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Portugal

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Portugal
es uno de los destinos más económicos y fascinantes de Europa. Goza de
un rico pasado marinero, soberbias playas, melancólicos pueblos y
ciudades y un paisaje de olivos, viñedos y trigales. Cuatro décadas de
dictadura, entre 1926 y 1968, dejaron al país luso totalmente al margen
del progreso económico y de los centros de poder europeos; aunque ha
dedicado gran parte de los últimos veinte años a intentar avanzar desde
la periferia, forjando nuevos vínculos con el resto del continente
europeo, reestructurando su economía y esforzándose por mantener lo
mejor de su cultura nacional. La lucha entre tradición y modernidad aún
hoy continúa; mientras Portugal fluye hacia la corriente económica de la
Unión Europea, todavía parece mirar con nostalgia sobre su hombro y
allende los mares sus dominios de ultramar que incorporó al imperio en
el siglo XV, y que se extendían por África, Brasil, la India y el Lejano
Oriente.
Portugal se extiende justo al oeste de España y su costa oriental y
meridional está bañada por el océano Atlántico. Al oeste y suroeste de
Portugal se encuentran las islas Açores y Madeira, bien adentradas en el
Atlántico. Se trata de uno de los países más pequeños de Europa, con una
extensión de 560 km de Norte a Sur y de apenas 220 km de Este a Oeste.
Las regiones del norte y del centro tienen una alta densidad de
población y se caracterizan por sus ríos, valles, bosques y montañas -la
cordillera más imponente es la Serra da Estrela, cuyo pico más alto es
la Torre (1.993 m)-. El sur está menos poblado y, exceptuando el paisaje
rocoso del Algarve, sus tierras son mucho más llanas y áridas.
El frondoso paisaje del norte es rico en campos para la viticultura,
aunque también abunda el maíz, la patata y el centeno. Las regiones del
centro y del sur son menos fértiles, pero existen plantaciones de
cereales, olivos, viñedos, naranjos e higueras; en primavera, cuando los
almendros están en flor, el paisaje que ofrecen estas regiones es
sublime.
El clima de Portugal es templado. El país suele ser cálido entre abril y
octubre, aunque algo menos en el norte; mientras en la región del
Algarve, en el sur, pueden darse unas temperaturas elevadas en demasía a
mediados del verano. Durante el invierno, las lluvias son abundantes en
el norte, y las temperaturas pueden ser glaciales. En las montañas, la
nieve es habitual, especialmente en la Serra da Estrela.
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Nombre oficial: Portugal
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Superficie: 92.389 km²
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Población: 10.000.000
hab.
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Capital: Lisboa (808.000
hab.)
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Nacionalidades y etnias:
99% portugueses, 1% africanos
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Idioma: portugués
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Religión: 97% católicos,
2% protestantes, 1% otras religiones
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Régimen político:
república parlamentaria
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HISTORIA
La
historia de Portugal se forja a partir de la época de los celtas, que se
asentaron en la península Ibérica hacia el año 700 a.C. La región atrajo
enseguida a toda una serie de pueblos; por ella pasaron fenicios,
griegos, romanos y visigodos. En el siglo VIII, los árabes cruzaron el
Estrecho de Gibraltar y en su larga ocupación introdujeron su cultura,
arquitectura y técnicas agrícolas. Pero la resistencia a los árabes se
acentuó y, finalmente, fueron expulsados a lo largo del siglo XII.
En el siglo XV, Portugal entró en una fase de expansión, gracias a los
esfuerzos del príncipe Enrique el Navegante. Los marineros se hicieron a
la mar en busca de nuevas rutas comerciales y ayudaron a crear un
inmenso imperio que, en su época de esplendor, llegó a extenderse por
África, Brasil, la India, y el Lejano Oriente. Este período marcó el
apogeo de la riqueza y el poder portugueses, pero se desvaneció a
finales del siglo XVI, cuando Felipe II anexionó Portugal a España.
Aunque el reinado español duró solamente unas décadas, la gloria del
imperio declinó a lo largo de los siglos siguientes.
En noviembre de 1807, el ejército francés penetró en Lisboa y, gracias
al apoyo de Gran Bretaña a los portugueses, se retiraron nueve meses más
tarde. Durante el siglo XIX la economía se debilitó; el caos
generalizado condujo a la abolición de la monarquía en 1910 y a la
instauración de una república democrática.
