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Nueva Zelanda

Historia | Cultura | Fiestas | Clima | Documentación / VISA | Dinero | Desplazamientos | Gastronomía | Salud | Seguridad | ¿Qué visitar? | Deportes / Actividades | Estudiar en este país |  | Emigrar a este país | Libros

Nueva Zelanda es como un pequeño universo con todas las atracciones del mundo. Aquí se puede caminar en las laderas de volcanes activos o en remotas selvas vírgenes; a través de géisers y fuentes termales de barro o de bosques kauri con los árboles más viejos de la tierra. Se puede nadar con delfines, avistar ballenas, ver cómo un glaciar desciende sobre la selva, pescar truchas en torrentes cristalinos y contemplar pingüinos y focas alrededor de embarcaciones mientras se adentran en fiordos escondidos.

Si es usted un aventurero, puede hacer rafting en aguas rápidas, escalar, tirarse en paracaídas, esquiar y, sobre todo, tirarse desde cualquier altura con una liana elástica atada a los tobillos: el bugy jumping. Puede también sentir la fascinante cultura maorí y el calor de la amistosa gente de Nueva Zelanda.

Y también hay ciudades, claro, llenas de museos y una vida cultural que cada día se hace más omnipresente. Todas las poblaciones importantes tienen una animada vida nocturna con teatro, danza y música en vivo a raudales. El arte y la artesanía son muy apreciados, y en cualquier esquina surgen magníficas galerías para admirar y hacer compras.

El país está cada vez más orientado hacia el turismo, desde el de más alto standing al llamado "mochilero", con lo que hay ofertas para todos los gustos y presupuestos.

La población de Nueva Zelanda ronda los 3,5 millones de habitantes, una población relativamente pequeña para su extensión, pues representa una densidad de poco más de 12 habitantes por kilómetro cuadrado. Pese a ser un país con un importante sector agrícola, la mayoría de la población alrededor del 70% vive en áreas urbanas. De éstos, el 75% se concentra en la isla norte, estimulada por el clima más suave, la expansión de la industria forestal y la horticultura especializada, y por el establecimiento de empresas comerciales y fabricas cerca de los grandes mercados nacionales.

El 78% de los neozelandeses son descendientes de europeos, el 13 % son nativos maoríes, y un 5% lo componen polinesios de las islas del Pacífico. Además, un 1.3% es chino y un 1% indio. Actualmente, la población occidental tiende a decrecer, mientras que ganan peso demográfico el resto de las razas. Aunque durante los últimos años las inmigraciones habían disminuido debido a las duras condiciones económicas, estos días Nueva Zelanda recibe nuevas oleadas de inmigración, especialmente desde Asia y las islas de la Polinesia.

Todo el mundo coincide en calificar a los neozelandeses como amistosos y abiertos y, curiosamente, al igual que a sus vecinos australianos, también se les considera relajados. A los neozelandeses les gusta disfrutar de la vida y de sus paisajes, y viven sin prisa, pero sin pausa, pues en muy poco tiempo han colocado a su país entre las naciones más desarrolladas. Valoran mucho la autosuficiencia y la iniciativa particular valiéndose de recursos limitados (lo que se ha dado en llamar el "ingenio kiwi").

El ritmo de vida en la Isla del Sur es claramente más pausado y tranquilo que el de la del Norte, donde la mayor densidad demográfica y el desarrollo urbanístico imponen una forma de vivir más acelerada. Las gentes del sur son amables con los turistas, pero su generosidad no quita para que conserven sus raíces y un gran arraigo hacia la tierra en la que viven.

Los neozelandeses, en general, cuidan mucho de sus hogares. No suelen ser alquilados, por lo que gastan mucho tiempo y dinero en mantenerlos en buen estado y embellecerlos.

  • Nombre oficial: Nueva Zelanda

  • Superficie: 270534 Km2

  • Habitantes: 3625400

  • Diferencia horaria: En Nueva Zelanda hay una diferencia horaria de 13 horas más con respecto al GMT. El último domingo de octubre hasta el primer domingo de marzo se adelanta una hora.

  • Idiomas hablados: El inglés es el idioma común hablado por la mayor parte de la población, pero el maorí es un idioma oficial reconocido por el Parlamento y que está adquiriendo un significado cada vez mayor a escala nacional.

  • Electricidad: La corriente eléctrica en Nueva Zelanda es de 230 voltios, a 50 Hz.

