Pastas. La cena es la comida más
importante del día.
La reina de la cocina irlandesa es la patata. Asada, al horno, cocida y
aliñada con perejil o acompañada con cebolletas.
El plato nacional es el Irish Stew que se prepara con carne de cordero,
cabra o cabrito, cebollas, patatas, nabos, zanahorias y especias como
perejil y pimienta. Este guisado se cuece lentamente y se deja reposar
para ser recalentado, de nuevo, ya que sabe más sabroso. Resulta
imprescindible comerlo acompañado del brown bread, pan moreno muy
contundente.
El pescado es fundamental, salmón, trucha, langosta, gambas y ostras,
preparados de mil maneras distintas.
Los quesos frescos son deliciosos, destacan el Milleens, St. Killian,
Cashel Blue y el Ardraham.
Como postres se toman tartas de manzana, Crumbles de grosella, y el
curioso Dulce de Algas.
La cerveza es la bebida por excelencia, Guiness es la marca nacional.
También, whiskey y licores como el Baileys o el Irish Mist.
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SALUD
Irlanda cuenta con
excelentes servicios médicos, pero los tratamientos médicos son
costosos. Por lo mismo es preferible adquirir un seguro médico temporal
privado
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SEGURIDAD
No existen en el país problemas de seguridad. Tan sólo las grandes urbes
ofrecen niveles de inseguridad ciudadana similares a otras ciudades del
mundo.
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¿QUÉ VISITAR?
Dublín
Lugar ideal para iniciar el viaje, Dublín es la capital de la República
de Irlanda y la localidad más extensa y cosmopolita del país. Se trata
de una ciudad atrayente y llena de color, con bellos edificios
georgianos, que cuenta con una rica historia literaria y con pubs
extremadamente acogedores. Dividida por el río Liffey, está rodeada de
colinas al Norte y al Sur. La mayoría de los puntos de interés están
situados al sur del río que, a diferencia de la mayoría de los de
ciudad, es una corriente de aspecto rural habitada todavía por peces. La
zona norte del Liffey puede que esté más descuidada pero, según el
escritor Roddy Doyle, también tiene más alma.
Al dirigirse hacia el Sur, atravesando uno de los múltiples puentes, es
inevitable toparse con la Custom House, gigantesco edificio georgiano
del año 1780, situado en la orilla norte del río. También en la orilla
norte y construido por el mismo arquitecto, James Gandon, destaca el
edificio de Four Courts, cuyo bombardeo en 1922 inició la Guerra
Angloirlandesa. Desde la rotonda superior de su construcción central, se
disfruta de unas bellas vistas de la ciudad.
Trinity College es uno de los principales monumentos de la zona sur del
río. Fundado en 1592 por la reina Isabel I, este complejo universitario
presume de su campanario y de los muchos añejos y gloriosos edificios
que lo componen. Sin embargo, su mayor interés gira entorno al Book of
Kells, un manuscrito del año 800 d.C. aproximadamente, uno de los libros
más antiguos del mundo. Esta obra maestra se encuentra en la Biblioteca
Colonnades. Otras edificicaciones no menos impresionantes son el Banco
de Irlanda, construido originariamente para albergar el parlamento
irlandés; la catedral protestante de la Iglesia de Cristo, que aún
conserva algunos restos del templo de madera danés original, del siglo
XI, y la catedral de San Patricio, que data del año 1190 o 1225 (existen
opiniones diferentes al respecto) y que, según se cuenta, se construyó
en el mismo lugar donde el santo patrón bautizó a sus conversos.
Otra de las construcciones características de Dublín es su castillo, más
bien un palacio que una fortaleza, mandado construir por el rey Juan en
1204, de cuya obra original sólo queda la torre Record. Una de las
partes más antiguas de la ciudad de Dublín es el laberinto de calles de
Temple Bar, que ahora están llenas de restaurantes, pubs y tiendas de
moda. Entre los museos de la ciudad, destacan el Museo Nacional, con una
envidiable colección de tesoros desde la Edad de Bronce en adelante; la
Galería Nacional, en la que sobresale una bella colección de arte
italiano; el Museo Heráldico, para aquellos interesados en seguir la
huella del origen irlandés y, por último, el Museo Cívico de Dublín.