La fase democrática de Portugal se mantuvo hasta 1926, fecha en que un
golpe militar marcó el comienzo de un largo período dictatorial bajo el
yugo de António de Oliveira Salazar. Su poder finalizó en 1968 tras
sufrir una lesión cerebral. Los intentos vanos por mantener las colonias
frente a los movimientos independentistas provocaron costosas guerras en
África y condujeron a la Revolución de los Claveles, un golpe militar
incruento que tuvo lugar el 25 de abril de 1974.
Durante los años setenta y principios de los ochenta, Portugal
experimentó algunos cambios dolorosos: el clima político vacilaba entre
la propiedad privada y la propiedad pública. La concesión de
independencia a las colonias portuguesas en África, entre 1974 y 1975,
tuvo como resultado un flujo de más de quinientos mil refugiados en el
país. La entrada en la Comunidad Europea (CE), en 1986, estabilizó en
cierta manera a la nación, posición que se consolidaría en 1999 gracias
a su admisión como miembro de la Unión Monetaria Europea. El último
territorio de ultramar de Portugal, Macau, pasó a manos de China en
1999. En octubre de ese mismo año, el Partido Socialista recuperó el
poder, a pesar de que su campaña se había visto afectada por los sucesos
acaecidos en Timor Oriental, donde el acceso a la independencia se vio
empañado con la muerte de centenares de personas. Jorge Fernando Branco
de Sampaio se mantuvo en la presidencia tras las elecciones
parlamentarias de enero de 2001.
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CULTURA
La
arquitectura portuguesa culmina en el desarrollo del estilo manuelino,
durante el siglo XVI, caracterizado por el exagerado empleo de
espirales, vueltas, curvas y motivos navales en su decoración. La forma
musical más conocida del país es el melancólico fado (canciones que,
según se cree, tienen su origen en las penas y suspiros de los marineros
del siglo XVI); en las zonas rurales aún se conservan las danzas del
folclore tradicional. La producción artesanal más impresionante es la
elaboración de azulejos, una técnica que los portugueses aprendieron de
los árabes. El origen de su rica tradición literaria se remonta también
al siglo XVI, con la publicación de obras del dramaturgo Gil Vicente y
el poeta Luís Vaz de Camões. Se considera que el mejor poeta y
dramaturgo del siglo XX es Fernando Pessoa.
La comida portuguesa es
económica, exquisita y de raciones abundantes. Entre los platos típicos,
se encuentran: las sardinhas assadas (sardinas asadas), los pastéis de
bacalhau (pastel de bacalao) y el caldo verde (una sopa a base de col y
patata). Los platos de pescado, como el linguado grelhado (lenguado a la
plancha) o el bife de atúm (filete de atún), también propios del país,
son realmente apetitosos. Todas estas especialidades gastronómicas se
pueden regar con los excelentes vinos portugueses (vinhos); el oporto es
la bebida que se identifica inevitablemente con Portugal.
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FIESTAS
En Portugal abundan las
romarias (romerías), las festas (fiestas) y las feiras (ferias). Estos
festejos son mayoritariamente religiosos y paralizan totalmente las
ciudades y pueblos. Estas celebraciones son más tradicionales y menos
turísticas en el norte del país. El Carnaval es uno de los mayores
acontecimientos; se caracteriza por las fiestas, los desfiles y las
máscaras. Durante la Semana Santa de Braga desfilan multitud de
procesiones llenas de colorido. La Festa de São João más impresionante
es la que se celebra en junio en Oporto, donde el gentío danza por las
calles. La Feira de São Martinho (Golegã; en noviembre) organiza
exhibiciones de caballos, concursos de equitación y corridas de toros.
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CLIMA
De clima templado, el
país luso puede disfrutarse especialmente entre los meses de abril a
octubre, época en la cual el tiempo es en general muy agradable; este
ambiente es la tónica general en el Algarve durante todo el año. Las
lluvias, presentes entre noviembre y marzo, son abundantes en el extremo
norte y en la Serra da Estrela, cordillera situada en el centro del
país. La temporada de esquí centra los meses de enero a marzo, pero
siempre es preferible en febrero. La mayor afluencia de turismo se
concentra entre mediados de junio y septiembre, exceptuando el Algarve,
donde el flujo turístico tan sólo desciende hacia finales de invierno.