  • Religión: Aunque no posee una religión oficial, el Cristianismo es la que profesa la mayor parte de la población. Las tres principales son la Anglicana (Iglesia de Inglaterra), con el 25% de la población, la Presbiteriana, con el 18% y la Católica, con el 16%. Existen otros muchos grupos con menor representación, como los Metodistas, Baptistas, Mormones, Testigos de Jehová, Pentecostales y Adventistas del Séptimo Día. Las religiones Ratana y Ringatu tienen también un amplio seguimiento (son adaptaciones maoríes del cristianismo).

  • Horario comercial: Los bancos neozelandeses están abiertos de 9.30 a 16.30 h. de lunes a viernes, y las tiendas y negocios de 9.00 a 17.30 h., prolongándose en el caso de las primeras. Un día a la semana (que bien puede ser un jueves o un viernes) amplían el horario hasta las 9.00 de la noche.

  • Correos y teléfonos: El servicio de correos es muy eficiente. Existen oficinas en la mayoría de poblaciones.

  • Pesos y medidas: sistema métrico

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HISTORIA

Epoca Maorí

La auténtica historia de los primeros pobladores y las posteriores migraciones a Nueva Zelanda es todavía un misterio, pues casi todas las crónicas que hoy se conocen son adaptaciones hechas por historiadores occidentales de las leyendas maoríes.

Las sociedades maoríes originarias del territorio eran básicamente tribales, girando su organización en torno al iwi (tribu) o el hapu (sub-tribu). La procedencia genealógica de cada tribu era muy respetada, y muchas eran capaces de trazar su procedencia hasta la canoa que trajo a sus primeros ancestros en alguna de las migraciones. La sociedad estaba muy jerarquizada, siendo los cargos de liderazgo casi siempre hereditarios.

Colonización Europea

Los maoríes no tuvieron contacto con los blancos hasta que Abel Tasman llegó en 1642, procedente de la provincia holandesa de Zelanda. Este cambió el nombre del lugar, pero el trato que le dispensaron los nativos, feroces guerreros y caníbales hasta muy entrado el siglo XIX, le desaconsejó intentar la colonización.

En 1769, el inglés James Cook llegó a las costas de Nueva Zelanda, tuvo algunos contactos amistosos con los maoríes y siguió su camino hacia Australia, no sin antes declarar la pertenencia a la Corona Británica de los territorios descubiertos. Los primeros occidentales atraídos por la nueva tierra fueron cazadores de focas y ballenas, que en pocos años prácticamente exterminaron ambas especies. Los nuevos pobladores trajeron consigo enfermedades. A principios del siglo XIX, la población maorí había descendido notablemente.

En 1814 llegó el primer misionero, Samuel Mardsen, que fue seguido por otros que llevaron el cristianismo a las islas. Londres envió en 1833 a James Busby como autoridad británica, pero no lo dotó de medios ni de poder de decisión, con lo que poco pudo hacer por establecer el orden en el caos que se había originado entre los maoríes y los nuevos pobladores. Ante la amenaza de una posible colonización de los franceses, que comenzaban a penetrar por el sur, los británicos enviaron al capitán William Hobson para reemplazar a Busby y convencer a los jefes maoríes de que cedieran la soberanía de las islas a la Corona.

Tras breves negociaciones, el 6 de febrero de 1640 se firmaba el Tratado de Wiatangi entre el capitán inglés y 42 jefes maoríes. En los meses siguientes, hasta 500 jefes llegaron a firmar el acuerdo. Este documento garantizaba la autonomía de los jefes locales y la igualdad entre los maoríes y los demás súbditos británicos.

Soberanía Británica y Autonomía

Los nativos cedieron a la soberanía a la Reina de Inglaterra a cambio de su protección y la exclusividad a la hora de vender las tierras, que sólo podrían pasar a colonos británicos. A pesar de las buenas intenciones, con la llegada masiva de colonos comenzaron a surgir problemas cuando los maoríes no quisieron vender tierras y la Corona no quiso pagar el precio por ellos exigido. A estos acontecimientos hay que sumar el hecho de que en esta época se descubrió oro en la isla del Sur, y empezaron a llegar gentes de todo el mundo debido al periodo transitorio de prosperidad económica. También fue muy favorable el desarrollo de la industria lanera.