El esplendor de las edificaciones georgianas de Dublín puede apreciarse
mejor desde el parque de St Stephen's Green, un espacio de nueve
hectáreas de vegetación situado en el centro de la ciudad. Otros lugares
donde se puede contemplar arquitectura georgiana son Merrion Square, Ely
Place y Fitzwilliam Square.
Dublín ofrece una amplia variedad de posibilidades de alojamiento,
aunque se recomienda reservar con bastante antelación en verano.
Alrededor de la calle O'Connell, al norte del río Liffey, existe un gran
número de hostales, mientras que, en el sur, el alojamiento es más
agradable, limpio y, evidentemente, también más caro. En el norte del
río también se pueden encontrar restaurantes de todo tipo, pero donde
hay más variedad es en la antigua zona de Temple Bar, al sur del Liffey.
Cork
La segunda ciudad en importancia de la República de Irlanda, con sus
numerosos focos de interés turístico y su activa vida nocturna, suele
sorprender al visitante. El centro de la ciudad está situado en una
isla, rodeada por dos canales del río Lee. Al norte del río se encuentra
Shandon, una interesante zona histórica, aunque un poco descuidada en la
actualidad. Entre los lugares más sugestivos de la zona sur, destacan la
catedral protestante de San Finbarr ; el Museo de Cork, en su mayoría
dedicado a la batalla nacionalista en la que la ciudad desempeñó un
papel importante; la prisión de Cork, del siglo XIX, y el Ayuntamiento,
así como numerosas iglesias, fábricas de cerveza y capillas.
Además de los muchos y agradables pubs que posee la ciudad, Cork se
enorgullece de su variada oferta cultural, que puede disfrutarse en el
Palacio de la Ópera de Cork, en la Galería de Arte Crawford y en el
Firkin Crane Centre. También pueden realizarse excursiones al castillo
de Blarney, donde incluso los visitantes menos turísticos se sentirán
obligados a besar la Piedra de Blarney. Cork se encuentra a unas cinco
horas en autobús de Dublín, en dirección sur.
Waterford
Gracias a sus murallas, sus estrechos callejones y su torre normanda,
conocida como torre de Reginald, Waterford conserva un aire medieval. La
época georgiana también dejó un legado de bellos edificios, en especial
los del Mall, una espaciosa calle del siglo XVIII. Entre las
construcciones más importantes, destacan el Ayuntamiento, del año 1788,
con una imponente lámpara de araña de cristal de Waterford, y el palacio
Obispal. También resultan interesantes las numerosas iglesias de la
ciudad, en particular el suntuoso interior de la catedral de la Santa
Trinidad. Ante todo, Waterford es una ciudad comercial portuaria muy
activa, situada en el río Suir, con un estuario lo suficientemente
profundo para permitir que los grandes barcos atraquen en su muelle. El
famoso cristal de Waterford se fabrica en una factoría situada a dos
kilómetros de la ciudad. Waterford está situada en la esquina sureste de
Irlanda y está muy bien conectada, tanto por autobús como por tren.
Galway
Con sus calles estrechas, sus viejos escaparates de piedra y sus
bulliciosos pubs, la ciudad de Galway es un verdadero poema. Se trata
del asentamiento más activo y poblado de la costa occidental, y la
capital administrativa del condado de Galway. Su universidad atrae a
muchos bohemios notables, y su agitada vida nocturna los mantiene allí.
El abarrotado centro de la ciudad se extiende por ambas orillas del río
Corrib, y la mayoría de las tiendas se encuentran en la oriental. La
iglesia colegiata de San Nicolás de Myra, que data del año 1320, con su
curiosa torre en aguja piramidal, es la mayor iglesia parroquial
medieval de Irlanda, y en ella sobresalen sus tumbas. Entre los
abundantes edificios de piedra de interés, se encuentran el castillo de
Lynch, algunas de cuyas partes datan del siglo XIV, y el Arco Español,
que es lo único que se conserva de la antigua muralla. En Galway se
celebran considerables eventos culturales, entre ellos el Festival de
Jazz de febrero, el Festival de Literatura de Semana Santa y el Festival
de Arte, en julio.