El Carnaval y la Semana Santa se celebran con gran esplendor por todo el
país, de modo que es preferible plantear un viaje a Portugal para
cualquier otra época del año..
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DOCUMENTACION
& VISA
(FAVOR DE VERIFICAR LOS
REQUERIMIENTOS DE VISADO CON EL CONSULADO O EMBAJADA MAS CERCANA, NO
SOMOS RESPONSABLES DE LA INFORMACIÓN A CONTINUACIÓN)
Los miembros de la Unión
Europea y ciudadanos de Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva
Zelanda no necesitan visado. Entre los ciudadanos de los países
latinoamericanos, tan sólo los de Colombia y Perú necesitan visado para
viajar a Portugal. Para mas información
sobre visas, visite
www.portugal.gov.pt
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DINERO
La
moneda es el Euro
Relación aproximada de precios:
Comida:
-
Presupuesto bajo: entre 4
y 6 dólares
-
Presupuesto medio: entre
6 y 15 dólares
-
Presupuesto alto: a
partir de 15 dólares
Alojamiento
-
Presupuesto bajo: entre 7
y 25 dólares
-
Presupuesto medio: entre
25 y 60 dólares
-
Presupuesto alto: a
partir de 60 dólares
A
pesar de que los costes empiezan a ser más elevados a medida que
Portugal está alcanzando el nivel fiscal de la UE, aún sigue siendo uno
de los lugares más módicos para viajar en Europa. Con un presupuesto
mínimo, alojándose en hostales o en cámpings y con una dieta basada en
autoservicios, es posible viajar por unos veinte dólares por persona en
temporada alta. Si se opta por un alojamiento de precio reducido y por
comer ocasionalmente en restaurantes económicos, el coste diario rondará
los veinticinco dólares. Cuando se planifica con antelación un viaje
para dos, es posible obtener descuentos en temporada baja; comer y
dormir de manera aceptable puede suponerles unos sesenta y cinco
dólares. En las zonas apartadas del circuito turístico, los precios
descienden considerablemente.
Aunque es sencillo canjear los cheques de viaje y la tasa de un 1 por
ciento es mejor que la correspondiente al dinero en efectivo, éstos
tienen muy poco valor en Portugal, debido a las tarifas adicionales tan
elevadas con las que cuenta el país, que pueden ascender a más del 13
por ciento por un cheque de 100 dólares. La excepción la constituyen los
cheques de viaje de American Express, que se pueden cambiar sin
comisiones mediante agentes de Amex. Las tarjetas son una alternativa
más eficaz; hay cajeros automáticos en todos los centros turísticos,
donde es posible extraer dinero de cuentas de ahorro o corrientes.
Aunque se disponga de otros medios, es recomendable llevar siempre
dinero en efectivo, en dólares o libras.
Si uno ha quedado satisfecho con el servicio, es razonable dejar una
propina del 10 por ciento y si se trata de un aperitivo, basta con
alguna moneda suelta. Los taxistas esperan también un 10 por ciento del
precio del viaje. En los mercados, se puede regatear con un tono
amistoso, pero hay que tener en cuenta que los portugueses suelen ser
buenos negociantes. En temporada baja, el regateo puede ser útil para
obtener descuentos en el alojamiento
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DESPLAZAMIENTOS
Los vuelos nacionales son
caros y, dadas las cortas distancias, no merecen la pena. Los trenes son
mucho más baratos, aunque siempre es más rápido ir en autobús, sobre
todo mediante los servicios especiales que ofrece una serie de empresas
privadas entre las ciudades principales y el Algarve. Es importante
tener en cuenta que no se permiten las bicicletas en los trenes. Existen
numerosas agencias de alquiler de coches en Portugal; también es posible
alquilar bicicletas en algunas zonas turísticas. El transporte local se
compone de tranvías, autobuses y taxis; estos últimos abundan y son muy
baratos. Lisboa dispone de metro, actualmente en proceso de ampliación,
y algunos imponentes funiculares
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GASTRONOMÍA
Visitar Portugal es también deleitarse con los distintos sabores que la
cocina portuguesa ofrece. La región integra dos áreas de tradiciones
gastronómicas bien distintas: por una parte el litoral, donde predominan
los platos de pescado, y por otra parte el interior, donde se pueden
degustar los platos más típicos.