A lo largo de las últimas décadas del siglo XIX, Nueva Zelanda experimentó grandes cambios, lo que la llevó a ser conocida como "el laboratorio social del mundo"; fue el primer país en reconocer el sufragio femenino (1893) y el segundo en conceder pensiones libres de impuestos a los ancianos (1894); se instauró el salario mínimo y los servicios médicos infantiles.

En 1889 se instauró el sufragio universal, que favoreció a los pequeños colonos. Las dos administraciones liberales que gobernaron entre 1819 y 1906 nacionalizaron ferrocarriles y minas, concedieron el voto a las mujeres y la representación de los maoríes, adoptaron las primeras medidas de Seguridad Social, favorecieron los sindicatos y protegieron a los trabajadores. No obstante estos avances y lo selectivo de la inmigración que fue permitida, la población maorí siguió disminuyendo, y en 1900 se calculaba que sólo quedaban en las islas unos 42.000 nativos.

Siglo XX

En 1856 Nueva Zelanda había recibido el estatuto de colonia autónoma, y en 1907 pasó a ser dominio británico y, por lo tanto, reconocido como estado soberano en el estatuto de la Commonwealth de 1931. Entre los años 1912 y 1925, el Partido de la Reforma, apoyándose en los propietarios de las tierras, frenó el socialismo mientras se afianzaba el movimiento laborista.

Los neozelandeses combatieron en Europa durante la Primera Guerra mundial. Este hecho les hizo consolidar plenamente su pertenencia al imperio británico y obtuvieron mandato sobre Samoa y sobre Nauru, conjuntamente con Australia y Gran Bretaña. A pesar de lo que podría parecer, ni el primer ministro W. Massey (que estuvo presente en Versalles) ni sus sucesores tenían especial interés en conseguir la independencia de su país. Gozaban de una amplia autonomía que les permitía desarrollar libremente sus intereses económicos y políticos. No obstante, el país estaba preocupado por sus intereses estratégicos, y exigió a la metrópoli que limitara la influencia japonesa en el Pacífico en 1922.

El año 1929 fue duro para Nueva Zelanda. Hubo una crisis económica que hizo disminuir de forma masiva sus exportaciones, que la guerra de 1914-1918 había favorecido mucho. En los años posteriores creció el paro y el descontento social y, en 1935, el Partido Laborista llegó al poder y consiguió restablecer la prosperidad del campo, restaurando los derechos sindicales, extendiendo la Seguridad Social y desarrollando la industria.

Tras lograr la Independencia en 1947, en 1949 los laboristas son sucedidos por el Partido Nacionalista, que gobernaría sólo hasta 1957, porque tres año después volverían a hacerse con el control, prosiguiendo con el estímulo del desarrollo industrial. La Guerra Fría llevó a Nueva Zelanda a seguir la política norteamericana. Después de la entrada de Gran Bretaña en la Comunidad Europea, tuvo que buscar mercados en Asia y, particularmente, en Japón.

A partir de los años setenta se produjo un resurgir de la cultura maorí, cuando los líderes nativos comenzaron a reclamar justicia social y a airear los agravios que su población venía sufriendo. En 1975 se reconsideró el Tratado de Waitangi, que en 1877 había sido prácticamente anulado. El parlamento aprobó el Acta del Tratado de Waitangi y estableció un tribunal especial para dilucidar las quejas maoríes contra la Corona a partir de esa fecha. En 1985 el se aprobó una enmienda al acta para incluir todas las quejas desde la firma del tratado en 1840. Se restituyó económicamente a las tribus maoríes cuyas tierras habían sido confiscadas injustamente.

La época de las vacas flacas llegó en la década de los ochenta, cuando gran parte del mercado europeo cerró sus fronteras a los productos agrícolas del país, y la crisis del petróleo incrementó notablemente el precio de muchas de sus importaciones minerales y de productos manufacturados. Se tomaron importantes medidas de austeridad económica y reestructuración industrial, se reorientó la política exterior y se declaró el país zona desnuclearizada.

Actualmente, su situación económica atraviesa un buen momento, aunque todavía le falta por resolver el primer problema del comercio exterior: la gran distancia a la que se encuentran los mercados mundiales más importantes.

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CULTURA

La cultura maorí se conoce como Maoritanga y es su estilo de vida y concepción del mundo, constituyendo una parte cambiante y creciente de la vida de Aotearoa (Nueva Zelanda). No obstante los maoríes han adoptado como propios muchos aspectos de la cultura occidental, y un número creciente de neozelandeses comparte en la actualidad las riquezas del patrimonio maorí.