Belfast
Superficialmente, Belfast es una gran localidad industrial no demasiada
bonita que se remonta a tan sólo el siglo XIX. Sin embargo, su historia,
llena de acontecimientos políticos y religiosos, ha conseguido que
destaque sobre otras ciudades. Es, además, notable por su escaso tráfico
y su estructura compacta, y entre sus monumentos, sobresale Donegall
Square, rodeada de impresionantes restos de la era victoriana. En la
parte oeste de la ciudad, la pobreza es más evidente; allí se encuentran
las tantas veces nombradas calles Shankill Road (protestante) y Falls
Road (católica). Dos servicios separados de taxi pasean a los turistas
por estos recintos, delimitados por muros profusamente decorados con
pinturas, al precio de unos diez dólares.
Donegall Square está dominada por el Ayuntamiento, cuya arquitectura no
se puede calificar de bella. En ella también se encuentra la Biblioteca
Linen Hall, que alberga una gran colección de literatura irlandesa. La
zona situada al norte de la calle High Street es la parte más antigua de
Belfast, y se conoce como Entries (las entradas); durante la II Guerra
Mundial sufrió fuertes bombardeos y en actualmente sólo quedan en ella
un puñado de pubs que atestiguan el carácter que tenía en el pasado. El
río Lagan atraviesa la ciudad, y el horizonte de la parte oeste de
Belfast todavía está dominado por las grúas de los astilleros. Queen's
Bridge, un precioso puente con lámparas ornamentales, es sólo uno de los
numerosos pasos que cruzan el río. El Crown Liquor Saloon, un lugar que
ejerce de museo y hospedaje a la vez, muestra la extravagancia de la
arquitectura victoriana en su mayor grado: el exterior del edificio está
revestido de cientos de azulejos diferentes, mientras que en su interior
abundan las vidrieras y el cristal tallado, los mosaicos y el mobiliario
de caoba. Es prácticamente imposible encontrar un sitio en su interior
para tomar algo, incluso de pie; a pesar de ello, bien merece una
parada.
El Gran Palacio de la Ópera, ubicado justo al otro lado de la calle,
también ha sufrido bombardeos en repetidas ocasiones. Cerca de la
universidad, se halla el Museo del Ulster, dedicado a la historia y la
cultura, entre cuyas colecciones figuran objetos procedentes del
naufragio de la Armada Española en 1588. A las afueras de la ciudad, se
puede visitar el Zoo, muy bien situado y diseñado, el Parque Nacional de
Cave Hill, el castillo de Belfast, que data del siglo XII aunque la
estructura actual es de 1870, y Stormont, antigua sede del parlamento de
Irlanda del Norte y actualmente residencia de la Secretaría de Estado
para Irlanda del Norte.
La mayor parte de los restaurantes y alojamientos de Belfast se
concentra al sur de Donegall Square y a lo largo de la zona conocida
como Golden Mile (Milla Dorada).
Derry
El río Foyle circunda de forma pintoresca la antigua ciudad de Derry,
creando un bello marco que desentona brutalmente con la realidad de la
problemática historia reciente de la localidad. En la orilla occidental
del río, se alza el casco antiguo, la pequeña parte amurallada de la
ciudad, en cuyo centro destaca Diamond Square. Las alambradas deslucen
la belleza de las murallas, aunque aportan resonancia a su historia.
Desde lo alto, hay buenas vistas del Bogside y sus desafiantes pintadas
("¡No a la rendición!"), y del Monumento a Derry libre. Una vez dentro
de las murallas, el Museo de la Torre describe la historia de Derry. La
catedral de San Columbán, del año 1628, rodeada de alambradas y cámaras
de vigilancia, se emplaza también en este punto. Durante el siglo
pasado, Derry fue uno de los principales puertos desde el que los
emigrantes irlandeses partían hacia Estados Unidos, y en el Museo del
Puerto puede verse una pequeña colección de recuerdos marítimos. Se
halla a tan sólo una hora y media en autobús de Belfast.