La
cocina portuguesa es asombrosamente sabrosa por la tradición importadora
del país. Especias como el jengibre, la pimienta o la canela y una gran
variedad de alimentos exóticos de Africa, América y Oriente se pueden
encontrar en los platos portugueses más tradicionales.
Indispensables
Una comida en Portugal siempre empieza por una sopa. De la provincia del
Miño procede el entrante más típico de la región, el caldo verde, una
sopa compuesta por col, patatas y que adornada con chorizo es
indispensable sobre todo en el norte del país.
Otra sopas características son la açorda de alhos (sopa de ajos), el
caldo de grelos (de verduras) y la canja de galinha, (caldo de gallina
con arroz). Con respecto a los guisos, el más tradicional es el cocido
portugués hecho con alubias, carne de cerdo, de vaca, y embutidos. Se
trata de un primer plato muy similar a la fabada asturiana.
Un paraíso de marisco y pescado
Dada la extensa costa de Portugal, una de las bases de su gastronomía es
el pescado y el marisco. El plato nacional es el bacalhau (bacalao), del
cual los portugueses dicen, que hay tantas maneras de cocinarlo como
días del año. Aún así, la receta más típica para prepararlo es cocido
con patatas y coles. En Nochebuena este plato se sirve en la mayoría de
los hogares portugueses.
Tampoco se pueden dejar de probar las deliciosas caldeiradas, que
elaboradas con distintos pescados, constituyen un buen ejemplo de la
tradición pesquera de este país. La sardina es protagonista en los
churrascos y fiestas al aire libre que se realizan en verano.
Con respecto a los mariscos y crustáceos podrá probarlos estofados y
cocinados con chorizo, beicon y hierbas. También son muy apetecibles los
pescados de río, como la lamprea con arroz, la trucha de la sierra de
Estrela o el sábalo en Ribatejo.
Para los que prefieren carne
Además de la gran variedad y las sabrosas recetas de pescado, en
Portugal la carne también goza de gran popularidad. Destacan el bife a
la portuguesa, cocinado con una salsa hecha con vino de Oporto, y sobre
todo el cabrito, que condimentado con multitud de especias es perfecto
para los paladares más exigentes. Los productos ahumados como el jamón,
el chorizo, el lomo y el salchichón, disfrutan también de una calidad
sobradamente reconocida.
Con respecto a la comida rápida las “francesinhas” son una modalidad muy
extendida en Portugal. Consiste en un sandwich relleno de múltiples
variantes como pueden ser carne, fiambre, verduras, y que está cubierto
con queso fundido y bañado en abundante salsa.
En las islas...
Si en vez de a la península decide viajar al archipiélago de las Azores
podrá disfrutar de sus famosos platos cocinados al vapor, en las grietas
de estas paradisiacas islas volcánicas. Además, allí tendrá la
oportunidad de comer pez espada, un pescado muy codiciado, que se
captura en las profundas aguas del Atlántico que rodean a las islas.
En cuanto a Madeira, todo aquel que la visite está obligado a probar la
espetada, una brocheta asada en parrilla y al fuego. Normalmente, la
carne está insertada con ramas de laurel "espetada de louro", que da a
la carne un gusto aromático. Otras especialidades de la isla es la
"carne em vinha de alhos", carne de cerdo adobada durante varios días en
una mezcla de vino, ajo, laurel y especias.
Y los postres
La confitería es igualmente rica y variada. De Alcácer destacan las
piñonatas y los pasteles de piñón. De Setúbal, los dulces de naranja,
los "eses" de Azeitão y las peras cocidas en vino moscatel de Palmela.
También son muy populares los bolos de mel, hechos con almíbar, caña de
azúcar, frutas y cubiertos de almendras.
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SALUD
Brasil cuenta con
excelentes servicios médicos, pero los tratamientos médicos son
costosos. Por lo mismo es preferible adquirir un seguro médico temporal
privado
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SEGURIDAD
¡Hay inseguridad
ciudadana! Le recomendamos de no salir solo y no llevar mucho dinero en
efectivo consigo.
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¿QUÉ VISITAR?