El "marae" la casa de reunión y el terreno circundante constituye el núcleo de la vida comunitaria maorí. El marae completo funciona conforme a principios democráticos que han evolucionado a partir de los estrictos códigos de comportamiento que regían cada aspecto de la vida tradicional.

Hoy día, la mayoría de los maoríes vive alejado de su marae. Muchos viven y trabajan en la ciudad y deben hacer un esfuerzo especial para mantener los vínculos sociales y culturales con su patrimonio maorí.

Entre lo más característico de los trabajos de Maoritanga destacan las tallas en madera de pino kauri, que tienen un profundo significado espiritual. Aunque si desea llevarse un buen recuerdo le aconsejamos que no desdeñe los tejidos maoríes y, por supuesto, sus elaborados tatuajes.

En la nefrita (una piedra verde) los maoríes hallaron un material idóneo para azuelas, mazas pequeñas, sus primeros utensilios para trabajar la tierra y pinjantes. Los pinjantes más conocidos son los heitiki, a los que se confería gran valor; su longitud oscilaba entre los 6 y los 20 centímetros y consistían en una figura humana con la cabeza inclinada sobre el hombro, como un feto, que colgaba de un cordón.

Una de las tradiciones más arraigadas en este país es la música, que los melanesios acompañan de danzas y ceremonias sagradas con cánticos y sonidos musicales que se producen con ayuda de un tambor de cuero en forma de reloj de arena. Este primitivo instrumento lo utilizaban los primeros pobladores de estas islas para transmitirse mensajes a través de la jungla. Junto a éste conviven otros como la flauta de bambú, el ukeke, un tipo de cítara y el ukelele, un laúd de punteo. De las canciones maoríes hay que reseñar que se concentran en una nota de recital llamada "oro", además de que el contenido de cada canción resulta muy importante.

La danza y el teatro están también muy desarrolladas y el cine neozelandés cosecha éxitos internacionales (El Piano o Guerreros de Antaño, por poner un par de ejemplos). En ópera, la cantante Kiri Te Kanawa es una de las más prestigiosas de todo el mundo. La Orquesta Sinfónica de Nueva Zelanda ofrece 120 conciertos anualmente y es acompañada por figuras de primera fila como solistas.

Si es amante de la lectura no olvide conseguir alguno de los libros de los escritores más conocidos, como Janet Frame o el maorí Witi T. Ihimaera.

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FIESTAS

Para los neozelandeses, el periodo de vacaciones anuales se extiende desde mediados del mes de diciembre hasta la segunda quincena de febrero. Por otra parte, el calendario de fiestas oficiales establecido atañe a los días: 1 de enero, 6 de febrero, 25 de abril y 26 de diciembre. Pero, como fiestas móviles se señalan el Viernes Santo, el Lunes de Pascua, el Cumpleaños de la Reina (que se celebra cada año el primer lunes de junio) y el Día del Trabajo (que corresponde al cuarto lunes de octubre). Existen también conmemoraciones provinciales y fiestas locales, siendo la de Wellington, el 23 de enero, y la de Auckland, el 30 de enero.

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CLIMA

La posición oceánica de Nueva Zelanda en latitudes templadas, entre los 34 y los 47 grados de latitud Sur, constituye el factor determinante del variado clima del país. Este, en general, es uniforme, pero va desde el clima subtropical que se presenta en el verano del norte hasta un clima polar, presente en los inviernos de los Alpes del Sur.

El tiempo es variable y a menudo ventoso; sin embargo, las variaciones estacionales no son tan marcadas como en otros países. Los veranos rara vez son demasiado calurosos y, en las regiones costeras, los inviernos son cortos no muy crudos. Se presentan precipitaciones lluviosas durante todo el año, más en invierno que en primavera. La nieve de invierno se limita a las montañas y a los terrenos montañosos, y la mayor parte del país tiene al menos 2.000 horas de luz solar al año.

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DOCUMENTACION & VISA (FAVOR DE VERIFICAR LOS REQUERIMIENTOS DE VISADO CON EL CONSULADO O EMBAJADA MAS CERCANA, NO SOMOS RESPONSABLES DE LA INFORMACIÓN A CONTINUACIÓN)

Para ingresar a Nueva Zelanda es necesario el pasaporte con una validez mínima de tres meses, visado para las estancias que superen los 90 días y billete de salida. Para mas información sobre visas, visite http://www.immigration.govt.nz 

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DINERO

La moneda es el Dólar neozelandés.