Burren
En el condado de Clare, al norte, destaca la extraordinaria región de
Burren. En cualquier dirección en la que se mire, sólo se divisan
kilómetros de brillante piedra caliza cárstica. Los pueblos a lo largo
de la costa son muy escasos, y entre ellos figuran Doolin, centro de la
música popular irlandesa, y la encantadora población costera de
Ballyvaughan. Las cavernas subterráneas, así como las grietas, fuentes y
simas, son el principal interés de Burren. Su flora característica es
una rara mezcla de plantas mediterráneas, árticas y alpinas, y la zona
es el último bastión de la exótica marta. Durante la Edad de Piedra,
esta zona estaba cubierta de árboles, y en ella habitaba un gran número
de personas. De esta época proceden los restos conservados de al menos
sesenta y cinco tumbas megalíticas. Sin embargo, la vegetación fue
destruida para cultivar la tierra, lo que ocasionó el erosionado terreno
calizo de la actualidad. Los fuertes de piedra de la Edad de Hierro,
conocidos como fuertes circulares, salpican el paisaje de la región, y
las ruinas de castillos le otorgan un toque de misterio medieval. Verdes
carreteras sin pavimentar, que datan de hace miles de años, entrecruzan
la región hasta llegar a los lugares más remotos.
Desde Limerick, Galway y Ennis parten autobuses hacia Burren. Los
servicios en verano son bastante regulares, pero en invierno hay que
planear bien el viaje para evitar quedar atascado en una estación por
causa de los cambios de horario.
Clonmacnois
En el condado de Offaly, éste es el enclave monástico más importante de
Irlanda. Emplazado en la cumbre de una montaña, ofrece unas bellas
vistas del río Shannon. Se trata de una extensión circundada por
murallas, en la que existen numerosas y antiguas iglesias, cruces altas,
torres redondas y tumbas, muchas de ellas en un estado de conservación
admirable, que permiten hacerse una idea real de cómo eran los
monasterios medievales. La zona está rodeada de terreno pantanoso, en el
que habitan muchas plantas salvajes y especies de aves. Su museo exhibe
lápidas, cruces originales y otros elementos descubiertos durante las
excavaciones. No hay transporte público que lleve a Clonmacnois; el
pueblo más cercano es Shannonbridge, a siete kilómetros en dirección
sur, desde donde puede hacerse autostop o alquilar un taxi.
Connemara
Ésta es la salvaje y árida región situada al noroeste de Galway.
Connemara es un sorprendente mosaico de ciénagas, valles solitarios,
montañas y lagos, con la única compañía de alguna lejana casa de campo (cottage)
o castillo escondido. Por los montes llamados Twelve Bens se pueden
realizar preciosos paseos con vistas al océano y al conjunto de islas
rocosas, tortuosas calas y espumosas playas de arena blanca. La
carretera de la costa que sale del pueblo de Spiddal, a tan sólo 17
kilómetros de Galway, serpentea a través de este laberinto, pero aún más
inolvidable resulta el viaje por el valle del lago Inagh y por el lago
de Kylemore, cuya belleza es difícil de superar.
Islas de Arán
Las tres islas de Arán (Inishmor, Inishmaan y Inisheer) son paisajes
lunares de piedra caliza, de desolada y extraña belleza. Albergan
algunos de los restos cristianos y precristianos más antiguos de
Irlanda, entre los que destacan los fuertes de piedra de la Edad de
Hierro de Dun Aengus, en Inishmor, y de Dun Conchuir, en Inishmaan. No
se conoce prácticamente nada de la civilización que realizó estas
construcciones. Algunos de los primeros asentamientos monásticos fueron
fundados por San Eanna a finales del siglo IV y en el V, aunque los
restos que han pervivido hasta la actualidad proceden del VIII. El
aislamiento de las islas ha permitido que la cultura irlandesa perdure,
cuando en el resto del país ha desaparecido casi por completo. La lengua
nativa sigue siendo el irlandés y hasta hace poco las gentes aún vestían
el traje tradicional de la región.