Lisboa
Lisboa, la capital, se alza a orillas del río Tajo. El bajo horizonte de
la ciudad, su ambiente sencillo y su agradable mezcla de estilos
arquitectónicos se combinan de tal forma que la convierten en la urbe
preferida por muchos visitantes. A pesar del esfuerzo requerido para
franquear sus colinas, es bastante sencillo orientarse en la ciudad, ya
que la mayoría de las actividades cotidianas se concentran en la parte
baja de la misma.
Uno de los atractivos más notables de Lisboa es el Mosteiro dos
Jerónimos, cuya construcción se inició aproximadamente en 1502 y culminó
hacia finales de siglo. Este edificio resistió el gran terremoto de 1755
y, actualmente, sigue siendo el ejemplo más claro de la arquitectura
manuelina lisbonesa. Cerca de allí se alza la Torre de Belém, monumento
de estilo manuelino situado sobre el río Tajo, probablemente el más
fotografiado de Portugal.
Lisboa cuenta con numerosos museos de interés, entre los que destacan el
Museu Nacional do Azulejo, que contiene una magnífica exposición de
azulejos decorativos; el Museu Nacional de Arte Antiga, que alberga la
colección nacional de obras de pintores portugueses; y el inmenso Museu
Calouste Gulbenkian, considerado el mejor de Portugal, con exposiciones
de pintura, escultura, alfombras, monedas y cerámicas de todo el mundo.
Otros puntos de interés son los barrios de Baixa y Alfama. Aquí se
pueden encontrar algunos de los lugares más antiguos y maravillosos de
la ciudad: una anarquía de calles empedradas, plazas y callejuelas que
alberga mercados y artesanos, edificios pintorescos y castillos.
Lisboa dispone de una amplia variedad de alojamientos y restaurantes a
buen precio, casi todos ellos en el centro de la ciudad. Ofrece al
visitante una animada vida nocturna, con bares de copas, discotecas,
locales donde bailar al ritmo del jazz y de la música africana o
turbarse con un fado. Los partidos de fútbol locales y las corridas de
toros son las mayores emociones para disfrutar durante el día.
Sintra
El pueblo de Sintra se extiende inmediatamente al noroeste de Lisboa;
durante mucho tiempo, fue el lugar de veraneo preferido de la realeza
portuguesa y de la nobleza inglesa (a Lord Byron le enloquecía). Aún hoy
conserva su atractivo, con su entorno densamente arbolado, sus
románticos jardines y su encantadora simplicidad. Unos cuantos palacios
y ruinas dominan la población; entre ellos, el Palácio Nacional de
Sintra, una interesante mezcla de arquitectura manuelina y gótica, y el
Palácio Nacional da Pena. Nada más salir de la ciudad, se encuentran los
laberínticos jardines Monserrate Gardens ; un poco más lejos, se halla
el Convento dos Capuchos, una diminuta ermita del siglo XVI escondida en
el bosque, con celdas excavadas en la roca y forradas de corcho.
Évora
El pueblo amurallado de Évora es una de las joyas arquitectónicas de
Portugal. Situado en un entorno de olivares, viñedos, trigales y flores
primaverales, es un lugar con mucho encanto, con callejuelas de sentido
único, tan estrechas que los espejos retrovisores de los coches corren
un gran peligro.
Su mayor punto de interés es la Praça do Giraldo, donde se encuentran la
catedral Sé, que cuenta con un museo de tesoros eclesiásticos, el Templo
Romano, y la Igreja de São Francisco, que alberga una macabra capilla de
osarios construida con los huesos y calaveras de miles de personas.
Lagos
Situado en la costa sur del Algarve, Lagos es uno de los complejos
turísticos más populares del país. Casi todos los viajeros se sienten
fascinados por sus soberbias playas; entre ellas, Meia Praia, una enorme
franja de arena hacia el este, y Praia do Pinhão, situada más al sur, en
una zona más aislada. Entre los servicios que facilita a los turistas
destaca el alquiler de bicicletas, ciclomotores y caballos, así como las
excursiones en barco desde el puerto. Además del sol y la arena, Lagos
cuenta con un interesante museo municipal, que presenta exposiciones de
tesoros eclesiásticos y artesanía.
Parque Nacional de Peneda Gerês
El parque natural situado en la zona más al norte de Portugal, cerca de
la frontera con España, ofrece un espectacular paisaje y una amplia
variedad de flora y fauna. Es extremadamente popular entre los
excursionistas portugueses ocasionales y los veraneantes, pero todos
ellos suelen permanecer en las principales zonas de acampada, dejando el
resto del territorio a los viajeros más experimentados. Peneda-Gerês
está repleto de pequeños caminos y de lugares donde nadar, practicar
equitación y alquilar una piragua.