Relación aproximada de precios:

Comidas

- Presupuesto bajo: entre 5 y 15 dólares (entre 5,4 y 16,3 euros)
- Presupuesto medio: entre 15 y 30 dólares
- Presupuesto alto: a partir de 30 dólares

Alojamiento

- Presupuesto bajo: entre 10 y 20 dólares
- Presupuesto medio: entre 20 y 100 dólares
- Presupuesto alto: a partir de 100 dólares

Nueva Zelanda ofrece la opción de viajar por poco dinero. Los viajeros con un presupuesto reducido, si se alojan en cámpings u hostales y se preparan la comida, no gastarán más de 35 dólares al día. Los centros de vacaciones y los moteles disponen de cocinas para uso de los clientes. Practicar alguna actividad se presenta como uno de los principales atractivos de Nueva Zelanda. Si bien diversas son gratuitas, como el senderismo, la natación o la contemplación de aves, la mayoría resultan caras y pueden llegar a suponer el mayor gasto del viaje. Alojarse en hoteles, comer en restaurantes y practicar el descenso de rápidos, el puenting y demás actividades similares, supondrá un gasto medio diario de unos 100 dólares.

En Nueva Zelanda pueden cambiarse sin dificultad las divisas de Australia, el Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Alemania y Japón; igualmente, los cheques de viaje o las tarjetas de crédito son de uso común. Los bancos proporcionan dinero en metálico con las tarjetas Visa y MasterCard, pero para realizar operaciones con la tarjeta American Express hay que dirigirse a una de sus oficinas.

Últimamente se está extendiendo la costumbre de dejar propina, aunque muchos kiwis, apodo con el que se conoce a los neozelandeses, aún lo consideran un curioso hábito extranjero. No obstante, son cada vez más frecuentes, especialmente en las grandes ciudades, donde la influencia foránea es mayor. Si se ha recibido un servicio excepcional, suele dejarse entre un 5 y un 10% del total de la factura en restaurantes, nunca en una cafetería.

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DESPLAZAMIENTOS

Aunque Nueva Zelanda es un país compacto y permite desplazarse de un lado a otro con facilidad, merece la pena utilizar el avión, en especial para no perderse los paisajes montañosos y los volcanes. Además, existen múltiples descuentos que permiten acceder a vuelos económicos. Las dos compañías nacionales son Air New Zealand y Qantas New Zealand. Existen algunas otras más pequeñas como Mt Cook Airline, Eagle Air y Air Nelson, copropiedad de Air New Zealand que se han agrupado con el nombre Air New Zealand Link para ofrecer cobertura en el interior.

Nueva Zelanda dispone, asimismo, de una amplia red de autobuses; InterCity es el operador principal, tanto en la isla del Norte como en la del Sur. Newmans (en la isla del Norte) y Mt Cook Landline (en la isla del Sur) operan como las compañías de autobuses más importantes. Las rutas más comunes disponen de servicios frecuentes (al menos diariamente) pero, por desgracia, caros y lentos. Como alternativa, se puede viajar con compañías regulares de autobuses más pequeñas, más económicas, que proporcionan un trato más directo que las grandes compañías. Algunas de ellas están pensadas especialmente para cubrir la demanda de los viajeros extranjeros, y disponen de numerosos suplementos en sus servicios que las hacen particularmente atractivas. Otras compañías proponen un viaje por Nueva Zelanda en autobuses alternativos : una forma de conocer el país sin prisas.

No existen muchas rutas ferroviarias principales. Los trenes, modernos y cómodos, pueden resultar más económicos que los autobuses. Las carreteras son buenas y están bien señalizadas, y las distancias son cortas, por lo que se recomienda viajar en coche (en Nueva Zelanda se conduce por la izquierda). Al resultar muy común el alquiler de vehículos, existen muchas ofertas. El viajero dispone de numerosos servicios de transporte marítimo, entre ellos el ferry de Interislander, que opera entre Wellington, en la isla del Norte, y Picton, en la isla del Sur. Siempre cabe la posibilidad de montar en bicicleta; de hecho, muchos visitantes describen Nueva Zelanda como el paraíso de los ciclistas: un país limpio, frondoso, poco poblado y explotado; además, existen numerosos parajes donde se puede acampar y encontrar alojamiento por poco dinero. El alquiler de bicicletas resulta económico; puede ser diario, semanal o mensual.