Todas las islas están entrecruzadas por muros de piedra que fueron
construidos hace miles de años y que crean apacibles caminos bien
protegidos del viento. Inishmaan es la isla menos visitada, mientras que
Inishmor es la más popular para excursiones de un día. Inisheer es la
que está más cerca, a tan sólo ocho kilómetros de Doolin, en el condado
de Clare. Desde las ciudades de Galway, Rossaveal y Doolin salen ferrys
con destino al archipiélago.
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DEPORTES / ACTIVIDADES
Caminar
es una de las actividades más apropiadas para Irlanda, que dispone de
kilómetros y kilómetros de caminos trazados, entre los que destacan
Kerry Way, Beara Way, Ulster Way y Wicklow Way. Ésta es una de las
mejores formas de descubrir el país y llegar a sus rincones más bellos y
fascinantes. Otra forma de huir de las multitudes es la bicicleta,
aunque algunas zonas poseen pendientes muy pronunciadas. Existe un gran
número de excelentes oportunidades para practicar el alpinismo, en
particular en el monte Gabriel (407 m), situado en la península de Mizen
Head; en el monte Hungry (686 m), ubicado en la de Beara, y en Croagh
Patrick (763 m), a las afueras de Westport.
Irlanda es conocida por su pesca, y muchos de sus visitantes vienen al
país solamente a practicarla. Se necesita un permiso, que cuesta cinco
libras irlandesas al día; además, para la captura del salmón y la trucha
de mar se exige también una licencia nacional. Irlanda ofrece también
muchas posibilidades de efectuar deportes acuáticos, gracias a sus 5.630
kilómetros de costa, sin contar sus ríos y lagos. Entre las zonas de
calidad para disfrutar del surf, se encuentran Easkey, al oeste del
condado de Sligo, la península de Castlegregory, y Barley Cove, en la
península de Mizen Head. La costa occidental es uno de los mejores
lugares de Europa para practicar el submarinismo con escafandra,
especialmente en la bahía de Bantry y en la bahía de Dunmanus,
pertenecientes al condado de Cork; en la península de Inveragh, en Kerry,
y en los alrededores de Hook Head, en el condado de Wexford. El deporte
de la vela asimismo disfruta de una larga tradición en Irlanda, que
cuenta con más de ciento veinte clubes de yates y de vela. Las zonas más
populares para navegar son la costa occidental, en especial el espacio
comprendido entre el puerto de Cork y la península de Dingle, la línea
costera al norte y sur de Dublín, y los grandes lagos de Lough Derg,
Lough Erne y Lough Gill.
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ESTUDIAR Y EMIGRAR
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LIBROS
-
O'Beirne Ranelagh, John:
Historia de Irlanda, Cambridge University Press, 1999
-
Joyce, James: Dublineses,
Alianza Editorial, 2000; Ulises, Editorial Planeta, 1996
-
Doyle, Roddy: La
caminoneta, Ediciones Alfaguara, 1996; La mujer que se daba con las
puertas, Alfaguara, 1998
-
McCourt, Frank: Las
cenizas de Ángela, Ediciones Maeva, 1998
-
Synge, J. M.: Las islas
Arán, Alba Editorial, 2000
-
Wood, Juliette: Los
celtas: vida, mitología y arte. Editorial Jaguar, 1998
-
Sainero, Ramón: La huella
celta en España e Irlanda, Ediciones Akal, 1998
-
Adams, Gerry: Hacia la
libertad de Irlanda, Txalapartata Argitaletxea, 1998
-
Beckett, Samuel:
Esperando a Godot, Tusquets Editores, Barcelona, 1995
-
Yeats, W.B.: El
crepúsculo celta, Ediciones Alfaguara, Madrid, 1986
Donleavy, J.P.: Nuestra señora de los váteres inmaculados, Editorial
Edhasa, Barcelona, 1999
-
Heaney, Seamus: La
linterna del espino, Círculo de Lectores, Barcelona, 1995
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