Valle del Duero
Uno de los puntos más interesantes del paisaje portugués es el valle del
Duero; posee cerca de 200 km de llamativos y vastos panoramas que se
extienden desde la ciudad de Oporto hasta la frontera con España. En las
zonas más elevadas, los viñedos del famoso caldo luso, el oporto, se
despliegan a lo largo de las áridas laderas, interrumpidos únicamente
por la fortuita presencia de casas solariegas, de un blanco
deslumbrante. Las carreteras que avanzan con dificultad por los márgenes
del río Duero pueden estar abarrotadas de excursionistas ocasionales
procedentes de Oporto. Se han construido cinco presas y, actualmente, es
navegable en toda su longitud, permitiendo así los cruceros en barco,
una manera atractiva de empaparse de la atmósfera en el más absoluto de
los silencios.
Monchique
El tranquilo pueblo de montaña de Monchique, que dormita sobre las
laderas boscosas de la Serra de Monchique, ofrece una buena alternativa
al barullo de la costa. Aparte de la belleza y quietud de este
emplazamiento, otros de sus atractivos son la Igreja Matriz, que posee
un sorprendente pórtico en el que, si uno se acerca bien, puede observar
que las piedras están unidas entre sí. Nada más salir de la población se
encuentra el balneario de Caldas de Monchique ; también merece la pena
recorrer, en coche o a pie, el espeso bosque que conduce hasta Foia, el
techo del Algarve. Las vistas panorámicas desde la cima son realmente
increíbles.
Sagres
Este diminuto puerto de pesca ocupa la cumbre de unos espectaculares
acantilados azotados por el viento en el extremo suroeste de Portugal.
Su proximidad con Lagos hace que no esté totalmente desprovisto de
veraneantes, a pesar de que el puerto es aún un centro de astilleros y
pescadores de langosta. Según cuenta la leyenda, Enrique el Navegante
reunió un grupo de expertos para preparar a los exploradores que,
posteriormente, fundarían el inmenso imperio portugués. Cerca de allí
aparecen unas cautivantes playas y el árido cabo de São Vicente,
semejante a un trono y situado en el punto más al suroeste de Europa
continental.
Los alojamientos económicos consisten, principalmente, en habitaciones
privadas o en cámpings bien equipados. Sagres está a unos 30 km al oeste
de Lagos y un servicio frecuente de autobuses comunica ambas
poblaciones. Las comunicaciones directas con Évora y Lisboa con autocar
son más irregulares.
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DEPORTES / ACTIVIDADES
Los deportes acuáticos
como la natación, el buceo, el windsurf y la pesca mayor son muy
populares en la costa del Algarve, mientras que el surf se practica en
la costa occidental. Si se avisa con antelación, diversas organizaciones
pueden facilitar un fin de semana de canyoning (descenso de cañones de
las montañas) e hydrospeed (descenso de ríos sobre una pequeña tabla)
cerca de Oporto. La zona más al sur de Portugal está provista de
numerosos campos de golf donde se organizan importantes torneos. En las
regiones de la Serra da Estrela y de Peneda-Gerês también se puede
practicar la bicicleta de montaña, el senderismo y el excursiones en
pony.
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ESTUDIAR Y EMIGRAR
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LIBROS
-
Camões, Luís de: Los
Lusíadas, Editorial Planeta-De Agostini, Barcelona, 1997.
-
Pessoa, Fernando:
Poemas escogidos, Plaza & Janés Editores, Barcelona, 1991.
-
Namora, Fernando:
Escenas de la vida de un médico, Noguer y Caralt Editores, Barcelona,
1976.
-
Eça de Queirós, José
Maria: Los maia, Editorial Pre-Textos, Valencia, 2000.
-
Pires, José Cardoso:
Balada de la playa de los perros, Editorial Seix Barral, Barcelona,
1984.
-
Saramago, José: Viaje a
Portugal, Bibliotex, Barcelona, 1999.
-
Munzer, Jerónimo: Viaje
por España y Portugal, Ediciones Polifemo, Madrid, 1991.
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