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GASTRONOMÍA

A diferencia de sus vecinos los australianos, que acostumbran a comer una mayor mezcla de platos de distintas culturas (por la cantidad de inmigrantes que provienen de otros países), y que han incorporado especialidades a base de canguro y cocodrilo, la cocina neozelandesa se caracteriza por una marcada impronta inglesa. Desde el popular "fish and chips" que los ingleses han exportado a todo el mundo, hasta el cordero asado.

Está claro que el paladar no echará de menos la comida europea, porque para ello existe un gran número de restaurantes franceses, italianos, griegos, etc. Además, para los que son amigos de probar delicias de otros países, no faltarán los restaurantes orientales, chinos, hindúes y vietnamitas incluidos. Todos ellos sirven como principal bebida la cerveza fría, que al igual que en Australia, constituye un producto nacional de alta consumición.

Pero si por algo se destaca este país prácticamente desconocido para los europeos, es por su fruta, concretamente el exótico y famoso kiwi, que comenzó a cultivarse como explotación comercial por primera vez en los años 50. Esta fruta, autóctona de una región de China (el Valle del río Yangtze), fue importada en un principio como planta ornamental y decorativa para el interior de los hogares. Actualmente, Nueva Zelanda produce las dos terceras partes del total del kiwi mundial.

Como es de esperar, el pescado es abundante en Nueva Zelanda, y sus habitantes saben prepararlo de forma sabrosa, condimentado con las especias propias del país. No deje de probar los mejillones, las langostas, las ostras de Bluff (en el extremo sur de la Isla del Sur) y todo tipo de marisco, ya que es abundante y apetitoso.

Si en lugar de degustar los platos más famosos de la cocina neozelandesa le apetece comer sobre la marcha los productos del país, podrá alquilar un coche y refrescarse comprando frutas en los puestos montados en el arcén de las distintas carreteras. La mayoría de ellos no posee permiso de venta, motivo por el que las autoridades suelen merodear por los alrededores.

Y, por supuesto, no debe abandonar la isla sin probar la comida maorí, llamada hangi, consistente en una variedad de platos de carne y pescado acompañados de kumara, una patata dulce. Todo esto se cuece en hornos hechos en la tierra o de forma natural, aprovechando las corrientes de vapor, por lo que resulta muy distinto a todo lo que se haya probado antes. Con el kiwi, la fruta más conocida internacionalmente y muy rica en vitaminas, los neozelandeses lo cocinan de todas las maneras habidas para hacer riquísimos postres.

El pavlova es un postre típico que, además de fruta, incorpora crema batida fresca y merengue.

En las ciudades de Nueva Zelanda se pueden encontrar muchos locales abiertos hasta altas horas de la madrugada donde el turista podrá divertirse, como pubs, cabarets, bares musicales, teatro en vivo, discotecas y casinos.

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SALUD

Nueva Zelanda cuenta con excelentes servicios médicos, pero los tratamientos médicos son costosos. Por lo mismo es preferible adquirir un seguro médico temporal privado

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SEGURIDAD

No existen en el país problemas de seguridad. Tan sólo las grandes urbes ofrecen niveles de inseguridad ciudadana similares a otras ciudades del mundo.

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¿QUÉ VISITAR?

Auckland
Auckland es la ciudad más grande del país, con una población de 1.002.000 habitantes. Su práctica totalidad está circundada de agua y cubierta de colinas volcánicas. Al igual que Sidney, Auckland dispone de un espectacular puerto y un puente, además de un increíble número de entusiastas de los yates, lo que le ha valido la denominación de Ciudad de las Velas. La urbe atrae en especial a las personas procedentes de las islas del Pacífico Sur, y actualmente presenta la mayor concentración de ciudadanos polinesios del mundo. Entre los lugares más remarcables, destacan el Museo de Auckland, que acoge una muestra memorable de objetos y cultura maorí, y el Kelly Tarlton's Underwater World & Antarctic Encounter, una simulación única del océano y de las actividades de exploración.

Las zonas de Parnell y Newmarket, a las afueras de la ciudad, resultan los lugares idóneos para comprar. Pueden contemplarse edificios victorianos bien conservados en Devonport, y en Ponsonby se puede adquirir artesanía polinesia; además, abundan cafeterías, restaurantes y mercados. Desde el volcán extinguido de One Tree Hill se disfruta de unas bellas vistas de la metrópoli. Para darse un baño, se recomiendan las playas de Kohimarama y Mission Bay. El golfo Hauraki de Auckland está salpicado de islas como Rangitoto, Great Barrier y Waiheke, donde el alojamiento es asequible y existen numerosas posibilidades para pasear y hacer submarinismo. La isla Waiheke alberga excelentes galerías de arte. Auckland aparece como un punto de partida ideal para visitar las fascinantes regiones de la península de Coromandel y de las llanuras de Hauraki, al Sureste.

Otago y Southland
En Otago y Southland destacan tres parajes que ocupan la zona meridional de la isla del Sur: Queenstown, con sus múltiples actividades; los caminos del Parque Nacional de Fiordland ; y la península de Otago, la primera incursión de Nueva Zelanda en el turismo ecológico. Queenstown, situada en un valle glaciar al borde del lago Wakatipu, es una ciudad rebosante de aventuras: paravela, esquí acuático por rápidos helados en barcos a reacción, rafting y puenting en el Canyon Bridge. La última moda se basa en lanzarse desde un helicóptero a 300 m.

El Parque Nacional de Fiordland, que toma el nombre de su costa excavada por el glaciar, se ubica en una zona salvaje de montañas y bosques de hielo y hayas. En su punto álgido, la zona de Milford Sound, los barcos de crucero se balancean como si fueran juguetes bajo las sombras de elevadas montañas y cascadas. Entre las rutas alpinas clásicas se halla la Routeburn Track (en el Parque Nacional del monte Aspiring), el valle Hollyford y el camino Milford Track (conocido como el más bello del mundo).

La península de Otago destaca como una importante zona de vida salvaje que dispone de bosques y colonias de albatros, pingüinos y focas, además de acuarios, museos y enclaves históricos. En ella, se ubica la ciudad universitaria de Dunedin, cuna de arte y entretenimiento famosa por haber dado lugar a una generación ecléctica de bandas de rock de gran éxito. La urbe, de influencias escocesas, posee un rico patrimonio arquitectónico, con gran número de museos, galerías y castillos.

En la zona, existen numerosos lagos gigantescos; entre ellos el lago Hawea y, no muy lejos, en Otago, el lago Wanaka. El lago Te Anau, en Southland, el segundo de Nueva Zelanda en tamaño, es el resultado de la acción de un gran glaciar. En él pueden visitarse cuevas de larvas luminosas, cascadas y remolinos. Los bosques autóctonos de los Catlins, los más extensos de la costa oriental de la isla del Sur, se sitúan entre Invercargill y Dunedin. Poseen reservas de plantas y árboles poco comunes, además de especies animales, como focas, leones de mar, pingüinos y patos.

Northland
Northland es cuna tanto de la civilización maorí como de la pakeha, ya que fue aquí donde estos últimos mantuvieron sus primeros contactos con los maoríes, donde se estableció el primer asentamiento para la caza de ballenas y donde se firmó el tratado de Waitangi. A menudo conocida como el norte menos frío debido a las suaves temperaturas de las que goza durante todo el año, Northland disfruta de un interesante número de museos, como el Museo Otamatea Kauri & Pioneer ; de preciosas playas de arena blanca, como la Ninety Mile Beach ; de lugares para practicar el submarinismo, como la Reserva de las islas Poor Knights, considerada por Jacques Cousteau como uno de los diez mejores lugares del mundo para realizar este deporte; de ciudades históricas ( Pahia y Waitangi ); de zonas indicadas para la pesca deportiva ( Bahía de las islas ); y de reservas de flora y fauna ( Waipoua Kauri Forest ).

Whangaparaoa
Una sucesión de atractivas bahías conduce a la de Whangaparaoa (cabo Runaway), en el extremo del cabo oriental de la isla del Norte. Las playas aparecen bastante abandonadas y con maderas flotantes, pero merece la pena visitar la vieja iglesia anglicana, rodeada de pinos Norfolk y situada en un solitario promontorio. Al cabo Runaway sólo puede llegarse a pie, pero se aconseja pedir permiso antes de entrar, por su condición de propiedad privada.

Isla Great Barrier
Esta isla, situada en la entrada del golfo Hauraki, se caracteriza por kilómetros de playas de arena blanca en su costa este, por protegidas calas de profundas aguas en su costa oeste y por una escarpada cordillera que la recorre en su parte central. La reserva de 80.000 ha dispone de numerosos senderos que combinan antiguos caminos de explotación forestal y raíles de los tranvías. Los manantiales de agua caliente, los elevados bosques de kauris y el aura serena que se respira hacen de esta isla el enclave ideal para evadirse. Desde Auckland, 88 km al Sur, parten vuelos y ferrys hasta Great Barrier.

Harihari
Harihari, una pequeña ciudad en la costa oeste de la isla del Sur, saltó a la fama mundial cuando, en 1931, Guy Menzies completó el primer vuelo en solitario cruzando el mar de Tasmania desde Australia. El viaje se desarrolló sin problemas, pero el aterrizaje fue desastroso, porque el avión cayó en un pantano y Menzies, al soltarse el cinturón de seguridad, dio de cabeza al barro. En la actualidad, la urbe es reconocida por su costa, idónea para pasear, la posibilidad de observar aves y pescar salmón y trucha.

Parque Nacional del Monte Cook
La agotadora caminata de cuatro días de Copland Pass por el Parque Nacional del Monte Cook, en la isla del Sur, puede considerarse una aventura irrepetible, aunque sólo puede realizarse si las condiciones meteorológicas lo permiten y si se efectúa junto a grupos bien preparados y experimentados o, en su defecto, en compañía de guías profesionales. El terreno pasa de glaciares y campos nevados a bosques tropicales y piscinas termales. El camino, a 2.150 m de altitud, está rodeado de picos de 3.000 m de altura. No está indicado para efectuar un paseo ligero y sólo está recomendado para profesionales con experiencia en el uso de hachas para hielo, garfios y equipos de orientación de alta montaña. Quien consigue cruzar este paso -dicen- entra a formar parte de un club de elite formado por aficionados a las grandes alturas.

Isla Stewart
La tercera isla más grande de Nueva Zelanda, Stewart, es internacionalmente conocida por la riqueza y variedad de sus aves; alberga tuis, periquitos, kakas y korimakos. El kiwi, una especie poco común tanto en la isla del Norte como en la del Sur, puede verse con bastante frecuencia en Stewart, especialmente en sus playas. En la parte septentrional de la isla existe una magnífica red de senderos y cabañas, mientras que el sur sufre un relativo olvido y aislamiento, y está escasamente desarrollado. Sus habitantes (menos de cuatrocientos en total) son robustos, taciturnos y, en general, desconfían de las personas procedentes de las islas principales.

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DEPORTES / ACTIVIDADES

El deporte nacional del país, que cuenta con el mayor número de aficionados, es el rugby, aunque también existe una gran afición por la vela ya que Nueva Zelanda es uno de los países que participa siempre en la Copa América de vela. Gracias a su extensa costa, Nueva Zelanda permite practicar numerosos deportes acuáticos como el submarinismo o el surf y en las zonas alpinas de montaña se puede practicar la escalada durante todo el año y el esquí en el invierno ya que es un país que cuenta con numerosas pistas de esquí.

También hay una variada oferta de ocio para los turistas que encontrarán numerosos teatros, cines y salas de conciertos, zoológicos, acuarios y parques de atracciones, donde pasar un buen rato.

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ESTUDIAR Y EMIGRAR

Exito Lingua® y Exito Mundi®, te pueden ayudar a estudiar o emigrar al exterior.

  • Para estudiar idiomas en Nueva Zelanda, visita Exito Lingua®

  • Para estudiar una carrera o emigrar, visita Exito Mundi®

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LIBROS

  • Mansfield, Katherine: Cuentos completos, Alba Editorial, Barcelona,1999

  • Diario 1910-1922, Parsifal Ediciones, Barcelona, 1994

  • Frame, Janet: Mona Minim y el olor del sol, Ediciones Siruela, Madrid, 1994

  • Duff, Alan: Guerreros de antaño, Editorial Seix Barral, Barcelona, 1999

  • Adams, Douglas: Mañana no estarán, Editorial Anagrama, Barcelona, 1994

  • Birkett, Dea: La serpiente en el paraíso, Alba Editorial, Barcelona, 1999

  • Twain, Mark: Viaje alrededor del mundo siguiendo el Ecuador. 1. Travesía Pacífico, Laertes de Ediciones, Barcelona, 1992

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